Tarde de menos a más en Mérida

Diego Silveti.
Diego Silveti. Foto Twitter.

Diego Silveti corta una oreja en inicio de la temporada.

Por Gaspar Silveira Malaver.

La primera idea que viene a la mente cuando hablamos de toros es que, como a la vida misma, hay que poderle. Y sí, reiterativo, poderle.

La corrida pudo haber caído en un entrampado circunstancial. Pero la tarde inaugural de la temporada en la Plaza Mérida salió del cuesta abajo con un cuesta arriba que hizo que la expectativa siguiera.

Una oreja cortada por un Diego Silveti con ese orgullo torero que alimenta una dinastía de prosapia, ante un toro de bandera, de Marco Garfias, saldó, y salvó, una tarde complicada. Una corrida que se caía. Y se levantó.

¿Por qué se levantó?

Porque era más probable, y posible, echarla para atrás cuando Andy Cartagena anunció que no podía cumplir su compromiso. Acháquele usted faltas a lo que quiera, menos al ímpetu de los dos toreros mexicanos de a pie y a quienes organizaron la tarde.

Y todo pa’lante.

Dos toros fueron de alta nota, “Recuerdo”, de Garfias, al que Silveti pudo desorejar si acierta con el acero. Una sinergia de toro y torero. No vea usted los largos naturales que el hijo del “Rey “ le extrajo al ahijado de Marco Garfias. Las bernardinas que cerraron la faena fueron de querer para poder. En estrecho margen de terreno, donde pocos se ponen.

Más que justa la oreja. Porque había que poderle. Y, decía Pepe Alameda en su “Crónica de Sangre”, querer es poder. Enorme paso de un verbo al otro.

Con madera

El segundo toro bueno de la tarde fue “Bienteveo”, de “La Antigua”, salvando a sus demás hermanos que fueron el lunar. El potosino Jorge Hernández estuvo aseado. No es un improvisado y tiene su cartel, pero a veces las cosas no funcionan como uno quiere. Por algo dicen que “hay que ir a todas las corridas”, ya sea a torear cuando tienes compromiso que cumplir, o en la vida cuando debes afrontar un reto.

Quizá de allí pueda sacarse la conclusión del valor de cada gota del sudor que regó Gerardo Adame ante dos ejemplares que le pidieron las credenciales. Nada de peritas en dulce, ni nada de menospreciarse en ese vestido de torear. Le intentó, le porfió y no tuvo fortuna. Es un torero que, por no torear, seguido, ha estado olvidado. Pero es un diestro al que, con toros y tiempo, puede estar en otro nivel.

Así pues, la tarde que iba cuesta abajo se saldó con expectación. No fue quizá la triunfal que muchos hubieran querido. Pero, había que ir adelante. Y se logró, con o sin el resultado esperado.

Publicado en Yucatán.com

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