José María Hermosillo: el talento no recompensado

Así de rotundo, firme y rota la cintura, José María Hermosillo manda sobre la embestida de “Campeador”. A la casta del novillo de San Antonio de Padua se opone el mando del torero. FOTO: Toca.

Me queda claro, una vez más, es que en este país de enchufes y grupos de interés somos grandes especialistas en cerrarle las puertas al talento. Qué desalentador es esto.

Por Román Revueltas Reyes.

Escribo hoy sobre un tema que provoca fuertes polémicas y que, en una sociedad no sólo cada vez más sensibilizada al tema del maltrato animal —y otras causas obligadamente justas y elevadas— sino llevada también a una corrección política tan agobiante que podemos ya casi equipararla a la censura pura y simple, no es posible siquiera abordarlo sin recibir carretadas de insultos, denuestos y descalificaciones..

O sea, que incursiono en lo de los toros, estimados lectores, y esto, luego de haber apenas tocado el asunto una sola vez, tras haber disfrutado una corrida, hace ya un par de años, en la antigua plaza de San Marcos, en Aguascalientes, ciudad taurina donde pueda haberlas.

Una tarde deliciosa que fue aquella, en el ambiente único de un ruedo pequeño abarrotado de aficionados conocedores, amantes de ese arte en vías de desaparición que es la tauromaquia. Y, bueno, no aparecían grandes figuras en el cartel porque era la temporada de novilleros y, justamente por ello, tenía lugar en la histórica plaza del centro de la ciudad en vez de celebrarse en la Monumental, más nueva y más grande pero sin el encanto de la de siempre.

Me he jactado, con mis amigos taurinos, de haber descubierto en esa ocasión a un joven torero con maneras de verdadera figura y de haberle dedicado aquí todo un artículo, como ahora se lo menciono a ustedes. José María Hermosillo se llama y, de verdad que, en un momento de nuestra fiesta donde pareciera no haber demasiadas promesas, pudiera ser él uno de los grandes.

Maneras tiene, lo repito: temple, prestancia, arrestos y oficio bien aprendido. Ah, pero hay algo: no ha alcanzado, este muchacho tan supremamente dotado, el beneficio de tomar la alternativa para dar el gran paso y alcanzar la categoría de matador.

Me gusta la fiesta brava y mi propio padre, que terminó siendo escritor, quiso en algún momento de su vida ser torero. Sin embargo, desconozco totalmente cómo se manejan las cosas e ignoro igualmente quién, o quiénes, reparten los premios, merecidos o no, en el medio taurino. Lo que sí me queda claro, una vez más, es que en este país de enchufes y grupos de interés somos grandes especialistas en cerrarle las puertas al talento. Qué desalentador es esto.

Publicado en Milenio

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