LXXIII Aniversario: Martes de Plaza – Barata en La México.

Verticalidad y compás, todo el derechazo de Enrique Ponce brilla ante el embate del cárdeno de Los Encinos.

El LXXIII Aniversario encuentra, como hacía un tiempo no ocurría, una corrida que responde, dentro de su propio contraste, en el juego. Claro, en la Plaza México hay tal necesidad, casi una megalomanía, de exagerar las cosas que la Autoridad liga un segundo petardo al abaratar las orejas y dar una sobre dimensión a los hechos taurinos. Interesante y contrastante corrida de Los Encinos que hace notar el agotamiento de Pablo Hermoso de Mendoza, el camino a la reivindicación de Enrique Ponce y la distancia diametral de los diestros mexicanos donde Sergio Flores destaca por su entrega mientras que, circunstancialmente, Luis David encuentra un triunfo a golpes donde muestra el estancamiento de su toreo.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Se homenajea a diversos maestros de la literatura y el pensamiento taurino, nombrando con sus apelativos a los ocho ejemplares de los encinos que se corren en el Aniversario de la Monumental. Otro 5 de Febrero que pasa a la historia por tantas orejas y una salida a hombros múltiple que pasamos a contar y analizar aquí.

Los hechos taurinos se dislocan ya que, si pensábamos que no había podido haber cosa peor que el juicio de Jorge Ramos ayer, el Juez Braun ha dicho, aquí falto yo.

Pero no aplica la de Jesús Morales, él cita a Facundo Arroyo, el viejo Juez de Texcoco.

El pañuelo más rápido del Oriente.

A Fernando Braun el ganadero de Los Encinos le hace un favor al enviar para los de a pie una corrida seria en lo general, con la excepción de las cabezas de cuarto y sexto, que le evita el molesto trámite de aplicar la Ley y su norma reglamentaria pero como este señor no tiene los tamaños para echar atrás al quinto, terriblemente anovillado y peor que el de Ventura ayer, el ganadero cuela el segundo de rejones que por su infame presencia mancha la, de por sí, pretenciosa salida a hombros.

Esto pasa porque Hermoso de Mendoza, después del tanque de oxígeno de la primera de Aniversario, se las ve con un toro importante, el primero, cárdeno, serio de cuerpo y por delante, así como con la frialdad y la distancia de la Monumental. Pero para eso el navarro es un maestro, encuentra perfectamente la manera de encelar de llevar cosido a la cabalgadura, al hilo de las tablas al que abre plaza, de alternar terrenos cuando parece su tranco vacilar y clavar con su consabido sitio.

Solo que el toro afloja al final y el tiempo no perdona.

Hermoso se percibe como se nota la diferencia entre Glenn Miller y Bill Halley o la evolución entre de Durero y posteriormente Rembrandt. O como él mismo hace veinte años respecto de Moura. Nada le quita el arte, la maestría, pero hay algo que permite percibirle ya como el antecedente del rejoneo de hoy. Así pasa en el arte. Y como Ventura pega el petardo ayer, Pablo vuelve a acercarse con esta faena, donde destaca clavando igualmente pero que no remata, a la altura pensada por el propio caballero, un histórico en esta plaza.

Una oreja corta ante el impresentable quinto, con voluntad en la embestida, cierto nervio que Hermoso exprime y vuelve a mostrarse en maestro pero sin el asombro de otros tiempos. Veremos si el propio tiempo de Pablo muestra una última sorpresa.

Es el tiempo, igualmente, el que parece detener Enrique Ponce.

Debe una explicación sincera a la Afición.

Y la mejor que puede dar es llegar con el toro por delante, lo que no han entendido Ponce ni su entorno todo este tiempo. Este segundo cumple con la presencia, representa el mínimo que toda figura debe enfrentar en La México. Pero se nota que el de Los Encinos no está sobrado de fuerza, lancea Ponce de recibo y tras el puyazo donde el burel acude, el delantal cumple su función, sujeta y manda aliviando un poco la embestida del toro que tiene a la cara alta. Ponce no pierde el tiempo y pese a las complicaciones en la brega sabe que el burel requiere la combinación precisa de mando y sutileza.

Por ello, los doblones con la diestra ordenan, buscan que el mando se envuelva en hierro y en seda. Así, en el tercio frente a la contraporran deja el valenciano al cárdeno veleto de blancas astas y negras puntas, fijo en su engaño.

Entonces, la medicina, la claridad de ideas llega con los derechazos de sobrada amplitud por fuera de las rayas.

Y su remate exacto, el cambio de mano por bajo donde Ponce, en una de sus especialidades, acentúa la despaciosidad.

Este toro acaba homenajeado por Usía, que no observa que la verticalidad y el aguante, más el temple, logran hacer que el astado no afloje su casta y la medida raza que tiene, pues se asoma la sospecha de la cara alta y la falta de celo. Para ello, Ponce remata la última tanda con doble pase de pecho donde desahoga y fuerza a la vez para preparar el trazo al natural quitando y poniendo en la cara la muleta, ubicado él en la distancia que no estorbe al cárdeno, donde no su tranco no se inhiba y la muleta sea la invitación a tomar el engaño y del que Ponce tira largo y liga el natural.

Cuando quiere caer en la chabacanería de mirar al tendido la gente le devuelve hacía el astado que lo piensa mucho y tiende a espiar, en el tercio frente a la querencia. Entonces Enrique Ponce, a pesar de perder la muleta en el remate anterior, cuaja una tanda de emoción plena que inicia con vitolina y los derechazos donde el toro resiente el efecto del temple y, cuando frena, en el cite contrario con la derecha, Ponce le pierde la cara justo mirando al tendido en lo que parece una distracción pero que se resuelve cuando casi intuitivamente, al momento en que se arranca el toro a la muleta, completa el cambio de mano abajo.

En momento sensacional.

Luego se atropellaría al no ganar un paso entre cada derechazo de la siguiente tanda.

Pero para eso está el toreo por bajo. Recuerdo a Don Dificultades, en su célebre artículo de “Revista de Revistas”, “El Toreo de Rodillas”. Lo rescató Lalo Cuevas en el 2000 y en el XV Aniversario de la partida de esa frustrada esperanza taurina, célebre empresario, traemos a colación los comentarios de Jímenez Latapí respecto del natural rodilla entierra de Lorenzo Garza, donde “los  tiempos de la suerte se marcan y a la mitad de ella el diestro no puede enmendar, entrega prácticamente el corazón al toro”

Para muchos será literatura.

Para nosotros, no lo es.

Por ello, cuando Ponce tira del circular genuflexo, domina al astado, logra que se olvide de rajarse o salir con la cara alta y para cuando el cambio de mano llega el dominio es total. Pena grande que haya sido desarmado de nuevo en el intento de toreo doblón de final restando a la faena la pulcritud que ha logrado y obtenido en la cadencia evitando el cese de la raza a partir del temple.

Tres cuartos de acero en lo alto, dobla el toro.

Una oreja basta, pero se adelanta el tiangüis de los jueves de la calle de Carolina. En martes, como fue la Corrida Inaugural en 1946, se instala la vendimia.

Braun da la segunda oreja y abarata la categoría.

Pero Ponce aun contestaría con una lección al cornicorto, bien cortado, sexto. Un manso de libro, que evita los caballos en ambos terrenos, y al que impide que se le pique más allá del sitio del picador en la contraquerencia en un todo gesto de director de lidia. Los doblones iniciales al irredento son sensacionales, le corrige la vuelta contraria consigue que el acobardado toro doble contrario y aun se da a ligar derechazos y, pese no obtener ligazón al natural, da la dosantina y prosigue con los circulares que cortan de tajo la salida al manso.

Pincha pero le hacen dar la vuelta al ruedo.

Será la reconciliación que… veremos. Solo lo sabremos en la siguiente Temporada.

La responsabilidad entonces recae en Sergio Flores y se encuentra un toro muy acorde a su estilo, Flores sale a emocionar pero no son pocas las veces que se observa rebasado en momentos por un toro que sale a no dejarse y a apretarse y que se va por ese hueco que deja con la mano derecha entre torero y muleta. En toma y daca, Flores no termina por atemperar a este interesantísimo burel que da la impresión poder más que el tlaxcalteca.

Que mata por lo alto y, claro, la duda ofende, corta una oreja.

Pero en descargo, en honor a la verdad, le planta cara al mejor toro de la corrida.

Con el lote más serio en presencia que representa además una doble opción de triunfo, Flores se supera a sí mismo con el penúltimo de la función, un toro de nota alta, serio y noble, bravo y de espléndida embestida y al que aprovecha por ambos pitones. Únicamente esa ansia desbordada, esa ambición desmedida de querer avasallar impide que observemos no el virtuosismo que le conocemos sino ese pozo de madurez que debe poco a poco brotar.

Por ejemplo, liga los derechazos una tanda que crece conforme se hilvanan hasta seis en un momento de tremenda emoción, puede llegar el séptimo que cambia por arrucina o capetillina o el autojaleo que en tarde de baratas enciende el tendido pero que, en realidad, no corresponde a la categoría del torero y de su toreo.

Que vuelve a encontrar otro buen espadazo.

Y la salida a hombros.

Luis David es el mejor ejemplo de pleno atorón.

No sabe qué ser, no explota sus virtudes de ritmo y cadencia. El torea para cortar orejas, sus mejores virtudes es el abrazo, el empujón y el arrimón, la mecanizada concepción de lances y pases, como esas gaoneras, inexplicables, de recibo o esos telonazos circulares que solo gustan al ala más nueva del novillamelonaje, como diría Don Juan Pellicer Cámara. Por ello, la paliza que recibe del feo cuarto que salía con la cara alta, es la muestra de un torero que se deja llevar hasta donde la corriente o lo corriente diga.

Sin mandar ni en el toro ni en su destino.

Dos orejas sin otro fundamento que la exacerbada necesidad de premiar.

O el ayuno de historia, de formar una nueva. Cosa que ante el terrible octavo tampoco consigue el hidrocálido.

La exageración llega al colmo con el ganadero, sabrá Dios por qué, en hombros.

Ahora a esperar todo un año para saber si algo de lo ocurrido hoy abona en el futuro reciente.

Que sea para bien.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2018-2019. Martes, Febrero 5. Corrida del LXXIII Aniversario de la Monumental. Más de Media Plaza en tarde fresca de clima sumamente agradable. Ambiente fuera de la plaza y gente guapa en el tendido, tráfico terrible. Palco con absoluta concesión y pésima valoración al momento de premiar.

8 Toros, 8 de Los Encinos (Divisa Verde, Azul y Rosa) primero y cuarto para la lidia de rejones. Desigual considerando el trapío de los corridos en cuarto, tercero y quinto turnos, principalmente por la cabeza. El cuarto, segundo para el Rejoneador, impresentable, no debió ser ni siquiera reseñado. Con bravura y casta el que abre plaza, bajó al final. Noble aunque corto de raza el segundo además flojo, precioso cárdeno claro, homenajeado con exagerado Arrastre Lento. Bravo al caballo y encastado en la muleta el tercero, negro y serio de cabeza. Soso y sin atender a la muleta el cuarto, cornicorto y alto. El impresentable quinto resulta noble pero con cierta emoción a la lidia, no obstante es indebidamente homenajeado con el Arrastre Lento. Manso de escándalo el sexto, bien hecho, chico y discreto de cara, cuatro intentos en el caballo y en todos busca la forma de escapar, pese a un momento de casta termina rajado y al abrigo de las tablas. Espléndido de nota importante el séptimo, número 11 de 523 kilogramos, nombrado “Wolff” con temple y recorrido completo por ambos pitones, debió ser homenajeado. Terrible el octavo por manso y soso pese a su seriedad.

 La Autoridad equivoca al premiar con exceso a los tres espadas y exagerar en el homenaje al segundo y el quinto, en todo caso debió homenajear al séptimo.

El Rejoneador Hermoso de Mendoza Silencio y Oreja. Enrique Ponce (Turquesa y Oro) Dos Orejas y Vuelta. Sergio Flores (Botella y Oro) Oreja y Oreja. Luis David (Marino y Oro) Dos Orejas con Protestas y Silencio.

Los tres espadas y el Ganadero salieron a hombros.

Mal las cuadrillas en diversos momentos de la lidia, por ejemplo, en el segundo tercio del sexto turno, un manso al que no alcanzan a banderillear correctamente. Destaca en el tercio de banderillas del quinto para saludar posteriormente, Fernando García.

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