Aguascalientes: Héctor Gutiérrez pago el boleto

Héctor Gutierrez. Foto Tauro Nota Twitter.

Por Sergio Martín del Campo R.

El generoso, aguantador y pagador público provocó un lleno en los escaños del rancio edificio taurómaco del barrio de San Marcos en la capital de las aguas cálidas. Esto para ser testigo de la primera función menor del serial novilleril que hace de preámbulo a la serie abrileña.

Si el costo de los boletos fue incrementado al doble, fue por el debut en Aguascalientes de Guillermo Hermoso de Mendoza, que al salir por el portón de cuadrillas para abandonar el sitio, al sumar cuentas dejó sus números en rojo, quedando a deber a la muchedumbre. Quien se responsabilizó de compensar el precio de las entradas fue un joven aguascalentense, un soñador mexicano con afición, entrega y hambre de éxito. Este es Héctor Gutiérrez, novillero que incluso pudo haber empuñado el de cerdas de su segundo de no ser por el mal empleo del alfanje.

Mientras tanto, formado en Europa y con siete festejos con caballos en su currículum, se presentó, más bien de manera opaca, ante sus paisanos Alejandro Adame. Su campo emocional parece estar envuelto en una película de frialdad.

La fiesta brava tiene varios enemigos dentro de su casa; dos de ellos son rabiosos y enconados: Javier Bernaldo y los Herederos de Teófilo Gómez.

Del primer patrón soltaron dos novillos bien presentados –raro en él-, pero, claro, mansos hasta el hartazgo; esto para el debut aguascalentense de Guillermo Hermoso de Mendoza quien, se ve, ha seguido los vicios bien conocidos de su famoso padre. Del segundo salió un séptimo de regalo, y al hacerlo se dejaron sentir las inconformidades de la parroquia, dada la falta de trapío del rumiante.

Mientras tanto Xajay desembarcó cuatro novillos finos, con trapío y cuajo, de los cuales destacó el jugado en el turno de honor y que mereció el halago del arrastre lento.

El joven équite Guillermo Hermoso de Mendoza (al tercio con división y división) presumió su oficio y dominio de la profesión, y sin la menor fatiga, tanto como la mansedumbre del antagonista se lo dispensó, cuajó un alarde y una muestra de lo que es montar técnica y artísticamente correcto. El torear a caballo será otra cosa, como el burlar las embestidas de una res con casta y codicia, no el exhibir los distintos aires ante un bóvido de mansedumbre formidable al que tomó por clavijero y al que despachó de manera eficaz.

Su segundo, igualmente, se encajó de inmediato en la superficie solo al salir al anillo, haciendo honor a su mala y aburrida estirpe. Sin dejar de anotar el oficio antes señalado, el contacto con el cotarro fue más bien frio. Solamente logró animar algo a la clientela con dos cortas y un par a dos manos. El toro manso jamás provocará emoción. En contrapartida de cuando mató a su primero, al empuñar la “hoja de peral” en ese cuarto se observó incorrecto.

Un luminoso prefacio capotero que hizo atronar los primeros coros el ole, lo que llegaría cuando armó la sarga Héctor Gutiérrez (silencio tras aviso y oreja). Asentó que en él hay todo un torero con arte, clase y oficio, ganándole la batalla, y sin dejar desmoronarse el tipo, a un bóvido que, si de inicio embistió franco, acabó revolviéndose sobre los remos delanteros y rajándose, pero que fue vencido con plausible lidia, quedando el ejecutor de ella muy por arriba del tresañero al que mató de media estocada al segundo viaje y un certero golpe con el arma corta.

Lentas, armónicas y con plena manifestación plástica le resultaron las verónicas en su segundo, superándose luego al rubricarlas soltando un extremo del engaño y derramando sentimiento hondamente mexicano. Posterior a su variado, nítido y bien hecho quite llegó la gran faena, como correspondía al bello ejemplar de embestidas diáfanas y sin resabios que estuvo siempre atento a la pañosa, la cual en todo momento fue manejada con arte, clase, recursos y torería. Notado trasteo que merecía mejor corolario pero que fue mancillado al emplear el alfanje, asunto desafortunado que le privó de presumir en su puño el rabo del adversario.

Variado se desenvolvió con el capote al recibir a su primero Alejandro Adame (división, silencio y palmas tibias en el de obsequio). Aquel fue un bicorne tardo, de modesta raza, empero que le permitió declarar su clase, oficio y escuela durante una faena seria, sobria, pero de poco matiz y, por consecuencia, de escasa repercusión en los tendidos. El pasaje lo acabó de una estocada de efectos mortales tardíos y certero descabello, antecedidos de un par de pinchazos.

Su segundo jamás se entregó al centro de la muleta y armó una serie de complejidades. Sin mayores adjetivos, el hermano menor de los matadores Adame los descifró mostrando escuela y conocimientos técnicos con los engaños, aunque de cuenta nueva se dejó sentir pésimo con el arma.

Inconforme con lo poco logrado regaló un séptimo, del cual hubimos de soportar su recia mansedumbre, mayor característica del criadero de Teófilo Gómez, que era de donde procedió.

Animoso estuvo con él, pero solamente pudo manifestar destellos de poca trascendencia. Tras un pinchazo, una estocada y un descabello se bajó el telón a la primera tarde de la campaña.

Fuente: Noticiero Taurino Mexicano

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