Es lo que digo yo: Las “espantás” de siempre

Así, presa del pánico, el novillero Cristian Hernández se negó a retomar la faena de su presentación en La Plaza México y tras una larga charla con la autoridad, se colocó en mitad de la plaza, se arrancó la coleta y se despidió del público para siempre. Sin embargo, como incumplió su contrato, fue arrestado por la policía.

Estudiadas por Corrochano, las “espantás” tenían su origen en un miedo insuperable que se adueñaba del torero cuando, en el ir y venir una faena, perdía la cara de los toros: “Perder la cara del toro es perder de vista el peligro, y el recurso era alejarse del peligro con terror” – Ignacio Ruiz Quintano.

Toreaba Rafael el “Gallo” en Madrid. En su primer toro hizo, además de su conocida “espantá”, una de las peores faenas de su vida torera. Llovieron almohadillas, y el público se hartó de gritarle.

Cuando el “Gallo” decaído por su suerte, volvió junto a la barrera, Vicente Pastor, que lo apreciaba mucho, se creyó obligado a consolarle. Y así, le dijo, con tal fin:

– ¡Hay que ver cómo está el público esta tarde, Rafael!

A lo que el “Gallo” le respondió con viveza:

– Para vosotros, colosal. ¡Ya los he “dejao” a “tos” roncos”

Por Luis Cuesta – De SOL y SOMBRA.

En la vida hay de espantás a espantás en todos los ambientes ya sean taurinos, políticos, deportivos o sociales por citar algunos ejemplos. En el toreo las espantás mas frecuentes por antonomasia han sido las de Rafael Gómez “El Gallo”. Luego las han practicado esporádicamente los Cagancho, Curro Romero y Rafael de Paula. 

Eran famosas las de Cagancho; incluso se le escribieron letrillas en los carnavales de Cádiz:

“y parece mentira que, pa coger a un Cagancho faltó cuatro regimientos y un batallón de guardias de asalto”. 

Históricas eran las broncas de Curro Romero que poseía una especial cualidad para armar alborotos y polémicas. El público acudía a las plazas deseoso de abroncarle o de aclamarle según, si le daba por una de sus «faenas» en cuclillas, quitándole al toro las moscas, o le daba por quedarse quieto, la figura erguida, con singular empaque, llevando al toro, muy lento. ¿Cómo estuvo Curro? preguntaban algunos después de cada festejo del maestro, pues estuvo en su línea era la mejor respuesta; es decir dividió al público en aclamadores y reventadores, pero oiga usted ¡Es un mérito despertar estas pasiones más allá de las orejas!

En México también fueron celebres las broncas del Luis Castro “El Soldado” a quien el mismísimo Rafael El Gallo, le confirmó un 12 de mayo la alternativa en la Monumental de Las Ventas de Madrid, con toros de Clairac, y como testigo Marcial Lalanda, quien en esos días ya empezaba a concebir el boicot contra los toreros mexicanos.

“El Soldado” armó broncas tremendas, entre ellas las del 11 de enero de 1942 con el toro “Corvejón” de San Diego de los Padres. Una bronca sin precedentes y uno de los líos más imponentes que se hayan registrado en la historia de la fiesta brava en la capital. Dicen los cronistas de esa época que la gente se lo quería comer vivo.

Al domingo siguiente armó la grande pidiéndole, ante el azoro generalizado, un cojín a un espectador. Uno de los muchos que le arrojaron una semana antes, y que inundaron el ruedo de El Toreo. Cuando tuvo la almohadilla; “El Soldado” la colocó en la arena, se paro en ella e inició la faena con unos ayudados por alto suficientes para reconciliarse con el público. Eso era tener sello y personalidad. Algo que añoramos en la mayoría de nuestros toreros en la actualidad.

Lorenzo Garza era otro torero célebre por su carácter explosivo que le hizo tener no únicamente grandes actuaciones, sino también protagonizar grandes broncas, lo que le valió el apodo de “El Ave de las Tempestades”.

La última gran espantada que yo recuerdo la dio Cristian Hernández, un novillero mexicano que salió huyendo de la Monumental Plaza México asustado por un novillo en la temporada del 2010. Las imágenes de la espantada se hicieron vírales en un mundo que todavía no conocía en plenitud las redes sociales y todo el mundo lo vio cortarse la coleta en mitad del ruedo.

Hoy todo ha cambiado, las espantadas y las broncas ahora se dan más en los escritorios que en los ruedos, porque lamentablemente en el toreo moderno ya no se arreglan con el toro de testigo.

Es lo que digo yo.

Twitter @LuisCuesta_

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