“En Francia, hasta un 40% del público de corridas de toros es femenino”: Francis Wolff

“Nadie tiene derecho a matar a un animal sin jugarse en ello la propia vida”. La frase, desafiante, es una de las muchas que se oyen en un documental políticamente incorrecto llamado, “Un filósofo en la arena”, de Aarón Fernández y Jesús Muñoz. El protagonista es, Francis Wolff, profesor emérito de la École Normale Supérieure de Paris, gran melómano y confeso defensor de la tauromaquia.

Dialogamos con él.

¿Cómo se aficionó usted a los toros?

Por casualidad. Tenía 18 años, iba haciendo dedo con un amigo cuando nos detuvimos en la Feria de Pentecostés de Nimes. ¿Qué es esto?, me pregunté. Recuerdo que fue una corrida malísima, interrumpida a cada rato por la lluvia, pero me encantó; era algo surrealista en el mundo moderno. Poco después vi una corrida espectacular, ahí me aficioné por completo. De hecho, las corridas de toros no se parecen a nada, en los diarios no saben si ponerlas junto a Espectáculos, Deportes, Cultura, o qué.

Mencionó Nimes. Poco sabemos del toreo en Francia.

Está prohibido, menos en los diez departamentos que mantienen ininterrumpidamente la tradición. Para muchos es una forma de resistencia regional contra el centralismo parisiense. Existe la Union des Villes Taurines de France, que no depende de ningún ministerio, lo cual es una ventaja. Y hay buenos toreros, como Sebastián Castella, de Béziers, y Jean Baptiste Jalabert, que ha salido en hombros de Madrid. El mejor era Nimeño Segundo (Cristian Montcouquiol, el hermano era el Nimeño Primero), hasta que quedó malherido por la cornada de un toro miura, y se suicidó. Es como decía el doctor Ramón Vila, cirujano taurino de Sevilla: “El torero no teme la muerte. Lo que teme es quedar inutilizado para ejercer nuevamente su arte”. También está Lea Vicens, de Nimes, rejoneadora.

Al respecto, es llamativa la cantidad de mujeres que hay en el documental, ganaderas, estudiosas, inclusive toreras.

En Francia, hasta un 40% del público de corridas de toros es femenino. La primera que aparece en la película es Charlotte Yonnet, criadora de Camargue, bonita, sensible, es evidente el amor que tiene por su ganado. La primera torera de peso fue la peruana Conchita Cintrón, “la diosa rubia del toreo”, a fines de los 40. Ahora hay varias, quizá no muy buenas pero razonables. Hasta hace poco estaba Cristina Sánchez, que ahora es crítica taurina. Muchos se negaban a torear con ella porque era mujer. Pero eso ha ido cambiando.

Justo cuando la tauromaquia parece condenada.

En España está pasando un mal momento por razones políticas. También están los animalistas, y los llamados progresistas. Se mantiene bien en Francia, México y Perú. Está volviendo a Colombia, sigue en el interior venezolano, y con otras formas en Ecuador y Portugal, donde no matan al toro en público, pero lo dejan agonizando y lo matan tras bastidores, lo que es una hipocresía típica de estos tiempos. ¿Qué preferimos? ¿Animales criados en jaulas y muertos en mataderos, sin que los veamos? El toro puede luchar hasta morir de pie, en la arena, y a veces, por su bravura, hasta puede ser indultado y seguir sus días como semental. Y si muere será por el esfuerzo valeroso, bonito, del torero, que también se ha jugado la vida.

En “Un filósofo en la arena” lo acompañan Vargas Llosa, Catherine Millet, Claude Lanzman, mucha gente de peso.

También invitamos a Pedro Almodóvar, que hizo “Matador” y “Hable con ella”. Cuando la Movida Madrileña estaba muy de moda ir a los toros. Pero ahora no quiere hablar del tema.

Publicado en Ambito

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