Otro Manuel Caballero en los ruedos

Manuel Caballero hijo, durante su actuación en la clase práctica del pasado sábado. – Foto: J. Alvarado.

El hijo de uno de los toreros más importantes que dio la ciudad mató su primer novillo en las clases prácticas de la Escuela Taurina.

Por Pedro Belmonte.

El pasado sábado, durante las clases prácticas que se vienen celebrando en la plaza de toros de Albacete, le llegó el turno a un alumno de la escuela seguramente algo especial, ya que el solo nombre lo aclara todo, Manuel Caballero, hijo del matador de toros de nuestra ciudad del mismo nombre, quien forma parte de la historia taurina de Albacete, historia ésta escrita con letras de oro, pues no en vano ha sido uno de los toreros importantes de nuestra ciudad y del panorama taurino mundial.

Era el primer novillo que mataba en su vida y la responsabilidad por llevar ese nombre duplicaba la que pueden tener sus compañeros de Escuela, a la que llegó hace apenas un año, tras sentir que quería seguir los pasos de su progenitor, cobrando más importancia por el hecho de saber de primera mano la dureza de esta actividad, y lo que cuesta llegar hasta donde llegó su padre.

Después de matar a su novillo, el propio Manuel Caballero Quintanilla, contó las sensaciones vividas esa mañana sobre el ruedo. «Me he encontrado a gusto con el novillo -aseguraba-, pues llevaba ya un tiempo que con las vacas no me sentía bien con la mano izquierda, pero éste se ha dejado torear despacio y ha tenido calidad. Es el primer novillo que mato y he estado feliz».

Viéndolo torear, a todos nos recordó las formas de su padre, un concepto de toreo largo y sobre todo muy asentado en la plaza, sin que se note para nada el esfuerzo. «Todo lo que intento ver es de mi padre y aprender muchísimo de él. Mi padre para mi es el mejor torero del mundo y a partir de ahí viene lo demás».

Conforme se plantean ahora las cosas en el mundo del toro, un chaval que con 17 años de edad se plantee ser torero, puede parecer que es tarde, pero nada más lejos de la realidad. «Llevo un año en la Escuela Taurina de Albacete -matiza- y, aunque le llevaba dando vueltas un tiempo antes, no me había planteado ser torero en serio, pero llegó un momento en que empecé a sentir cosas delante de las vacas que no las sentía con nada más y tomé la decisión. Sé que a mi padre no es lo que más le hubiese gustado, pero él me apoya, sobre todo sabiendo lo difícil que es esto y que llegar a ser figura del toreo es todavía más complicado».

Publicado en La Tribuna de Albacete

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