Feria de San Isidro: Alcurrucén revienta el cartel de la feria

Plaza de Madrid. Vigesimoquinta corrida. Asistencia: 22.435 espectadores (casi lleno). Toros de ALCURRUCÉN (3), muy desiguales de presentación, el tercero un auténtico novillejo, mansos en general y solo el 1º dio un juego encastado. ANTONIO FERRERA (5), de turquesa y oro. Estocada (saludos). Pinchazo y bajonazo (silencio). DIEGO URDIALES (6), de gris plomo y oro. Estocada delantera (silencio). Estocada. Dos avisos (saludos). GINÉS MARÍN (5), de verde botella y oro. Estocada y tres descabellos (silencio). Estocada (silencio).

Por Carlos Ilián.

Se ha roto la magia de Alcurrucén en Madrid. De 12 toros que se han lidiado en este San Isidro de la ganadería de los hermanos Lozano solo el toro Poema, tercero de la tarde del viernes día 31 ha sido de juego notable, aunque sin llegar a las cotas magníficas que otros ejemplares de esta casa han alcanzado. Afinando mucho se pueden salvar el sexto toro de aquella misma tarde y el primero de ayer, encastado y exigente.

En todo caso el balance después de lidiar dos corridas completas es muy pobre, al menos para esta ganadería que tantas tardes de gloria ha facilitado a numerosos toreros. Por supuesto que el ganadero envía a Madrid, se supone, toros con buena nota y se puede equivocar. Sin embargo hay un aspecto que resulta insalvable para los Lozano, me refiero a la presentación de la corrida. No es de recibo que en esa ganadería con un fondo de armario tan poblado de cabezas no puedan elegir una corrida seria de verdad. La de ayer, especialmente los tres primeros toros no eran para Madrid, el tercero no pasaría ni en Burgos.

Antonio Ferrera patinó en las dos tardes siguientes a si inolvidable actuación del sábado día 1. No ha tenido el lote magnífico de Zalduendo pero con al primero de ayer, muy encastado y exigente como queda dicho ha estado desigual, le costó encontrar el punto a la embestida de Zambombo aunque en detalles y en muletazos al natural se defendió discretamente. El cuarto fue un manso, con la cara por las nubes.

Diego Urdiales tropezó con el mansísimo segundo, un toro a la defensiva. En el quinto tiró de temple, de reposo y de perfecta colocación para armar una estructura de faena que en otras manos habría sido de trallazo. Otra vez le sinceridad y la calidad en esois redondos y naturales, escasos pero de gran mérito.

Ginés Marín no tuvo la suerte del otro día y esta vez se estrelló con el inválido becerro que salió etercer lugar y el manso declarado que cerró la infausta tarde de Alcurrucén.

Publicado en Marca

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