Málaga: Miguel Aguilar corta una oreja en una tarde de idas y venidas

Por Juan A. Romero Faldón / Málaga.

Ficha del festejo

Plaza de toros de Málaga. NOVILLEROS Santana Claros, de rosa y oro: silencio, saludos y saludos. Juan Carlos Benítez, de verde manzana y oro: ovación. Miguel Ángel Aguilar, de nazareno y oro: vuelta al ruedo y oreja. INCIDENCIAS: un tercio de plaza. Novillada justa de presentación, de desigual juego. Destacable el 6º que salió en 5º lugar. Saludó la cuadrilla de Benítez en el 2º y Trujillo en el 4º. Juan Carlos Benítez no pudo lidiar su segundo novillo por un cuadro de malestar general y mareo.

Finalizaban los festejos de abono con una novillada picada trasladada a la recta final de la feria –que sigue en la ciudad- taurina. Vendrán las del Certamen Internacional pero, por lo que a esto respecta, hasta el año que viene. Y ya dirá el tiempo cómo se resuelven las incógnitas sobre posibles prórrogas, concurso y todo el etcétera administrativo.

Entre tanto, ayer se vislumbró un tercio de entrada. La de Gabriel Rojas salió más justa de presentación que las novilladas de años anteriores, pero, a fin de cuentas, no era una corrida de toros como se ha llegado a ver. No quita que alguno que otro debería haberse quedado atrás. Pese a esto, los novilleros, inexperimentados y con pocos festejos a sus espaldas, hicieron frente a un encierro de desigual juego.

Nada pudo hacer Santana con el capote ante su lote –y solo ante su lote-, que presentaron complicaciones destacables. Media arrancada tenía el primero y la sucesión de muletazos que enlazó no permitió vislumbrar el corte de torero artista del malagueño. La música continuó con la tendencia que ha llevado durante la feria de hacer sonar los pasodobles en momentos de nula trascendencia. Pinchó y dejó una estocada baja. Silencio para el novillero e incomprensibles palmas para el animal.

Al cuarto lo macheteó por bajo pronto tras ver las nulas condiciones que tenía para el toreo a pie. Lo mató de estocada baja y, en un gesto de frustración y rabio por el desenlace del destino, se arrancó la coleta y la lanzó al albero. Aplaudieron otra vez al animal y Santana salió a recoger la ovación. Trujillo le consolaba en el callejón cuando de la enfermería salía el mozo de espadas de Benítez con su vestido de torear. Un malestar general con nauseas privó a Juan Carlos de matar al quinto de la tarde . Se corrió turno.

Miguel Aguilar aprovechó su trofeo como ganador el Certamen de Escuelas Taurinas 2018 para torear la novillada picada. Hizo un inspirado quite Santana y el mexicano se fue al centro del ruedo para brindar, echarse de rodillas en el albero, y enlazar tres muletazos por bajo, aprovechando las idas y venidas de un móvil Gabriel Rojas. Ligó una sucesión de pases por ambos pitones en favor de la condición repetidora de Aduanero y finalizó con una tanda por manoletinas. Pinchó, dejó una estocada desprendida y dio una vuelta al ruedo tras petición.

Brindó el quinto a su compañero y paisano, también novillero con caballos, José María Hermosillo, que venía de actuar en Las Ventas. Inició por ayudados por alto y se fue al centro del ruedo para tomar la mano izquierda. Los muletazos se sucedieron por ese pitón sin llegar a dominar la situación y pronto se dio cuenta de que lo importante estaba en el derecho. De mejor calado fueron por este lado, manteniendo la postura firme y pasándose al de Rojas cerca de la taleguilla. Conectó pronto con los tendidos, echándose el muletazo a la espalda y rematando con un vistoso molinete invertido. Igual de cerca que el resto de la faena fueron las tandas finales. Tuvo que venir un novillero con picadores para dejar la estocada de la feria que le valió para cortar una oreja con mucha fuerza.

Juan Carlos Benítez se enfrentó al peor de la tarde. Había derribado a Manuel Sánchez hijo, que colocó un segundo buen puyazo al animal. Lo había dejado en largo el torero. Saludó la cuadrilla tras un buen tercio de banderillas. Comenzó por ayudados, mostrando el de Rojas las primeras evidencias de su mala condición que se acrecentaron tras dos desarmes, fruto de la poca conjunción entre los dos. Una estocada entera y algo contraria acabó con el novillero saludando desde el ruedo.

Salió Santana arrebatado ante el sexto. Unos minutos de reflexión, la concepción del toreo reestructurada o una bronca interna bien echá. Qué más da. El toreo de capa ahí queda. Primero a la verónica, enroscado en su sensibilidad artista; después, el garbo de la chicuelina y un galleo rematado con media abelmontada. El público gritó cada derechazo de inicio con los olé. Ahí se acabó el toro y el resto quedó en una correcta faena de detalles. Estocada contraria y perpendicular que remató mientras el público marchaba a la feria. Saludó tras las palmas de cortesía. El añadido quedó en su sitio.

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