Bregando: Tarde de emociones y aprendizaje en Tlaxcala

Por Jaime Oaxaca

Qué gran tarde de toros se vivió el pasado lunes 16 de septiembre en la plaza El Ranchero Aguilar de Tlaxcala. No crea usted que se cortaron un titipuchal de orejas o que hubo indultos o triunfos apócrifos. No, sencillamente fue una tarde llena de emociones, porque los novillos de Zacatepec eran puntales, tenían trapío, difíciles, con peligro al embestir y los novilleros Sebastián Palomo y Emilio Macías, literalmente se jugaron la vida, se pusieron ahí, dieron la cara, nunca echaron el paso pa’atrás.

El presente texto, más que una crónica, pretende dejar claro que la emoción se logra con el peligro y en La Ranchero lo hubo. Quienes chanelan, seguramente salieron satisfechos y emocionados. Quienes no entienden mucho, habrán aprendido que torear no es pegar pases sin ton ni son, que no es sencillo, que los toreros son héroes porque se juegan la vida en el ruedo.

Los hermanos Muñoz: Mariano, Alejandro, Juan Pablo y Bernardo, ganaderos de Zacatepec y los fraternos toreros Macías: Sebastián y Emilio, deberán sentirse satisfechos porque ofrecieron una auténtica tarde de toros.

No fue un festejo de parodias, de esos simulacros taurinos en que se lidian animalitos bobos que embisten como carretillas, a los que se les dan muchos pases bonitos como si se tratara de toreo de salón. Ese tipo de toreo lo ensalzan algunos cronistas pregonando que así debe ser el toro mexicano y que así debe ser la fiesta. ¡Falso!

Por principio, los novillos no fueron manipulados de los cuernos, estaban en puntas, como deberían lidiarse en todas las plazas del país. Irreprochable el trapío. Los tres primeros ovacionados de salida sobre todo el tercero que era un tío. Los pesos que se anunciaron en el pizarrón, me parecieron abajo de la realidad.

Los toros provocaron sensaciones inefables, un manojo de sentimientos encontrados: miedo, admiración, respeto, gusto. Tampoco crea usted que fueron reses ilidiables, no fueron marrajos. Los novilleros se lucieron con el capote, lograron tandas de muletazos que se jalearon fuertemente.

Dos desarrollaron sentido, no eran animalitos para darles 50 pases, los toros deben causar miedo en el tendido, para que nadie, con un par de cervezas en la barriga, piense que puede bajarse a torear. Los cuatro Zacates provocaron ese miedo.

A todos los castigaron en la suerte de varas, sobre todo al segundo, que después embistió con emotividad y fue ovacionado en el arrastre. El tercero también fue aplaudido, en todo momento puso en jaque al Palomo. Ese tipo de toros no suelen gustarles a los toreros, dicen que no sirven; ¡falso!, esos toros son los que encumbran a los buenos diestros.

Por su parte, los huamantlecos Sebastián Palomo y Emilio Macías se la jugaron en serio y a fe de los que estuvimos en la plaza que ninguno de los novillos era para jugar al torerito. El encierro, como ya se dijo, no fue de hermanitas de la caridad, sabían para que eran sus defensas. Ninguno de los dos novilleros fue arropado, saben lidiar. Casi no han toreado en público este año, me parece que estuvieron en España.

Nunca iniciaron la faena de muleta con el cartabón del péndulo, lidiaron, hubo faena de aliño. Que por momentos les faltó, puede ser, son novilleros; no obstante, entregaron buenas cuentas. Si hubieran metido la espada, el resultado de premios hubiera sido otra cosa. Les sonaron varios avisos, eso enfrió a los asistentes que bien pudieron sacarlos a saludar al tercio. Emilio dio una vuelta al ruedo.

Ambos están anunciados para el próximo domingo en la plaza México.

A todos los novillos se les pusieron tres pares de banderillas. En general se lucieron los subalternos, El Poli de Puebla dejó un par espeluznante y fue sacado al tercio, también Gerardo Angelino. Los picadores Paco Salinas y Pedro López fueron ovacionados por sus respectivos puyazos.

Para abrir boca, actuó el niño Marco Peláez, quien tiene intuición y le llega a la gente, el chaval se siente torero. En segundo lugar, el joven Gerardo Romano. Ambos con becerras de Felipe González.

El aguacero al final de la novillada impidió que los asistentes, media plaza, despidieran con una ovación a los ganaderos y novilleros.

La esencia de un espectáculo que se llama fiesta de toros es el toro y el día de la patria, salió por la puerta de toriles de La Ranchero Aguilar de Tlaxcala.

Fotos: Jaime Oaxaca.

Publicado en El Popular.

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