Es lo que digo yo: “La escasez de figuras es el problema fundamental para la supervivencia de la fiesta en México”

Manolo Martínez, el último mandón de la fiesta en México.

Hace 41 años, Manolo Martínez abordaba algunos temas que bien se podrían asimilar a los que sufre en la actualidad la fiesta brava en Mexico, en una interesante entrevista que le realizó el periodista José Pagés Rebollar.

Por Luis Cuesta  De SOL y SOMBRA.

Puedo imaginar la escena, Manolo Martínez sentado en la mesa de un famoso restaurante ubicado en la Zona Rosa en plena década de los 70s, en donde lo que inicialmente fue una comida casual, se ha convertido en una sobremesa que se ha alargado hasta el grado de mutarse en una amena y larga charla.

Pero no era una simple charla, era una platica que estaba en camino de convertirse en una entrevista para un nuevo libro del periodista José Pagés Rebollar. 

José pide al mesero otra ronda de whiskys mientras Manolo cambia de tema y abre la segunda parte de una larga conversación. Con el vaso en la mano derecha y la mirada clavada sobre el mantel blanco Manolo exclama pausado: “Te digo Pepe, si no tienes el estimulo ¿qué haces? está bien que uno torea por afición, porque uno siente el arte, sí, pero con todo y afición las figuras deben de ganar dinero para poder vivir efectivamente como figuras ¡qué carajo! si para eso se juega uno la vida ¡para tener acceso a las delicias de la vida!”

“Pero no, no, parece que esta cosa tan simple aun no acaban de comprenderla aquí en México. Nuestro credo actualmente es este; yo chingo; tu chingas; el chinga. Por eso han olvidado que el torero no puede ser considerado como un simple empleado.”

“La envidia que es amarilla, salpica a todo aquel que triunfa en cualquier campo de la vida. En México todo aquel que saca la cabeza por encima de los demás es blanco de ataques y no falta quien quiera cortársela para emparejarlo con los demás. ¿Dónde están los buenos apoderados, los hombres que ponen los intereses de la fiesta por encima de los demás intereses pequeños y bastardos?” preguntaba.

Manolo se levanta de la mesa y regresa minutos después, le da un trago a un nuevo vaso de whisky, hoy se siente inusualmente cómodo, está disfrutando el momento y la conversación por eso rápidamente retoma la charla pero hace una nueva pausa, un nuevo trago al vaso y tras un silencio que apenas dura unos segundos continúa: “Algunos me dirán que aquí en México también se gana muy buen dinero y yo les diré que sí, que las cosas se han estado componiendo últimamente, pero que anteriormente la cosa estaba de la tiznada.”

“Pero la problemática actual del medio taurino no se resume nada más en el aspecto de los sueldos. Yo diría que la escasez de figuras es el problema fundamental para la supervivencia de la fiesta en México” finalizaba su comentario Manolo.

Pagés Rebollar retomando el aspecto económico le dice que Paco Camino en una entrevista previa le hacia hincapié que donde verdaderamente se gana dinero siempre ha sido en España, que en México hay toreros ricos, pero no al nivel de los de España.

Camino en promedio se lleva 50 mil dólares por tarde en su país, cifras que en América serían imposibles de cobrar para un torero mexicano e inclusive para algunos diestros españoles” le comentaba el escritor.

“Es cierto Pepe, en España los sueldos deveras son sueldos, allá se gana mucho dinero y todo lo tienen muy organizado. Ahora cuando uno habla de poco publico y por consecuencia la obtención de menos dinero por parte de todos los protagonistas, muchos arquean las cejas y pocos se detienen a examinar que la fiesta es el menos promovido de los espectáculos en  México ¡Hay que ver la manera en que promueven el Futbol y el Box! ¡Hay que ver el tiempo que se les concede en la TV!” exclamaba un efusivo Manolo Martínez mientras un silencioso mesero se acercaba a la mesa con una nueva ronda de whiskys.

Conocido el gusto por la conversación y el culto a la amistad que se pregonaban ambos personajes, seguramente la reunión continúo hasta muy entrada la madrugada.

Finalmente parte de ella fue publicada en el libro “Los Machos de los Toreros” de 1978.

Twitter @LuisCuesta_

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