José Mauricio: Punto y Aparte – Salida a Hombros en Arrebatadora Tarde.

Remate de José Mauricio al cornipaso de Barralva.

La única manera de salvar el Jueves Negro ha sido la del camino de la emoción, llama irrenunciable del toreo. Decíamos ayer, quedaba Barralva. Y, aun sin traer el más bravo o el mejor de sus encierros, la ganadería de Querétaro cumple cabalmente con la Afición, lienzo perfecto para que la confrontación por siempre esperada de Fermín Rivera y José Mauricio rinda frutos con la firmeza del primero y el arte encendido, a fuego forjado, del segundo quien borda hermosa faena malograda con el acero ante su primero y se juega la vida ante el complicadísimo sexto para que, con el cuchillo entre los dientes, arranque dos orejas que coronan no una faena sino una tarde de plena afirmación que tendrá su continuación el próximo domingo. En esas, “El Fandi” sin mayores elementos propios ni ajenos, se reduce a telonero que anda buscando la salida.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Solo una personalidad del tamaño de Dante podría explicar el sombrío momento previo a internarse a la vía oscura.

En esto de los toros la nebulosa sobreviene el jueves y su efecto se prolonga a la entrada de esta tarde en La México, un síntoma de pesadez flota en la Afición, reducida pero siempre fiel, golpeada pero a la vez ilusionada de recobrar el brío que arranca el Jueves Negro. A ese lugar, han dicho los traductores, que Dante avanza amenazado por una fiera, ahí donde “el sol ya no resplandece” pero el autor de la Vita Nuova, realmente, menciona que ese era el lugar donde “el sol calla”.

Es decir, el poeta, como el toreo, siempre va más allá.

La sombría sensación que deja sin palabras el elemento taurino se rompe hoy no solo en el olé del “Cielo Andaluz” habitual sino en un momento muy significativo: a José Mauricio, tal como hace unos años a Fermín Rivera, la Afición de la Plaza México del lado de sol, detrás del palco de la Empresa, le entrega un colorao gallo de pela y, es tal la ovación que acompaña al torero en su vuelta al burladero de matadores, que no tiene otra que emocionarse y quedarse en los medios para de ahí saludar en momento de especial sensación.

Lo siente el torero, lo siente la Afición.

Y de ahí que la espera para verle ante su primero, tercero de la tarde, se vuelva larga.

Más porque “El Fandi” desfila por La México ante un lote difícil, cierto. Sin embargo, aun se muestra con las facultades intactas en banderillas, sus dos tercios tienen su sello siempre lucidor, pero muestra desconfianza en exceso con la muleta. Indudablemente, el primero se le queda abajo y el cuarto protesta, incluso inicia brincando al callejón de salida y deshace los intentos del granadino pero también es verdad que con la tarde que brindan Rivera y Mauricio se nota a “Fandi” en otro tiempo y sin ambición. Fatal con la espada, viene, cobra, se va… y seguramente volverá, porque con este régimen todo es posible.

Como también es posible que un torero como Fermín Rivera, pese a enfrentarse con un cabezón pero débil segundo de la tarde, no desespere en el empeño por no solo quedar bien sino, inclusive, haga andar aun por pocos momentos a un toro que ha nacido para que cualquier otro le peguen cuatro trapazos y le despeñe de un espadazo cualquiera. Como Rivera sabe que esta oportunidad es la única de la que puede prenderse, aun con el toro que no quiere, poco a poco abre brecha entre la nebulosa de los pitones del toro.

El toro no encuentra su tranco, Fermín le encuentra el sitio.

Y aun en poco, le liga los derechazos.

Y la faena que parece muerta, el trasteo que no parece brindar nada para el recuerdo, de pronto es breve llama que se enciende. Pisa Fermín el terreno del toro, encuentra su sitio y, sobre el tercio, frente a toriles, logra que el toro deje en la arena lo único que tenía dentro y lo aproveche el potosino. Hasta que llega el pinchazo, entonces, el posible camino a la claridad que desde el jueves se niega parecía tener esperanza. Aun así, tras espadazo caído, sale al tercio, gana confianza y la gente recobra el suspiro.

Entonces la recompensa llega con el tercero. Un atanasio en toda la línea. Un barralva de los que más nos gustan pero muestra que algo en su tranco no es lo completo que habríamos de esperar. José Mauricio, que ya ha esperado lo suficiente y, quizá, de más, logra que su capote comience dictando a la verónica donde el toro finta en emplearse y por ello el torero recoge la embestida con inteligencia y mucho temple, sin engancharse erróneamente.

Su media verónica, como la belleza a la poesía, lo acompañará siempre.

Y el buen manejo del capote deja al negro y bello toro de frente al caballo.

Una sola vara algo descolocada de inicio es suficiente para que el toro empuje y romanee y el propio diestro considere no ejecutar alguna suerte en el momento del quite, el toro sale del caballo sin emplearse del todo pero sí resulta fijo, tan es así, que, sin esperar, el de Barralva se arranca al capote de José Mauricio que se enreda muy torero con las chicuelinas que ayudan a que el astado acometa sin dudas, a que sepa que el capote no lo daña pero tampoco podrá alcanzarlo pues el quite es tan bien rematado que de nuevo la media muestra al toro en el punto exacto para romper.

Sin embargo, tal cosa no ocurre en banderillas. El barralva no sale a dejarse, se reserva algo, como si deseara encontrar una causa para emplearse completo. Esa respuesta, se la da Mauricio, a la manera en que Virgilio consigue que Dante le siga. Allá convence el poeta con la palabra, acá el torero convence con los doblones, plenos de mando y largueza, apenas genuflexo, siempre en los pasos exactos y el desahogo con el de pecho.

Si no se emplea con franqueza el toro, queda el temple.

Queda el arte.

Que es cante grande con la derecha, obligando lo suficiente, llevando donde él quiere pese a esa falta de fuerza que supera José Mauricio gracias al aguante, a la colocación, todo en los medios para lograr, pese a la cara alta, que el toro se convenza levemente, incluyendo un tanda breve al natural que muestra que el toro sigue en ese vaivén entre ser o no ser. Hasta que, entonces, un pase en redondo con la derecha desencadena el rosario de cuatro más y, cuando el toro quiere salir, con la cara arriba, un trincherazo de marmólica composición cierra una tanda con todo el lujo del arte en la suerte. La México rompe el grito ahogado, llega el toreo a salvar cualquier decepción.

Y también, con ello, la emoción a plenitud de torero y público. Desde los medios de la Plaza, con la despaciosidad como llave, José Mauricio entra y acaricia el corazón de La México que le corea fuerte y con mucha sinceridad le alienta a seguir corriendo la mano incluso en el circular que ahonda en ese pitón izquierdo donde le sigue costando al toro, completa las dosantinas y solo Dios y él sabrán lo que impide que la faena se haya coronado por lo alto. Intenta borrar el pinchazo por manoletinas pero es inútil.

La Autoridad suelta los avisos en ráfagas, así debería ser en los reconocimientos.

No importa, la faena tiene un premio aun mayor, la vuelta al ruedo. Torerísima.

Y de nuevo la espera que acarrea ver al “Fandi” rebasado por el mansurrón cuarto pero que trae la recompensa de ver a Fermín Rivera triunfador y recuperado. La fortaleza mental y solvencia técnica, dos activos que antes no eran del todo visibles en el potosino, aparecen justo cuando más los necesita y cuando la tarde reserva sus dos episodios más temibles con la aparición de dos colorados, dos hermanos, cornalones ambos, uno veleto y otro cornipaso. Quinto y Sexto, respectivamente.

Tan colorados como el celebérrimo Don Palillo pero sin la perfecta hechura de este.

Al primero de ellos, Fermín le somete de salida a la verónica. El impresionante y astifino en lo superlativo, colorado, muestra que su sentido puede desarrollarse si comienza enganchando las telas, sus astifinas y amplias astas así lo indican. Rivera no se confía y muy atinadamente opta por sacrificar lucimiento en pos de la eficacia, con ello, sabe que su último cartucho puede caminar si se limita la posibilidad de que comience a pensar, como comienza a mostrar en el segundo tercio.

Aquí un quitazo de “Fandi” a una mano salvan al banderillero que se despide, Felipe Kingston, quien maliciosa pero efectivamente, completa el tercio dejando un par que le vendrá bien al toro, por increíble que parezca. Además como Fermín tira muy largo y por abajo en los doblones con la decisión absoluta de romper al toro abajo, el de Barralva pese a cabecear toma el engaño por bajo y, siendo que el diestro, manda con extensión, no da tiempo al cornalón colorado para que imagine siquiera en deshacer el intento.

El toro sometido mejora. Este lo hace relativamente.

El lado izquierdo es prácticamente imposible.

Pero Fermín insiste y pese a ese cabeceo, ese sentido que parece despierta a cada muletazo, el potosino se convence y se vence a sí mismo dando los muletazos con intensidad conforme el toro va a menos y lo siente progresivamente a cada momento. Es entonces, cuando la faena está hecha, que Rivera, sin pensarlo más, se tira muy derecho, apunta arriba, apenas desprendida la estocada entera con todo el mérito y el drama del mundo pues al quedar desarmado, Fermín se ve perseguido en preocupante escena hasta la cuadrilla somete y realiza la labor final al duro toro. Esa oreja puede que valga mucho más de lo que creemos.

Ya tiene efecto en esta corrida donde José Mauricio sale a no dejarse, a no ser reducido a esta categoría, que más bien es tapadera para quienes solo podrán torear bonito, de ser del cuento del “pellizco”, más cuando aparece por toriles una casi reencarnación del toro anterior pero este, que cierra plaza, es cornipaso y aun más alto de agujas. Se lo juega desde el primer capotazo con el que sujeta, aun en el quite por navarras se da el lujo de tirar de la larga cordobesa para el remate.

Pero el toro, nos diría Mariano Ramos, ya empieza a pensar más que el torero.

Y proseguía: y eso no lo puedo permitir.

Entonces en banderillas, Sergio González sufre voltereta. José Mauricio sabe lo que tiene el toro, el sentido, y sabe perfectamente, aun más, lo que hoy no tiene, contratos. Se lo juega desde los primeros doblones, poderosos y bien rematados, o en los primeros derechazos donde es imposible no dejar de observar como incluso a pintón contrario el burel pretende tomar control de la situación.

Cosa que consigue con la voltereta a Mauricio.

Entonces la faena entra en un punto donde, pese a ya no pasar o pese a tener que ir a las profundidades del instinto de ataque del toro, el torero puede vencer a modo de castigo, con la plaza entregada y envuelta en el drama de la pugna, José Mauricio se dobla y somete de pitón a pitón, citando a la manera arrucista, tocando al pitón contrario cada vez que pega un muletazo, retoma una forma de torear que ya nos había mostrado con aquel “Fuentespina” de La Estancia en 2011. Y si en 2009 habría probado el almbiar de Barralva con el célebre “Azucarero”, esta vez el acibar parecía que le haría presa en la estocada con este temible cornipaso.

La única manera de vencer sobre el toro, de matarle, era estar dispuesto a ser matado.

Ecuación y encrucijada de tremendo efecto pero que representa lo que es el toreo.

Así que el torero fue a volcarse, de frente al pitón derecho y logra la estocada entera y en lo alto envuelto en dramática salida y caída, que lo manda a la enfermería pero que le devuelve a la Plaza aun lastimado y vapuleado, sabemos que esto siempre tiene un efecto en el público pero orejas de más u orejas de menos, la tarde de José Mauricio es de Puerta Grande es de, prácticamente, liberación.

Diría otro poeta italiano de reciente partida, reflexionando sobre las caras que tiene la vida, “Quizá un poco más cansado// Mas aun, más libre…” Y los dolores del torero se curan con los suspiros del triunfo, los de la Afición con la aurora del arte y los de las nebulosas que rodean la Fiesta con los de la emoción.

Y así aspirar a un posible paraíso taurino. Tal como Beatriz le mostró a Dante.

Ya veremos si hay un nuevo canto el próximo domingo.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2019-2020. Octava corrida del Derecho de Apartado. Un cuarto de plaza en tarde fresca sin viento. Sin solución la iluminación. Mal la Autoridad al no ocupar el sonido local con la claridad necesaria para anunciar, aparentemente, el cartel del próximo domingo.

6 Toros, 6 de Barralva (Divisa Celeste, Amarillo y Rosa) Serios en general aunque vario pintos y desiguales en hechura y juego. Imponentes cuarto, quinto y sexto, estos dos últimos, al parecer, casi gemelos, colorados, de enorme arboladura y amenazante cabeza paliabierta. Pronto aunque quedándose corto el primero, débil y reservón el segundo. Con clase pero muy poca fuerza el tercero, con celo por la muleta aunque el tranco irregular, aplaudido con justicia y fuerza en el arrastre. Manso el muy serio negro que hace las veces de cuarto, que salta al callejón desarrolla mal estilo con la muleta. Con buen pitón izquierdo aunque siempre calamocheando el quinto y con mucho sentido el sexto, siempre buscando lo que hay detrás de los engaños.

David Fandila “El Fandi” (Sangre de Toro y Oro) División tras Aviso y Pitos; Fermín Rivera (Carmesí y Oro) Saludos y Oreja; José Mauricio (Mercurio y Oro) Vuelta tras Dos Avisos y Dos Orejas con leves protestas. Salió a hombros.

Dura tarde para las cuadrillas. La del primer espada padece dentro y fuera del ruedo, tropezando el primero con la tarima cercana a toriles por dentro del callejón y luego en la labor de enterramiento ante el cuarto. Felipe Kingston, que se despide, sufre para colocar los dos pares al toro de la despedida. Terrible voltereta a Sergio González que brega bien al primero pero que es empitonado de fea manera por el durísimo sexto.

Se retira pareando ante el quinto el banderillero Felipe Kingston tras tremenda carrera de casi cuarenta años, coloca un palo en el primer intento pero malicioso y sin mayor dilación coloca un par habilidosamente para magníficamente salir de la suerte y evitar mayores capotazos en momento crucial de la lidia en el mencionado turno.

4 Comentarios »

  1. “La faena tiene un premio aun mayor, la vuelta al ruedo. Torerísima.”
    Por eso, precisamente por eso no errar en agradecer exclusivamente a quienes ocupan y llenan el numerado de callejón. Una vuelta al ruedo no puede ser repartir 30 abrazos, tomarse selfies, detenerse ante una grabadora, dejarse acompañar.
    Ya hemos tenido vueltas al ruedo donde el ganadero sale con hijos y nietos, con ganaderas que salen con comadres, con porristas, con un kinder rodeándolos.
    También ese es un momento de grandeza del torero donde el público de todas las localidades, en la cantidad que sea, le aclama rendido.
    Toreros, a dar la vuelta triunfal con dignidad. Lo ganaron, lo merecen.
    No la desprestiguien.
    El protagonismo de la “salida a hombros” ya se los ganó “El Greñas”, no pierdan la fuerza de la vuelta al ruedo.

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  2. Jose Mauricio una nueva carta para confeccionar carteles de tronio señores… Ojala y lo programen todas las empresas en este país y asi dejar atrás los carteles con los mismos de siempre. Suerte Torerazo: Jose Mauricio!!!..

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    • En general el cronista taurino es un pésimo calculista.
      Parte de la falta de transparencia de las empresas taurinas que no informan ni al cronista, ni a la alcaldía Benito Juárez, ni a la tesorería de la CdMx, ni al SAT cuántos espectadores ingresaron a La Plazota o a cualquier placita.

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