Una apoteósica tarde en Mérida.

Amigos aficionados…

Nunca nos vamos a poner todos de acuerdo. Ni en la vida, ni mucho menos en los toros.

Pero ayer habían cinco mil de acuerdo y unos cuantos, en el palco de la autoridad y en los tendidos, que tenían opiniones y sentimientos diferentes.

Así que, respetando la opinión y el criterio de los que no, diremos que la corrida de aniversario de la Plaza Mérida fue apoteósica por Uriel Moreno “El Zapata”, muy bien toreada y matada a caballo por Andy Cartagena, triunfador numérico de la tarde, y con interesantes pasajes de un Leo Valadez que, quizá con más bagaje y fondo, pudo haber reventado al gran tercero de la tarde.

Y el encierro de José Julián Llaguno cumplió con la expectativa. Bien presentados, con kilos y trapío. Nada de las peritas en dulce que se saborean en otros lados.

Así pues… en la tarde en que celebramos 91 años de apertura del coso emblema del Sureste, no coincidimos miles con el sentimiento y criterio del juez de plaza y los que creímos que “El Zapata” merecía al menos una oreja por una de las actuaciones de mayor cisma en la Mérida, al menos en las tres décadas que el cronista lleva acudiendo a Reforma. No recordaba, ni muchos presentes consultados, el que haya tanta sinergia torero-público. Nos dicen que no se premió a Uriel Moreno porque mató defectuosamente. Y están en lo correcto. Pero, cuestión de criterios, la plaza se cimbró otra vez por “El Zapata”. Herido por una soberana paliza al intentar el primer par del segundo de su lote, se paró para seguir. Mermado físicamente, plantó cara al toro, un tío bárbaro, majestad de toro. Y se puso donde hoy en día casi nadie quiere ponerse. Parecía como sacado de una fantasía ver al torero caminar para tratar de lidiar y arrancarle algún pase suelto. Cierto, sin arte, sin ligar. Pero mientras otros pudieran haber finiquitado el compromiso de un par de trapazos y la espada, Uriel Moreno puso su verdad de toreo, y eso que les digo, es poner la vida en juego, a punto de romper el hilo que separa a los vivos de los muertos, en el punto donde nacen los héroes por los que los que llenan las plazas quieren regresar a la siguiente tarde. Eso es apoteosis. Poner casi a todos de acuerdo, tanto, que le consagraron otra vez con ese estentóreo grito de “torero, torero”.

Pero, sí, mató mal. Y no le concedieron la oreja que le pedían a gritos miles de bocas con los tendidos cubiertos de blanco.

Entonces la pasión aumentó. Y al torero herido le premiaron no con una sino con dos vueltas al ruedo.

Circunstancialmente, esa negativa lo hizo más heroico. Levantó más pasiones, reventó el carácter del siempre educado público yucateco de los toros. Y lo admito y repruebo: qué pena los improperios a la autoridad. Así no es, aficionados.

Se fue “El Zapata” a la clínica y camino a la enfermería otra vez le tributaron una impresionante ovación.

Insisto: cuestión de criterios. Podemos no estar de acuerdo todos, pero el público lo pedía.

El matiz con que se vivió esta corrida de aniversario fue de verdad de esos que hacen que uno tenga sentimientos especiales por esta fiesta de los toros.

Temprano, el padre Óscar Viñas celebró la misa en la capilla de la Plaza Mérida. Alentó a disfrutar la corrida “en esta plaza que es una obra de Dios”. Obra de Dios con manos de humanos, los hermanos Palomeque Pérez de Hermida. Y en general fue eso lo que permitió ver una interesante, aleccionadora corrida de toros.

Andy Cartagena mostró su mejor versión. Dio rienda suelta a un estilo particular, luciendo además una cuadra de esas que impresionan por su presencia y forma de cabalgar. “Picasso”, hermano de “Pintas”, fue un portento en banderillas, y “Luminoso” caminó patas arriba. Pero lo que le valió la salida en hombros fue el mejor rejón de muerte que me haya tocado ver.

Leo Valadez tuvo en su primero al mejor toro de la tarde. Lo llevaba bien y el astado tenía un fuelle que emocionaba. Iba con celo y codicia. Pero el joven mostró el verdor al irse muy rápido por la espada, poniéndose pesado además.

Una pena porque pudo consagrarse y por no ver el panorama total, se conformó con poco. Pero, al tiempo, que puede crecer.

Anunció Toros Yucatán su siguiente tarde. Una cartelera de mano a mano con José Mauricio y Joselito Adame para el 16 de febrero. Cartelazo como del de ayer, en el que toreros que torean toros de verdad alegraron el aniversario 91.

Los señores Palomeque y las grandes figuras de todos los tiempos fueron admirados en una muestra gráfica en diez elegantes mamparas que exhiben la rica historia de la Plaza Mérida, que ayer, insistimos, se sacudió con pasión.

En algo estaremos de acuerdo, creo: qué bella es la Fiesta cuando hay argumentos de su verdad, en el ruedo y en los tendidos.— Gaspar Silveira Malaver.

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