Opinión: Ver de frente a la muerte.

Esta semana, a los 73 años de edad, falleció el doctor Rodolfo Samperio León. Una pérdida irreparable para su esposa, sus hijos y sus nietos pero también para tauromaquia hidalguense.

Por Omar Pérez Díaz.

Un 13 de octubre del 2013. Alrededor de las seis de la tarde, al otro lado de la línea, la voz del fotógrafo Armando Loaiza sonaba frenética:

“¡Se va a morir… este torero se va a morir! Te aviso porque se lo llevaron al hospital… va muy grave”.

Ese domingo la Plaza Vicente Segura de Pachuca quedó horrorizada a media corrida de feria, cuando el cuarto toro de la tarde clavó el pitón izquierdo entre cuello y rostro de Juan Luis Silis, el joven matador que buscaba el triunfo.

Público y alternantes estaban en shock después de la escena… todos menos un hombre: Rodolfo Samperio León, jefe de los servicios médicos del coso. El doctor, con cuarenta años de experiencia y casi dos décadas en el burladero, atendió primero la emergencia.

Ante la cornada más espeluznante en la historia de la plaza, eran instantes cruciales; cuestión de segundos para, literalmente, luchar contra la muerte por la vida del torero. La diferencia entre la tragedia o el milagro.

Sucedió lo segundo. Juan Luis Silis perdió un ojo pero vivió para contarlo. Meses después volvió a torear y dedicó su actuación a los médicos que lo sacaron adelante, incluido el reconocido galeno nacido en la Hacienda de San Nicolás Tecoaco, en Epazoyucan.

Samperio León era un apasionado de la Fiesta Brava y desde el año 1994 hasta 2019 fue el ángel guardián para todos los valientes que partieron plaza en la Bella Airosa.

Aproximadamente enfrentó 40 cornadas, además de luxaciones, conmociones cerebrales y fracturas. El percance a Silis fue espeluznante pero hubo otras, como la del forcado Miguel Loucerio, que tuvo una trayectoria de 70 centímetros. También ahí estuvo el doctor, al pie del cañón, viendo de frente a la muerte, sin achicarse.

Durante su carrera profesional, el doctor Rodolfo fue ampliamente conocido. Laboró en los hospitales pachuqueños del IMSS y del ISSSTE, atendiendo a infinidad de pacientes, granjeándose su confianza y agradecimiento, así como el respeto de sus colegas y la admiración de sus amigos.

El año pasado decidió alejarse de su querida Vicente Segura, ahí donde vio a su hijo Pablo hacerse torero y también operarlo tres veces por igual número de cornadas. Sólo su familia sabía que le habían diagnosticado cáncer, mal que encaró con entereza.

“Fue un guerrero que no se doblegó, incluso ya en la fase final, al abandonar su casa para ir al hospital, no permitió que le ayudaran a bajar las escaleras; él mismo sacó fuerza para hacerlo”, reveló su hijo Pablo.

Esta semana, a los 73 años de edad, falleció el doctor Rodolfo Samperio León. Una pérdida irreparable para su esposa, sus hijos y sus nietos pero también para la sociedad y la tauromaquia hidalguense, a las que siempre sirvió con especial sensibilidad.

REMATE

Desde hace dos mil 500 años, antes de empezar a ejercer su profesión, todo médico realiza el Juramento Hipocrático. Una parte del mismo reza: “Si este juramento cumpliera íntegro, viva yo feliz, recoja los frutos de mi arte y sea honrado por todos los hombres y la más remota posterioridad”. Gracias doctor Samperio. Descanse en Paz.

Publicado en la Silla Rota

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