Ponce: 30 años de un torero irrepetible.

Por Paco Delgado.

Todo estaba preparado para que, con un mano a mano con Pablo Aguado y ante toros de Juan Pedro Domecq, se festejase por todo lo alto el trigésimo aniversario de la alternativa de Enrique Ponce, pero el coronavirus, que ha paralizado la vida de toda España, también se ha llevado por delante el festejar como toca esta efeméride que viene a resaltar, al margen de un currículum tan inigualable como irrepetible, la magnitud del torero valenciano.

Nacido en la ciudad valenciana de Chiva, el 8 de diciembre 1971, fue su abuelo Leandro quien le inculcó la afición por el toreo y enseñó las primeras reglas, mostrándose ya desde bien pequeño como un superdotado. Vistió su primer traje de luces en Baeza el 10 de agosto de 1986 y debutó con picadores en Castellón el 9 de marzo de 1987 con José Luis Torres y Curro Trillo en la lidia de novillos de Bernardino Piriz. Se presentó en Madrid el 1 de octubre del mismo año lidiando novillos de Lupi, tras haber ganado el prestigioso Zapato de Oro de Arnedo. En 1989 sumó 59 novilladas, toreando por última vez en la categoría el 28 de febrero de 1990, en la plaza de toros de Navas de San Juan, donde lidió mano a mano con Jocho II un encierro de Apolinar Soriano. La alternativa se celebró el 16 de marzo de 1990, viernes, en Valencia, en el séptimo festejo del abono de aquel año, siendo su padrino José Miguel Arroyo “Joselito” y Miguel Báez “Litri”, el testigo.

El toro de la cesión fue un sobrero de Diego Puerta, de nombre ‘Talentoso’, marcado con el número 21 de 505 kilos, brindado a su abuelo Leandro y del que le concedieron la primera oreja que paseaba como matador. En aquella función, el nuevo matador ya dejó bien claro que no era cualquier cosa y dio un curso de compostura en el toro de la alternativa. La faena no fue redonda, pues las condiciones del toro tampoco lo permitían, pero apuntaba ya toda la torería y ciencia lidiadora que ha desarrollado a lo largo de su excepcional carrera. Con su segundo, manso y rajado nada más empezar su lidia, apenas pudo mostrar detalles de su clase y estar valiente y compuesto.

A lo largo de estas tres décadas, en las que ha logrado innumerables premios, trofeos y distinciones, dejando una estadística fuera del alcance de cualquier otro diestro, se ha consagrado como un de los toreros más importantes de la historia de la tauromaquia.

Publicado en La Razón

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