Victorino Martín: «Desde la guerra civil no se había conocido nada tan grave»

Por Rosario Pérez.

Desde su refugio extremeño de Monteviejo, Victorino Martín sigue con preocupación cada última hora sobre el Covid-19, el virus que ha golpeado a toda la piel de toro. Ganadero de bravo, veterinario y presidente de la Fundación del Toro de Lidia, reflexiona sobre las consecuencias que esta pandemia tendrá en un planeta taurino con una estructura ya de por sí resquebrajada. Solo con las cancelaciones de las ferias de Fallas (siete corridas y dos novilladas), Magdalena (seis corridas) y Abril (catorce corridas) se quedarán un mínimo de 174 animales en la dehesa. Y según esta voz autorizada del campo bravo, criar un toro cuesta unos cinco mil euros, a lo que habrá que sumar ahora otros mil más. «Es un drama: todo gastos y ningún ingreso –subraya–. Va a suponer un antes y un después, no solo en la economía del toro, sino a nivel general. Pero lo nuestro es muy estacional y nos ha pillado en el arranque de la temporada. Desde octubre no hemos facturado y, justo cuando íbamos a generar dinero, se ha paralizado el país».

—¿Recuerda algún otro momento tan crítico?

—Desde la guerra civil no se ha conocido nada tan grave. Aquí nadie sabe qué sucederá. Tenemos que ser responsables y cumplir las recomendaciones sanitarias, sino las consecuencias serán mucho más dramáticas para la economía y para todo.

Aunque las tareas en el campo no entienden de descanso, Victorino también se ha visto obligado a reorganizar el trabajo. El hashtag de #yomequedoencasa se ha convertido en #yomequedoenlafinca. «A todos los que viven aquí se les ha dicho que no salgan, salvo uno a hacer la compra, y los que se desplazaban de casa a la finca para venir a trabajar se quedarán quince días en su domicilio. Cuanto antes pase, antes comenzaremos a funcionar», señala. En sus fincas no habrá estas semanas tentaderos ni excursiones. «Aquí no entra nadie», dice.

—¿Puede afectar el coronavirus al toro?

—Es muy difícil. Además, vive en libertad, no ya con dos metros de distancia, sino en muchas hectáreas.

—¿Ve factible aplazar las ferias?

—Es una quimera predecirlo. Debería servir para una reorganización del sector, con unos acuerdos consensuados, y creo que la Fundación puede ser ese elemento de cohesión.

—Han pedido una reunión con el ministro de Cultura. ¿Alguna respuesta?

—No tengo ninguna duda de que nos escuchará. El mundo del toro es un sector estratégico, un espectáculo cultural en el que se concentran miles de personas. No queremos ser más que nadie, pero tampoco menos.

—¿Quiénes son los más perjudicados: empresarios, ganaderos o toreros?

—Todos, especialmente empresarios y ganaderos. Los toreros no facturan, pero tampoco tienen gastos más allá de los del día a día, los vestidos y trastos. Los empresarios han pagado un canon y han invertido en publicidad que no vale para nada. En el caso de los ganaderos, ya no solo es que no existan ingresos, es que todo son costes, tanto por el ganado como por los trabajadores. De mi casa dependen unas veinte familias.

—¿Cuánto cuesta criar un toro?

—Los costes son de unos cinco mil euros por toro. Con esta pandemia, hay que añadirle un plus de casi mil euros más. Cada toro es el padre o madre de familia que sostiene a diez miembros, el único que genera ingresos. Solo se lidia un diez por ciento de la población vacuna, la mayoría machos, aunque también hembras en festejos populares.

—¿Qué pasará con los cinqueños?

—En mi caso tengo cien toros para este año, unas quince corridas, y de esos manejo el 20 por ciento en cinqueños. La suerte es que hasta diciembre no cumplen los seis años. Pero hay otra contrapartida: los cinqueños se pegan mucho y aumentarán las peleas, por lo que si sufren alguna cornada ya no valdrán.

—Los antitaurinos se han congratulado de que muchos toros no vayan a lidiarse por el coronavirus.

—Se retratan como lo que son: dementes, personas enfermas. ¿Qué se puede esperar de alguien que se alegra de un virus que mata a personas solo para que no haya corridas?

«El mundo rural se ha llenado por la insensatez y el modo de manejar la crisis»

—En las ciudades hay una especie de histeria colectiva. ¿Se ve de otra manera desde el mundo rural?

—Ganaderos y agricultores no han fallado. Trabajan para abastecer de productos a las ciudades. El campo puede vivir sin la ciudad, pero la ciudad sin el campo, no. Además, en el mundo rural la propagación es menor. Hay menos densidad de población.

—Hasta la declaración del estado de alarma, con una huida masiva en la que se llenó la llamada España vacía.

—El mundo rural y sus pueblos se han llenado ahora por la insensatez y el modo de manejar esta crisis. Es una irresponsabilidad.

—¿Ha estado a la altura el Gobierno?

—No soy quién para criticarlo, pero en asuntos de bioseguridad hemos estado muy lentos. Es el momento de ser solidarios y estar unidos en las decisiones de Sanidad por el bien de España.

Publicado en ABC

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