La afición taurina pone el dedo en la llaga ante la crisis del coronavirus.

Por Antonio Lorca.

La pandemia del coronavirus no solo ha paralizado la temporada taurina; ha dejado sin aliento a sus seguidores, que analizan con gran preocupación el presente y el futuro de la fiesta de los toros.

En torno a una mesa virtual se han sentado seis aficionados comprometidos, representantes de otros tantos grupos de hombres y mujeres que viven con pasión un ‘veneno’ que les emociona o aburre, según los casos, y esperan pacientemente que pase la tormenta y vuelvan los festejos, esos que hoy, y no se sabe por cuánto tiempo, están suspendidos. De momento, el toro está confinado y con mascarilla, como refleja la foto que ilustra este texto, original de Octavio Mulet, cirujano jefe de La Maestranza.

Aquí están Jesús María Fernández, Diego Martínez y Agustín Colomar máximos responsables de las uniones de abonados de Madrid, Sevilla y Valencia, respectivamente; y Sabino Gutiérrez, José María Sevilla e Isidoro Ruiz, presidentes del Club Cocherito de Bilbao, del Club Taurino de Pamplona, y de la Peña Taurina de Tarazona de la Mancha.

Todos muestran su desazón ante tan inesperada crisis, coinciden en que las consecuencias económicas y anímicas serán muy graves, mantienen serias dudas de que el sector sea capaz por sí solo de afrontar cambios, y están convencidos de que son muchas y variadas las medidas que habría que adoptar para que la tauromaquia sea capaz de ‘resucitar’ e interesar de nuevo al público.

“La situación general es de pesimismo; si ya la tauromaquia no iba por buenos derroteros, ahora la tendencia empeorará”, afirma el presidente de los abonados sevillanos, Diego Martinez. “Esta pandemia nos ha dejado indefensos”, añade Jesús María Fernández. “Este toro, de nombre COVIP 19 -prosigue- mal encarado y avieso, nos ha inferido una enorme cornada en el triángulo de scarpa, de pronóstico grave y de consecuencias imprevisibles”. “Triste” se siente el valenciano Agustín Colomar; “preocupado”, el presidente del Cocherito, Sabino Gutiérrez; “esperanzado de que la situación se resuelva pronto”, el navarro José María Sevilla, y el albaceteño Isidoro Ruiz prefiere trasladar su pesar por los muertos y enfermos de esta tragedia.

Los seis aficionados coinciden en la magnitud de las consecuencias que trae consigo la pandemia.

El navarro José María Sevilla habla de “desastre para todos los sectores taurinos, especialmente para los ganaderos”. Añade que en 2021 habrá un exceso de oferta de toros y bajarán los precios, con el evidente perjuicio para los encastes minoritarios.

Diego Martínez, abonado en La Maestranza, es tajante: “Desaparecerán ganaderías, los pocos ayuntamientos que lo hacen dejarán de subvencionar festejos, disminuirá el número de espectáculos y disminuirá la asistencia del público por temor a los contagios”.

“Las consecuencias serán muy negativas”, asevera Isidoro Ruiz; “especialmente, para quienes tienen animales que mantener”.

A juicio del representante de los abonados de Madrid, Jesús María Fernández, el primer gran efecto ha sido la suspensión de las grandes ferias del inicio de la temporada. Y añade: “¿Cuántos acudirán a las plazas, cuando ello sea posible, con el riesgo de un posible contagio descontrolado?”

Sorteo de la Feria de San Isidro de 2019. Plaza1.

“Graves secuelas económicas y anímicas” aventura Agustín Colomar. Y añade: “La desconexión actual del público y los abonados puede producir un éxodo fatal para la fiesta”.

“Imagino que, a corto plazo, las ganaderías tendrán dificultades económicas; de hecho, creo que están llevando toros al matadero. Esta situación puede reforzar nuestro planteamiento frente a los antitaurinos en el sentido de que si no hay espectáculos el toro bravo desaparecerá”, opina el presidente del Club Cocherito.

Los aficionados ofrecen opiniones distintas sobre los cambios taurinos que puede acarrear la pandemia.

Agustín Colomar lo tiene claro: “La verdad es que no espero ninguno. Visto el inmovilismo del sector en el pasado reciente, no se prevén cambios sustanciales ni tan siquiera mínimos, y, si no los hay, el pesimismo prevalece”.

“¿Cabría la posibilidad de celebrar corridas televisadas sin público? A falta de pan…”

El presidente del Club Cocherito es más ‘políticamente correcto’ en sus apreciaciones: “Habrá cambios en casi todo, así que en el sector taurino también. Veremos cómo se plantean a futuro los espectáculos públicos y con qué tipo de medidas”.

“Es necesario y obligado que haya cambios”, opina Isidoro Ruiz. “La estructura organizativa con la que se desarrolla la Fiesta de los toros”, prosigue, “nos está llevando a una situación calamitosa en cuanto a que los jóvenes se acerquen a los toros y al desencanto de los que ya tenemos cierta edad”.

No muestra esperanza alguna Diego Martínez: “El sector taurino está parado. Nunca antes ofreció soluciones prácticas y originales a la crisis taurina, por lo que preveo pocos cambios o ninguno”.

Y de la misma opinión es Jesús María Fernández: “Sinceramente, atisbo muy pocos cambios, puesto que el mundo del toro está muy dividido y su resistencia a cualquier movimiento se ha hecho patente a través del tiempo, incluido el último siglo”.

Por su parte, el presidente del Club Taurino de Pamplona afirma que “todo dependerá de lo que dure la pandemia”. “Si el año se da por perdido”, añade, “el sector debería estudiar acciones para atraer al público desencantado y, sobre todo, a los más jóvenes”.

La última cuestión del debate plantea qué medidas debería acometer el sector, y las respuestas son amplias y variadas.

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