“Yo siempre he dicho que los toreros de pellizco no tienen una meta, la meta es el camino que se recorre”: Pepe Luis Vázquez.

Por Jaime.

Hay toreros que te demuestran la torería con sólo escuchar un segundo su voz. Uno de ellos, sin duda, es Pepe Luis Vázquez. Con temple, con la voz recuperada, desgrana su recuperación del duro toro del ictus con la torería que tanta ilusión despertó en los ruedos. Sin duda, un torero de los que se añoran en estos tiempos.

Esto es muy lento Jaime, lo voy sobrellevando. En estos días no he podido ir a rehabilitación pero no he dejado de salir todos los días y además he hecho cosas en casa para no perder el ritmo. Dicho esto, es muy lento y requiere mucho tiempo.

¿Ya no vive en el campo?

Yo vivía en el campo pero me vine a vivir a Sevilla a la casa de mis padres y vivo con mis hermanos. Considero que estoy aquí mejor que en el campo porque tengo todo más cerca en caso de cualquier contratiempo. Para temas como la alimentación tengo todo más a mano, por todo esto me venía mejor quedarme en Sevilla.

¿Cómo va llevando la recuperación en estos tiempos tan complicados?

Tengo justificación para salir y a mí, por ello, nadie me dice nada. Voy caminando cada vez mejor. Lo que me pasó fue una trombosis que me afectó parcialmente a la parte derecha y al principio me tiré casi dos meses sin poder andar. Poco a poco, afortunadamente, fui caminando más hasta andar ahora casi una hora.

El brazo derecho le voy moviendo un poquito pero la movilidad en la mano derecha no la tengo todavía. Poco a poco.

¿El susto más grande de su vida?

Fue algo tan inesperado… Es verdad que me pude confiar y no me hiciera las analíticas en su momento. Yo siempre tenía la tensión baja y estaba delgado porque estaba toreando. El año pasado quería torear algún festivalito por mi sobrino Manolo, y estando así, no daba crédito a lo que me pasaba ya que me estaba cayendo para el lado derecho. Vi que la cosa fue seria y me ingresaron diciéndome que era un ictus, una trombosis.

Pero pasito a pasito “palante”.

Sin duda. Han pasado 8 meses y he notado una gran mejoría. En el habla he tenido una gran mejoría y ahora hablo casi normal, antes no podía. Tenía parte de la cara torcida y eso ha mejorado.

¿Cómo vive el encierro en casa?

Hablo con compañeros, tengo una relación grande con casi todos y nos quejamos de la situación tan difícil que se presenta para el mundo del toro. Hay que tomar el año como en blanco. Perdido hasta cierto punto porque habiendo salud, que es lo más importante, las cosas se pueden remediar. Hay que salir con fuerza de este año y el próximo, Dios dirá.

Una de las soluciones que se están planteando es corridas a puerta cerrada, ¿Es usted partidario de ellas, maestro?

Yo no. A puerta cerrada no se pueden celebrar corridas de toros. Es una pena la camada que se pierde, sobre todo para los ganaderos. Dicho esto, corridas a puerta cerrada las veo imposibles.

¿Y televisar tentaderos como dijo ayer Morante en ABC?

Eso podría tener cierto aliciente. Televisar algún tentadero, algún novillo a puerta cerrada… en el campo eso tiene su aliciente. Eso sería viable, no lo veo mal.

Hablamos Viernes de Farolillos, ¿Cómo se lleva?

Todavía no me encuentro con ánimos para haber ido pero se respiraría el ambiente de la feria y lo seguiría en la televisión. En estos días tan buenos que está haciendo vivimos de los recuerdos de otros años en los que se vivían estos días con tanta intensidad.

Recuerdos mayores en la casa de sus padres.

Claro. Aquí estamos en la casa familiar en la que hemos nacido y nos hemos criado todos. Los recuerdos van de la mano de mi padre. Esta casa la tiene desde el año 40, es un santuario suyo y de toda la familia.

En estos tiempos, ¿se recuerda más?

Sí. Mi padre, afortunadamente, nos duró mucho, le disfrutamos mucho. Recuerdo todo eso con mucha nostalgia y también con pena pero lo disfruté. Aquí le tengo en recuerdos por todos los rincones y hay veces que hasta hablo con él, le tengo siempre presente.

Nos marchamos hacia el toreo actual en el que falta pellizco. ¿Maestro, siendo usted arte puro, cómo lleva ver que ahora los toreros sean tan parecidos?

Sí, es verdad. Me he quejado alguna vez de la falta de personalidad, del adocenamiento y de la vulgaridad que impera. Añoro personalidad y variedad, los toreros que con poco digan mucho, lo contrario que pasa ahora.

Usted en 2018, en el festival de la Macarena, hizo rugir a Sevilla con una verónica.

Por eso te digo que echo en falta toreros que con poco digan mucho. Cuando hablo de poco te digo en cantidad. Añoro a los toreros de duende, de personalidad. Hace años había una afición tremenda que miraba más a los toreros que eran capaces de arrebatar con una pincelada, con unos pellizcos de sentimiento.

Ahora todo se mide en orejas, ¿a usted le importaban las orejas?

No, yo quizás haya sido el torero que menos orejas haya cortado en la historia. Se me han ido muchas. Yo metía la espada y mi padre decía que mi espada tenía algo que en vez de matar, revivía al toro (risas). Perdía las orejas pero quedaba el regusto.

Con el tiempo nadie se acuerda de las orejas que cortaste y si de cómo estuviste y si fuiste capaz de hacer sentir a los aficionados lo mismo que tú estabas sintiendo.

¿Se nos ha perdido el corazón a los aficionados con los toreros artistas?

Es una pena, casi se ha perdido. Apenas existen toreros de ese tipo.

¿Morante y poco más?

Sí, poco más. Tenemos a Pablo Aguado que me gusta mucho, torea muy natural y con mucha pureza. Tengo la ilusión de que surja ese torero tan diferente que nos ilusione a todos.

¿Puede brotar ese torero en época de escuelas?

Sí. El torero puede aprender la técnica en la escuela pero puede tener la suficiente personalidad debe poner el toreo de cosecha propia. No es fácil porque en la escuela hay otros valores como la técnica o la colocación. Esos toreros ahora funcionan, tienen mucho valor, pero si surge un torero con personalidad propia y con algo que decir se abre un hueco siempre.

Maestro, ¿no cree que usted hubiera destacado aún más ahora que escasea el torero de pellizco?

No lo sé. En mi época había toreros como Antoñete, mi tío Manolo que me dio la alternativa, con el que más he toreado ha sido Curro. He toreado con Paula y encajaba yo porque los toreros de este corte no nos estorbamos, nos complementamos.

Creo que hubiera tenido hueco.

Para eso el público debe valorarlo.

Por eso te digo. El aficionado de entonces entendía mejor a este tipo de toreros, era mejor aficionado que ahora.

Si seguimos comparando, es difícil ver a un artista en una de Miura como usted.

Sí, las mataba. Si nos volvemos más atrás vemos como mi padre fue el torero que más corridas toreó en la feria de Sevilla de Miura. Eran otros públicos, otra afición y te lo exigían. Además tenían la capacidad de esperar a toreros de ese corte porque sabían que en cualquier momento surgía…

¿Y no piensa en el toro artista de ahora, ideal para su toreo?

Piensas qué hubiera pasado pero tampoco sé si el público me hubiera soportado durante una mala racha. Con nosotros hay que tener más paciencia que con los demás. No sé qué época sería mejor para mí porque el público no sé como me valoraría.

Por supuesto, su historial está ahí.

Yo pude torear con los toreros más artistas que haya habido en la historia. Pude torear con Paco Camino cuando reapareció y es un referente en la historia del toreo.

Maestro, me decía que usted no daba importancia a las orejas. Es algo que me llama la atención cuando se compite como pasa en el toreo.

Yo he sido un torero que no me he puesto una meta. Yo siempre he dicho que los toreros de pellizco no tienen una meta, la meta es el camino que se recorre. Nuestro máximo triunfo será que te recuerden.

La frase es lapidaria. Las puertas grandes se olvidan.

No se recuerdan. Lo que se recuerda es lo que te llega al alma. Las puertas grandes están bien, la gente, la multitud… Muchas veces la soledad, el sentimiento llega lejos de la multitud y de la muchedumbre.

Maestro, si le pidiera el primer muletazo que le viene a la mente.

En estos días me han mandado un vídeo de una corrida de Madrid que no había visto nunca. Era una de las despedidas de Antoñete, una de las últimas que toreó en Madrid, una feria de otoño. Un vídeo que está muy bonito, muy bien hecho, de David Cordero. Se me ve una faena que muy bonita. Brindé a Antoñete en ese otoño del 1985 y me ha emocionado ante el toro de Jandilla. Fue un toro al que corté la oreja de casualidad porque le pinché, le salió la espada por la barriga.

No sé como me dieron la oreja, le maté a pellizcos. Lo bonito es que los aficionados te lo mandan, lo recuerdan, es muy bonito. Es precioso recordar lo que se vivió allí en una faena en la que no pegué más de veinte muletazos. Fueron muy sentidos y con mucha pureza.

Ese cariño que usted se ganó es muy bonito que siga 35 años después.

Tengo mucha suerte porque me llevo muy bien con toreros, con banderilleros, con todo el mundo taurino. Me quieren, soy querido y los he admirado mucho. He admirado a los toreros y les admiro porque sé lo que cuesta ponerse delante de un toro.

Me puede gustar más o menos un torero pero les admiro porque no puede quitarse a los toreros el mérito de ponerse delante del toro.

Voy terminando, ¿cómo lleva la carrera de su sobrino?

Lo llevo bien. Toree con él cuando debutó con picadores en Osuna. Ahora tenía previsto torear con picadores en Sevilla con una de Rocío de la Cámara. Es muy joven y este año puede prepararse para debutar aquí el año que viene.

¿Le está inculcando la vena artista?

Risas. Él tiene la vena del artista. Él ha entrenado mucho con Morante, me ha visto a mí, a su abuelo… Él se inclina, yo creo, por ello porque le corren por las venas mucho sentimiento y muy buenas maneras de torero.

Maestro, ¿pesa el apellido?

Sí, en algún momento pero cuando estás delante lo estás tú. Ahí enseñas lo que te corre por las venas. Cuando toreaba no me daba cuenta si pesaba o no. Posiblemente tenía más responsabilidad por mi padre pero cuando salía el sentimiento era el mío, el que me habían transmitido sobre a pureza. En alguna ocasión me decían que era una bendición torear tan fácil y a mí no me ha costado eso trabajo porque me lo han transmitido mis mayores.

¿Qué tiene Sevilla para que brote el arte?

Será el río Guadalquivir con ese aroma y ese vientecillo que nos baña y nos deposita esa cultura que viene de nuestros ancestros. Todos eso influye en el toreo.

La movilidad en el brazo va despacio. Sea sincero, ¿cuántas veces ha mirado a la muleta como estímulo?

Risas. No sé si volveré a torear con esa mano porque el médico tampoco lo sabe. Me daría mucha pena no volver a torear en el campo porque todavía podría torear en el campo alguna becerra. En fin, si no puedo con la mano derecha que sea con la mano izquierda.

Oleeee

(Risas muy toreras).

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