Opinión: La muerte de Simón Casas.

Por Juan Diego Madueño.

No sorprende que ANOET haya boicoteado la iniciativa de echar adelante la temporada. Entra dentro de la larga tradición de empresarios suicidas que campan a sus anchas por la industria seca. A su presidente no le parece bien que se organicen corridas de toros. Prefiere centrarse en 2021 ya, como si aparentar que 2020 no existe hiciera desaparecer sus deudas, ese olor a muerto viviente que llega cada vez que asoma en los medios.

Como los muertos tienen bastante con morirse, no se les puede exigir coherencia en el discurso. En Midilibre dijo hace un par de semanas que habría una posibilidad de dar toros si se adaptaban los toreros a la dañada economía de producción, su clásico e imperecedero hit. Era el luminoso Simón Casas de Francia. Y el otro día aceptaba esconder la temporada para renacer en marzo o en abril o en mayo, cuando ya nadie se acuerde de los pagarés con los que ha regado la industria. El oscuro Simón Casas de España. Entre los toreros no eres nadie si el francés no te debe algo. Y Simón Casas no sería nadie si no hubiera utilizado las deudas para saltar de una plaza a otra en lo que en realidad es un bucle de fugas maquilladas por un discurso demagogo y grandilocuente.

Los aficionados se echaron a la calle, las figuras se reunieron, decidieron actuar en bloque y se mezclaron con los aficionados, dos milagros de tres, y en el tercero el hechizo se rompió: la patronal aconseja no dar toros agarraditos a los contratos públicos que los hunden y los salvan. Se acuerdan de la viabilidad cuando hay que esforzarse, como si Simón Casas no hubiera hecho inviable la tauromaquia pagándole a las estrellas lo que no había si así podría mantener esas cuotas de poder que van deshaciéndose como azucarillos bajo sus pies. Si uno sigue el rastro de las declaraciones o algunas entradas en blogs sin sintaxis, se puede ver cómo sus socios ya lo han acorralado: a ver quién es el primero en dejarlo caer.

Qué dirán los toreros a sus apoderados, los lacayos de Simón Casas en esa asociación consumida por las termitas de la pereza, cuando después de todo, de las proclamas, las manifestaciones, el activismo político, los jefes del tinglado deciden que no vale arriesgarse, que es mejor no dar toros, dejar pasar la oportunidad de demostrar que los taurinos son algo más que taurinos.

Publicado en El Mundo

1 comentario »

  1. Juéguese el patrimonio en pro de la fiesta brava y después de arriesgarlo, aprópiese de la autoridad para criticar a los empresarios. Es fácil invertir tres duros en una publicación y apoltronarse como crítico y juez supremo… más seriedad jovencito

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