Opinión: Los errores de siempre.

Por Javier Lorenzo.

En plena pandemia y con la esperanza de que la tauromaquia recupere la vieja normalidad en la medida que se pueda y el virus deje, aparecen varios carteles para agosto, que deberían ilusionar al aficionado al que se le reclamará la presencia con su paso por taquilla. Y lo que hacen es volver a un pasado que no invita al optimismo. Es como retroceder en el tiempo y como si todo siguiera igual. Cuatro carteles que copan toreros veteranísimos que bien se podrían haber cerrado hace diez, quince, ¡veinte! años. Y más de lo mismo, ni un guiño al futuro. Ni lo que está en la calle ni lo que aparecerá. Como si el toreo se siguiera alimentando única y exclusivamente con los toreros que llevan protagonizando ferias y festejos las dos últimas décadas. Nada ha cambiado. El toreo sigue cayendo en sus mismos errores y frenando la irrupción de valores, que no tienen sitio, ni opciones de aparecer y menos destacar para rejuvenecer el escalafón e insuflar ánimo a la afición, ávida de caras nuevas y estímulos, ansiosos de ver nombres que sean capaces agitar el escalafón. Removerlo y generar la verdadera competencia de quien tiene el cetro y quien lo quiere ocupar para incitar al público a que se siente en los tendidos. Y no hacerle ver una película que se conoce de memoria.

Parece, una vez más, que el toreo es incapaz de dar un giro. De reinventarse, enmendar sus errores y abrir una ventana al futuro que se presenta crucial para la continuidad. El toreo va a volver a la actividad por abajo, por la esencia de los pueblos; y ahí sin exigencia ni compromiso, ni siquiera el toreo es capaz de abrirse y hacer un guiño al futuro. Anunciar a los nuevos valores. Carteles con esa mezcla necesaria de la figura que atraiga público, el torero con buen ambiente y el joven revelación que ha triunfado (que los hay, pese a todo) o el torero local que necesita una oportunidad para forjarse y asomar la cabeza en el banquete en el que solo comen unos pocos. Una situación lamentable y egoísta que ya llevó al toreo a la situación crítica en la que se encontraba antes del virus. E incluso antes de que irrumpieran en el gobierno esa caricatura vomitiva que son Pedro y Pablo sobre los que descargamos las iras y los males del toreo, cuando el problema está dentro del hermético e inaccesible entramado taurino. Y la solución la tenemos nosotros. Luego ya iremos a por Sánchez y e Iglesias. E incluso a por el virus. El toreo en este tiempo ha sido incapaz de plantear sus males. Se pasará el virus y todo seguirá igual. Igual de mal.

Cuatro carteles han salido. Navas de San Juan, Santisteban del Puerto, Osuna y la intención de Béziers: Ponce (en los cuatro), Curro Díaz o Castella, con Ventura y Lea Vicens. Esa es la oferta. Ni aunque le pase una pandemia por encima el espectáculo, y quienes mueven sus hilos, es capaz de pensar en el futuro. Y así sigue condenando las ilusiones de los jóvenes que estén llamados a coger el testigo del futuro, que pasa por el cambio de la mentalidad de las figuras y empresas que ansían seguir comiéndose solos una tarta a la que le quieren poner fecha de caducidad, sin dejar saborear siquiera las migas a los que deberían de ilusionar e incluso coger el mando en no mucho tiempo. Ni les dejaban antes ni parece que les vayan a dejar cuando se logre tumbar al virus.

Publicado: La Gaceta de Salamanca

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