FERIA DE LAS COLOMBINAS: Puntúa la quietud de Castella en Huelva.

Sebastián Castella. Foto Julián Pérez, Efe.

El francés corta la oreja de más peso de la tarde. Una mala corrida de Juan Pedro Domecq condiciona una larguísima tarde en la que De Miranda obtuvo dos cariñosas orejas; Ponce saludó dos ovaciones; Andrés Romero, también tocó pelo.

Por Gonzalo I. Bienvenida.

Un cruce de comunicados disparó la polémica sobre las medidas sanitarias aplicadas en la primera corrida de la plaza de toros de Huelva. Las fotos de los tendidos cuajados, con algunos espectadores sin mascarilla y con una dudosa distancia social. El Ayuntamiento exigía el cumplimiento del protocolo marcado por la Junta eximiendo su responsabilidad. La empresa contestó asegurando que se habían vendido menos del 50% de las entradas del aforo como marca la ley, que, además, se había respetado la distancia interpersonal y, por supuesto, se habían puesto a disposición de todos los espectadores geles desinfectantes. Por megafonía recordaron las medidas antes del paseíllo. Pareció aplicarse y controlarse mejor en la tarde del domingo, aunque hubo gente que a las tres horas del interminable espectáculo no podía ni con la mascarilla ni con su alma.

Con gesto más serio que en las tardes anteriores, Enrique Ponce afrontó su primer paseíllo en una plaza de segunda categoría. Lucía el vestido blanco y azabache con el que padeció la dura lesión que le tuvo meses apartado de los ruedos. El mismo terno con el que regresó en el Puerto de Santa María, ese traje que homenajea al Valencia CF. El chaleco en oro, detalle de torero, le distinguía de un subalterno de Andrés Romero que llevaba un traje similar.

Apoyando al Maestro Ponce.

El precioso burraco que hizo primero humilló en las sutiles verónicas a pies juntos del valenciano, la vertical media en la cadera fue bella y sencilla. El toro mostró debilidad de remos y falta de recorrido real. El maestro de Chiva lo hizo todo para el toro, aliviándolo a media altura, con gusto. Las tandas no permitían el ligazón esperado por la falta de fondo del toro que se quedaba por debajo sin empuje ni maldad. Tiró de recursos, con floreados molinetes, alegrando la embestida con el paso, queriendo agradar. No rompió el de Juan Pedro Domecq.

Más suelto se mostró Ponce ante el sexto, un toro más hondo y de mayor volumen que sus hermanos. La verónica genuflexa dio paso a unos lances suaves de correcta factura. El inicio con la muleta tuvo mando para ordenar las embestidas. Comprendió que el toro requería esa firmeza para poder componer la faena. El manejable juampedro tuvo bondad pero falta de transmisión. Iba camino de lograr un trofeo pero la estocada suelta y el descabello enfrió el ambiente. La ovación agradeció la disposición del valenciano. Esta tarde toreará en Plasencia la cuarta consecutiva y el jueves regresará al ruedo gaditano de la mencionada reaparición de 2019.

Los estatuarios de Sebastián Castella concentraron la atención en un súbito silencio. Pies juntos, el pecho mirando al toro, la muleta por delante. El tren pasó coreado por un ‘uy’. Se frenó el colorado que miraba la espalda del francés extrañado por la inmovilidad. Cite de espaldas y otro arriesgado muletazo esta vez encadenado con otros seis sin moverse hasta abrir el compás y rematar la tanda en un redondo dormido. Temple del toro que se acabó en el exigente inicio. Después, el número de pases fue innumerable. El toro quiso descolgar en el embroque pero terminó sacando la cara por encima del palillo. Hubo muletazos despacio, con ritmo, que sumaron argumentos hasta alcanzar la oreja de mayor peso de la tarde.

Estrechito de sienes y avacado fue el séptimo, un toro que bajó la presentación hasta entonces correcta de sosa corrida de Juan Pedro Domecq. Se apagó demasiado pronto y el francés porfió abusando de la paciencia infinita de la afición de Huelva que por fin explotó cuando arrastraron al descastado toro.

El valor de David de Miranda está contrastado. No sólo por haber superado la grave lesión cervical que a punto estuvo de dejarle tetrapléjico, sino por su actitud en el ruedo. El quite por saltilleras fue de seis lances seguidos, a cada cual se quedaba más debajo el toro hasta que se frenó en el embroque. Aguantó impertérrito el onubense que resolvió con una revolera enroscada en su cuerpo. La ovación fue tremenda. Al toro le faltó fondo, tras el inicio empezó a mostrar su escasa acometividad. A De Miranda le funcionó la cabeza buscando la ligazón con seguridad y con su vertical estilo. Tras un pinchazo se fue como una vela tras la espada y cobró una cariñosa oreja.

Otra oreja cortó al que cerró la noche David de Miranda, alzándose así como el triunfador definitivo de la noche. Pese a que no se le puede recriminar nada al onubense que derrochó actitud en todo momento, la oreja fue un regalo de cariño y apoyo por parte de sus paisanos. El toro de Juan Pedro que cerró el pesado festejo tuvo la idéntica escasez de raza que sus hermanos sumada a un geniudo comportamiento. Terminó rajándose.

El rejoneador Andrés Romero abrió la tarde con una irregular faena. Las cabriolas y los arriesgados encuentros se intercalaban con evidentes desaciertos. La faena fue larga, con un toro de San Pelayo (Verónica Gutiérrez) que tuvo transmisión. El murube tuvo el ritmo esperado para el toreo a caballo. Romero obtuvo una oreja un tanto forzada. La actuación ante el sexto fue brindada al triunfador de la tarde anterior, a Miguel Ángel Perera que se encontraba en un tendido alto de sombra. Romero firmó una faena de larga duración ante un toro que colaboró micho. Hubo momentos brillantes arropados por sus paisanos.

Publicado en El Mundo

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