Las orejas, orejillas y orejitis de Cañabate.

El crítico de ABC luchó siempre contra la moda incontrolada de concesión de trofeos durante los años sesenta.

Por Ángel Abad.

Entre finales de los años cincuenta del pasado siglo y comienzos de los setenta, Antonio Díaz-Cañabate luchó desde las páginas de ABC contra la concesión incontrolada de trofeos y contra la monotonía en los ruedos. Fue una constante en su etapa al frente de la crítica taurina, que desarrolló bajo el denominador común del ingenio.

Si el premio le parecía excesivo rebajaba las orejas a la categoría de «orejillas», y no dejaba pasar el triunfalismo de tal o cual tarde sin recurrir a la «enfermedad», tan común entonces, de la «orejitis»; un «tic nervioso» de los presidentes a la hora de sacar el pañuelo blanco para dar y regalar trofeos a diestro y siniestro.

En una de sus crónicas, de una corrida celebrada en Las Ventas a comienzos de agosto de ahora hace cincuenta años, el popular «Caña» insiste, una vez más, en los problemas del toreo, cuyo resumen bien podría trasladarse a la época actual. En aquella ocasión, quien le confirma al crítico todas sus teorías es su amigo Alberto, «un alma De Dios», al que no veía desde hacía tiempo.

«Estaba deseando hablar contigo para decirte que estoy totalmente de acuerdo con tu opinión sobre las orejas». Alberto le recuerda al cronista que ha sido aficionado a una fiesta «que ya no existe tal y como la conocimos», y que por eso ya iba a pocas corridas. «Me aburro. Son todas iguales, porque todos los toreros son idénticos. No puede haber sorpresas como antes, de antemano ya sabes cómo van a estar los toreros, lo que van a hacer más o menos, que siempre es más bien menos».

Sigue la crónica de aquella corrida del verano venteño con el relato del amigo, que le cuenta que el domingo fue a los toros porque su mujer se empeñó: «A mi mujer no le gustan los toros, lo que le encanta es que haya orejas, cuantas más mejor». Y aquí repetía lo del «tic nervioso», y lo difíciles que se pusieron los trofeos para Bernadó y García Higares con toros imposibles de Antonia Tovar, y la alegría de la esposa del amigo por la que se llevó Chanito, pese a la espada, y el rejoneador Curro Bedoya. Fruto de la euforia, el crítico ironizaba y contabilizaba también como oreja la vuelta al ruedo que se le dio al novillo para rejones del Marqués de Albayda. Ya puestos…

Publicado en ABC Toros

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