Juan Ortega, el último discípulo del toreo sevillano.

El diestro hispalense impactó en la feria de Linares tras orquestar una antológica faena en la que confluyeron reminiscencias de todos los históricos de la torería sevillana

Por Jesús Bayort.

En la Plaza del Altozano conoció Juan Belmonte su vocación torera. Más de un siglo después, y frente al monumento del Pasmo de Triana, es Juan Ortega quien se presenta ante el maestro Emilio Muñoz, legítimo heredero del toreo trianero. Y es el de la calle Pureza el que inicia la conversación: «Enhorabuena, Juan. De ahí para arriba». Fue él quien comentó a través de los micrófonos del canal Toros la mágica faena de Ortega en Linares, una sinfonía que introdujo todos los movimientos del toreo de Sevillano, desde Triana hasta la Alameda de Hércules.

Idéntico recorrido del que hizo Manuel Jiménez «Chicuelo», que se mudó de su natal calle Betis al actual número 89 de la alameda. La céntrica plaza tiene mucho que envidiarle al viejo arrabal: Triana ha sabido conservar gran parte de su esencia; pero de aquella Alameda castiza sólo se ha respetado el domicilio de los Chicuelo. A Emilio Muñoz se le cae el alma a los pies cuando se percata de la antigua casa de los Gallo en la Alameda: una variopinta discoteca. «¡Pero si no han dejado ni un triste azulejo en su recuerdo!».

La entrada de la casa de Chicuelo se conserva tal cual se aprecia en la imagen

Dos viviendas más adelante les esperan los últimos afluentes de la escuela sevillana: Rafael Chicuelo y Rafael Torres; además de Pepe Luis Vargas, mentor y hombre de confianza de Juan Ortega. El domicilio de Manuel Jiménez Moreno se conserva tal y como él lo dejo. Un ensimismado Emilio Muñoz desconocía el histórico museo que albergan estas paredes: fotografías, documentos, trofeos, cabezas… Comienza aquí la tertulia, deshaciéndose los maestros en elogios hacia el toreo de Juan Ortega. La escuela sevillana y el toreo de Triana legitimando a la última ilusión hispalense:

Rafael Chicuelo (RC). ¿Que qué me pareció Juan Ortega? Ahí está, que llegó sin cartel y ahora es el que más tiene. Cuando se torea así, tienes que funcionar a la fuerza. Además que no te olvidan ya. Jamás. A todo el que haya cuajado un toro de verdad en una plaza importante, o con la televisión de por medio, lo etiquetan como «torero» para toda su vida. Y a todo el que vaya naciendo se lo recuerdan.

Rafael Chicuelo y Juan Ortega – J. M. Serrano

Rafael Torres (RT). Hacía muchísimo que no se veía el toreo, tal y como lo han interpretado Aguado y Juan. Hoy día se arriman una barbaridad los toreros, como Roca Rey, que emociona a todos los públicos; pero salen estos dos toreando de esa manera y se te saltan las lágrimas. Lo digo de corazón: gritaba «ole» en mi salón.

Emilio Muñoz (EM). Qué bonito cuando se torea así. Y tienes toda la razón, Rafael, hoy se ha encauzado el toreo hacia la técnica y el poder. Por eso se le hacen tantas cosas a los toros. Pero cuando aparece un señor con los chismes lacios y cogiéndolos con las yemitas de los dedos, pone a todo el mundo de acuerdo. No quiero quitarle méritos a los otros, pero este torero es especial. Esto es lo mismo que si no entiendes de cuadros y ves La Gioconda o Las Meninas: sabes que ahí hay algo especial.

EM. El término profundidad está desvirtuado en nuestros días. Para mí, el toreo puro es el que tú le das el pecho al toro. No le puedes dar la cacha. Por eso decimos que esto nos pone a todo de acuerdo: Juan le bajaba la mano con naturalidad, vaciándolo por debajo de la pala del pitón, dándole el pecho y pasándoselo muy cerca. Es que el pitón le afeitaba los vellos de las espinillas. De verdad, con qué gusto volví de Linares en el coche.

RC. Cuando se torea bien, el toro te pasa más cerca que nunca.

EM. En el toreo sevillano ha habido toreros con mucha pinturería, pero después eran muy profundos. Esa pinturería se basaba en un kikirikí, en andarle a los toros, en un recorte…

RT. Dicen que Manolo González fue un torero muy valiente.

EM. Y también dicen que no creció de lo que le pesaban los… ¿Y Diego Puerta? Con otro corte, pero era un torero más pinturerísimo. Y después está Pepín Martín Vázquez, que ha sido el torero más barroco y con mayor naturalidad de los que yo he conocido.

RT. Fíjate cómo sería Pepín que estuvo sólo seis años y ha sido recordado para toda la historia.

Pepe Luis Vargas (PLV). Yo llevo más de cinco años entrenando a diario con él. Fue todo a raíz de una conversación que tuvimos en un encuentro y se lo dije: «¿Tú por qué no toreas?». Yo siempre le he hablado de lo que aprendí junto a los maestros que hay en esta mesa. Y me llamaba la atención que le hablaba de una cosa y era capaz de transformarla para darle un sello propio. Yo disfruto todos los días viendo a Juan entrenar. Y un día me enseñó las cosas que coleccionaba de niño: tenía fotos de Cagancho, de Gitanillo de Triana, de Pepín, de Paula, de Romero… Es el toreo que le ha gustado desde niño.

Rafael Torres, Emilio Muñoz, Pepe Luis Vargas, Juan Ortega, Rafael Chicuelo y Manuel Chicuelo – J. M. Serrano

PLV. El otro día estábamos en el campo y salió una vaca con mucha fuerza. Le dije a Juan que se doblara con ella para someterla. Y él, en cambio, lo hizo derecho, y empezó por arriba. Pensé: “Ya se la ha cargado”. Continuó ayudándose por bajo y con trincherillas. Así la sometió. Lo bordó.

EM. El inicio de faena es fundamental. Yo lo he mamado de vosotros. Mi padre no me enseñó a torear, me llevaba a los toros y me decía: «niño, calla y aprende». Y a colación de lo que dices, es que hoy día no ves pegar ni una trincherilla. O un ayudado por bajo. Son cosas que hay que inculcárselas a los discípulos. Y eso es algo que está en manos de quienes sacan toreros.

PLV. Recuerdo que cuando llegué de Écija con 13 años veía a los banderilleros entrenar y todos toreaban de categoría. Hasta los aficionados lo hacían con gusto. Un día, entrenando en Triana, pasó un taxista que paró el coche y me pidió prestado el capote. Pegó seis o siete lances que parecía Curro Romero. Eso ya no se ve. Pepín Martín Vázquez me decía que toreara con la muñeca muerta. Y hay un aspecto fundamental que siempre he intentado inculcárselo: el sentido de la medida.

Emilio Muñoz sabe lo que es llegar a hombros hasta la capillita del Carmen – J. M. Serrano

EM. Pues nada, pases y más pases. No se puede aburrir a la gente. Al final, lo más importantes es que Sevilla vuelve a tener tres toreros. Los que estamos aquí sentados, por encima de toreros, somos aficionados. ¿Y qué nos gusta? Pues tenemos a Morante, Pablo Aguado y Juan Ortega. Este debería ser el cartel del Domingo de Resurrección, si es que se celebra.

Con Juan Ortega se cumple la máxima de Belmonte: «Se torea como se es». Estuvo tres horas sin apenas articular palabra. Observaba, cuan niño entusiasmado, cómo los maestros departían del toreo. Desde Gallito hasta nuestros días. Y al propio Emilio Muñoz se le caía la baba cuando Rafael Chicuelo contaba que había visto tentar al Pasmo de Triana. Son tertulias que tienden a desaparecer, aunque otrora se sucedían a diario en icónicos lugares como el Café París o en Los Tres Reyes.

RC. Yo era un niño cuando iba a Gómez Cardeña con mi padre (Chicuelo), Rafael «el Gallo» y Juan Belmonte. Fíjate qué tentaderos. A mí Juan me pedía que sujetara al Gallo porque se escapaba por el burladero y se ponía delante de las becerras para ponerlas al caballo. Y éste me decía muy serio: «Niño, ¿te vas a quitar de ahí?». (…) Y después recuerdo un día en el que Belmonte le dijo a su hijo: «¿Te vas a poner de una vez? Que aún no he visto cómo es la vaca». El niño le contestó: «Pues baja tú». Y bajó. Y tras armarle un jaleo le dijo: «Ya la he visto».

Juan Ortega. Esta es de las tardes más felices de mi vida. Tenía el honor de conocer a la familia Chicuelo, pero juntarlos con los maestros Rafael Torres y Emilio Muñoz, con los que nunca había tenido la oportunidad de tratar, y más si cabe con la excusa de la faena de Linares, es increíble. Yo me quedo con esto, de verdad. Hemos hablado del toreo y de la vida. Jamás he tenido una reunión como esta.

EM. Hay un inconveniente: esto está dirigido por empresarios que son apoderados. Pero si no le dan la oportunidad, van a cometer un error. Y deben dársela con corridas potables. No podemos echarle agua al zumo de naranja. Fíjate lo que le hicieron a Aguado el Domingo de Resurrección con la que había armado. Y era el primero con el que debían haber contado. Por lo menos este año; el que viene, Dios dirá. Había que preguntarle: «¿qué quiere usted, señor Aguado?».

La escultura de Manuel Jiménez «Chicuelo» está situada junto a las de Manolo Caracol y la Niña de los Peines – J. M. Serrano

EM. El toreo está necesitado de renovación. Yo con esto no pretendo que las figuras se vayan, porque se lo han ganado, pero no podemos mantener un espectáculo con toreros con tantos años de alternativa. Los carteles de hace veinticinco han variado en tres nombres. Vamos a darle la posibilidad de que se muestren, y si no la aprovechan, el problema será para ellos. Si los empresarios fueran inteligentes, hay unos pocos de toreros jóvenes con cortes diferentes: Pablo Aguado, Juan Ortega, Emilio de Justo, Daniel Luque…

Manuel Chicuelo (nieto): «Yo he llegado a esta conclusión: una cosa es pegar pases perfectos y otra es torear. En el cite del muletazo perfecto ya sabes cómo va a ser. Y el que torea, le pega el muletazo y sin darse cuenta se abandona en mitad del pase. Y esto último es lo que llega a los aficionados. El toro de Linares lo coge otro y le pega pases, pero de momento te dice: «es que se ha apagado pronto». Pero el toro tenía 25 arrancadas para hacer que hierva la olla».

EM. Cuando los toreros nos granamos como hombres, la cabeza te hace torear de otra forma. Cuando estás cuajado, que no eres ningún niño, sabes que tienes que funcionar. Este hombre sabe que está en su momento. Porque los trenes pasan pocas veces. Hay días que no se pueden escapar.

Juan Ortega está anunciado el próximo 12 de octubre en el coso de Los Califas de Córdoba en un mano a mano con Morante de la Puebla. Un gesto que honra al torero cigarrero, respaldando al cuestionado José María Garzón como empresario y abriéndole las puertas principales a Juan Ortega. Se pretendió que la corrida acartelara a la famosa terna sevillana ya citada, pero Pablo Aguado ha declinado su comparencencia por unos problemas musculares en el brazo que le impedirán llegar al cien por cien para el próximo 12 de octubre. Mientras Aguado se recupera, Sevilla ya tiene un cartel para ilusionarse.

Emilio Muñoz y Juan Ortega dialogan con la Puerta del Príncipe del fondo – J. M. Serrano

El toreo de Triana: desde Antonio Montes hasta Emilio Muñoz

Si Juan Belmonte encontró en la figura del banderillero Calderón el modo de interiorizar el toreo de Antonio Montes, Emilio Muñoz tuvo a Manolo Luque para transmitirle el toreo belmontino: «La axioma de Belmonte era que al toro había que darle el frente y que las puntas de las zapatillas debían mirar a las puntas de los pitones. Eso siempre me lo ha inculcado mi maestro Manolo Luque», sentencia Muñoz.

En la misma calle Pureza nació el comienzo y el ¿final? del toreo trianero. Desde Antonio Montes hasta Emilio Muñoz. Una vertiente del toreo sevillano con «mayor desgarro y aires barrocos», según explica el maestro: «Yo encontré este concepto durante mi primera retirada. Me di cuenta que mi tauromaquia debía estar basada en la máxima de Juan Belmonte. Y es a partir de ese momento cuando más pude sentirme torero».

Ahora es Juan Ortega, nacido en la Cruz Roja de Triana y criado en el otro extremo de la ciudad, el que debe encontrar su propia tauromaquia. «Juan, siendo un torero nacido en Triana, ha toreado como en Sevilla. Menos desgarrado. Belmonte era un torero más barroco, pero Juan le imprimió más profundidad y naturalidad en Linares», sentencia Emilio Muñoz.

Publicado en ABC Sevilla

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