Opinión: Invierno, hay que hablar…

Por Javier Lorenzo.

Las figuras quieren sentarse a hablar con los estamentos del toreo. ¡Noticia! Pero aplazan el encuentro al invierno. El que nunca llega. Ahora, la tele es el problema de fondo. Lo que les incomoda y desvela. Canal Toros, Andalucía o Castilla La Mancha han avalado muchas funciones este año en el que la mayoría ahuecó el ala. Los toreros están molestos con la tele y el toreo debería de estar molesto con quienes tienen el mando, empresarios o figuras, que no hacen nada para proteger y garantizar el futuro del toreo pensando solo en sus intereses. El gran problema de la tele es que los toros no existen en TVE. Ese sí es un problema que deberían solucionar para finiquitar el ninguneo.

El domingo, al acabar su faena en Nimes, Castella abrió la caja de los truenos. “Este invierno hay que hablar”. Y la tele como telón de fondo. Si lo es, que lo dudo, en la lista hay muchos por delante si se quiere asegurar el futuro de este arte. Si es que de verdad alguien que no sea el toro o el aficionado tiene interés en que la Fiesta siga viva cuando los gerifaltes de hoy ya no estén. El problema viene de largo. Aquí nadie quiere pensar más allá de sus intereses personales ni mirar fuera de su ombligo. Ahora, dicen, hay que hablar. Todas las partes. Bien. Pero todas esas partes deben pensar en el bien del toreo, como bien común, no como interés particular. Si no hay toreo, nadie gana. Todos perdemos. Así de sencillo. Lo malo es que muchos, parece, prefieren que el toreo desaparezca a ellos condenar un céntimo de su beneficio o una gota de su sudor. A esos, el toreo no les importa. Como tampoco le importa firmar el parte de defunción de la Tauromaquia y ser sus últimos protagonistas. Deben de pensar que tanto abuso, de todos, ha llevado a la situación que estamos. Contra las cuerdas. Y no tiene culpa ni el virus, ni el Gobierno ni los antitaurinos. Dejen de mirar para fuera y busquen y solucionen dentro. Aquellos, con la pandemia a cuestas, no han hecho más que dejar las vergüenzas al aire de un mal que arrastra la Fiesta desde hace tiempo. Problemas como dar paso a los nuevos valores, con fomentar y proteger la base, con cuidar el toro, con preocuparse y valer por la afición, por llegar al gran público, por conseguir que el toreo vuelva a los medios de comunicación generalistas para que él y sus protagonistas (¡sus protagonistas!, repito. O sea ustedes, vosotros) vuelvan a tener importancia y a formar parte de la sociedad, para que los conozcan, admiren y respeten. Para todas esas cosas, y muchas más, hace falta reunirse y buscar soluciones. Y hace falta unión. E ideas claras.

El jueves, Toñete, un joven con la vida resuelta que soñaba con ser torero, anunció su retirada. Y su jugosa carta de adiós rezaba: “Muchos problemas del toreo vienen de dentro. Debemos eliminar de raíz todo lo que nos haga estancarnos y no avanzar hacia el espectáculo moderno, actual y apetecible”. Lo dice uno que ha estado dentro. Que ha vivido el toreo. Que lo ha sentido. Y que ha decidido sin rencor ni amargor poner su objetivo en otro sitio. Quedan 89 días para que empiece el invierno. Tienen el otoño recién estrenado por delante. Pueden seguir esperando. Y pueden seguir perdiendo el tiempo. Como tantos inviernos, hasta que vino un virus, dinamitó esto y les dejó en evidencia.

Hablen, a lo mejor no es tarde.

Publicado en la Gaceta de Salamanca

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