Enrique Ponce, Luque y el himno nacional.

Luque. Foto André Viard.

La temporada taurina sigue defendiéndose de los efectos del coronavirus (¿y quién no?); lo hace con un goteo de noticias que mantienen la tensión e incluso de un rosario de festejos a cargo de empresarios valientes y toreros altruistas, a los que se ha sumado el Plan de Reconstrucción impulsado por la Fundación del Toro de Lidia. Lo último ha sido la gran tarde de Ponce en Granada, impactante: este tío sigue sorprendiendo en su pasión frente al toro. Esta vez a un ejemplar de Juan Pedro lo toreó con ansia novilleril y la templanza de los grandes maestros, de pie y de rodillas, ante el asombro general. Es un devora calificativos insaciable.

De las tierras nazaríes, cuadrillas y cámaras se trasladaron a Úbeda, donde era el turno de Juli y Álvaro Lorenzo. No faltó buen toreo ni tampoco polémica, la afición taurina lo lleva en su mapa genético, así que a falta de Madrid y sus tendidos más aguerridos, la batalla de las descalificaciones se libra en las redes sin tener en cuenta la categoría de la plaza (Úbeda es de tercera) ni el carácter benéfico del festejo y se pusieron a juzgar o mejor a disparar contra lo que se movía (el toro) y contra lo que estaba quieto (los toreros, especialmente Juli) es decir contra todo. A estas alturas la cuestión tiene más de anecdótico que de sustancial, pero sigue salpimentando los ambientes.

Otro nombre de la temporada está siendo Daniel Luque. En España como en Francia aparece como un torero en plenitud, a punto para encarar a los más importantes, sabe torear, tiene valor y tiene descaro. Lo último ha sido en Dax, gran tarde la suya, donde el público que llenaba la plaza en el aforo permitido, que era mucho, desde luego mucho más que en España, escuchó al iniciar el festejo, puesto en pie y con un respeto sobrecogedor, el himno nacional español y la marsellesa. Gracias. A nadie se le ocurrió silbar ni tachar la iniciativa de facha. La próxima cita de máximo interés es la de Córdoba, el 12 de octubre -esta sí es plaza de primera-, donde se anuncian mano a mano el genial Morante y el joven Juan Ortega, última nueva apuesta por el clasicismo.

Publicado en Las Provincias

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