Historias de un mozo de espadas.

El rondeño Daniel Rosado relata su experiencia profesional de dos décadas en el libro ‘En la intimidad de mis sueños’

Por Antonio M. Romero.

La escena transcurre en una autovía en México. En la furgoneta viaja la cuadrilla con el matador de toros Enrique Ponce al frente camino del hotel para vestirse y partir hacia la plaza donde están anunciados esa tarde. El tráfico se complica a consecuencia de un accidente provocándose un monumental atasco, mientras las manecillas del reloj se van aproximando a la hora en que sonarán clarines y timbales para que comience el paseíllo. El tiempo apremia y el diestro aún no está vestido. Cambio de planes. Ya no da tiempo a llegar al hotel, así que en medio de esa carretera el mozo de espadas viste a Ponce con el terno de luces ante la mirada de los conductores, al tiempo que llega un helicóptero para trasladar a tiempo a los actuantes al coso.

Esta es una de las anécdotas que ha recogido el rondeño Daniel Rosado en su primer libro, ‘En la intimidad de mis sueños’, publicado en colaboración con su amigo el fotógrafo Manu Alba, y donde relata su historia y sus impresiones tras veinte años como mozo de espadas. Una trayectoria en la que tras unos inicios junto a novilleros dio el salto en el escalafón de la mano del malagueño Javier Conde, con quien estuvo once años, y desde hace cuatro acompaña al diestro valenciano.

El nacer en la cuna de la tauromaquia predispone a que los aires toreos de la bicentenaria plaza de Ronda y de dinastías como la de los Romero y los Ordóñez empuje a los jóvenes a hacerse aficionados. En ese caldo de cultivo propicio, Rosado se hizo amante de la tauromaquia y cuando descubrió que «no tenía el valor mínimo para ser torero», decidió hacerse mozo de espadas. «El libro es el fruto de un niño que soñaba con algo, ser mozo de espadas, y que lo ha conseguido», relata en declaraciones a SUR.

«Fue durante el confinamiento, ese tiempo feo y oscuro que nos tocó vivir, cuando recordando y repasando mi vida y trayectoria y echando de menos los toros me percaté de que ahí había una historia y me atreví a escribir un libro sobre la profesión de mozo de espadas. Agradezco mucho el empuje y el apoyo de mi amigo Manu de Alba para que el libro haya sido una realidad», explica.

‘En la intimidad de mis sueños’ se añade a la bibliografía taurina y lo hace con la particularidad de abordar una figura de la tauromaquia muy desconocida para el gran público como es la del mozo de espadas. «Los mozos de espadas, junto a los ayudas, somos los grandes tapados del engranaje del toreo siendo una figura fundamental porque nos convertimos en la mano derecha del torero durante toda la temporada. Más allá de lo que se ve cuando estamos en el callejón de la plaza pendiente de nuestro matador con los trastos y todo lo que necesite, nuestro trabajo comienza muchísimo antes porque de ti depende cuestiones como la organización de los viajes, las comidas, las rutas, la contratación de la furgoneta y los conductores cuando vamos a América, vestir al torero, estar pendiente de cualquier imprevisto y, además, te encargas de abonar todos esos gastos», cuenta Daniel Rosado.

El libro, que ya va por su segunda edición ya que ha tenido muy buena aceptación entre los lectores, se ha convertido en una reivindicación de la figura del mozo de espadas y en el mismo se recogen unas 80 fotografías realizadas por el propio Rosado que retratan el trabajo diario de este profesional.

«El mío es un oficio muy bonito en el que conoces al torero y a la persona, con quien compartes inquietudes, problemas, alegrías… Estamos tantas horas juntas que llegamos a un conocimiento tan mutuo que con un simple gesto sabemos lo que tenemos que hacer o lo que pasa. Se pasa de una relación profesional a una personal», subraya.

Esa relación de «mutua y absoluta confianza» es la que lleva a afirmar a Daniel Rosado, cuando se le pregunta si se ha guardado muchos secretos, que en el libro se cuentan exclusivamente cuestiones taurinas sin entrar en otros ámbitos y recuerda que las tres virtudes que debe tener un mozo de espadas son: «La lealtad, la gratitud y la fidelidad, vinculadas todas a la honradez».

En esta temporada atípica, Rosado no ahorra elogios a su torero, Enrique Ponce, por «haberse echado la temporada a sus espaldas bajándose los honorarios para que se puedan dar corridas y torear en todo tipo de plazas». Una actitud que, a su juicio, lo ha hecho para «agradecer» a la tauromaquia todo lo que le ha dado a lo largo de más de tres décadas como profesional y para ayudar a la docena de integrantes que conforman su equipo: picadores, banderilleros, apoderados, chófer, mozo de espadas y ayudante de mozo de espadas.

Publicado Diario Sur

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