50 minutos con Curro Romero.

Por Antonio García-Cervigon.

Había convenido con el añorado periodista Cecilio López Pastor que realizaría una entrevista con los toreros que hicieran el paseíllo en la feria taurina de Ciudad Real «desde el callejón» . En el hotel Castillo se vestían de luces la mayoría de los toreros que en la Feria de 1980 era de tronío, puesto que las mejores figuras estaban en el programa taurino. Entre ellos, el ‘Faraón de Camas’, Curro Romero, que cerraba la Feria junto con los diestros Ángel Teruel y Paquirri. A la hora del aperitivo el vestíbulo del citado hotel era un hervidero de aficionados en busca de conocidos subalternos que, si bajaban de sus habitaciones al bar o al vestíbulo eran invitados por algunos de sus seguidores con los que habían trabados lazos de amistad de feria en feria. 

En ese lugar pactamos con el mozo de espadas del ‘Faraón de Camas’ la entrevista con el maestro después de la corrida, porque no admitía preguntas en el transcurso de la corrida. Montamos guardia a la salida del acogedor establecimiento que dirigía Eduardo Pérez con desbordante simpatía. 

La espera se hizo larga y decidí acudir a las dependencias del comedor, donde encontramos al torero escondido detrás de una enorme columna acompañado de una dama, delante de un plato de queso manchego, prueba evidente que la tarde de bronca y pitos no le había quitado el apetito. Después del saludo de cortesía le solicito permiso para la entrevista que acepta con quejas dirigidas al ganado lidiado:«Los toros han salido mansos. Esta corrida no ha tenido que venir a esta plaza. Sólo ha embestido el primero de Teruel y los demás no han valido ninguno». Pero el público va a la plaza a ver si sale el tipo de toro que quiere, le decimos, y su respuesta no se hace esperar: «Aquí y en todo el mundo. Pero desgraciadamente en las plazas de toros hay muchos más ignorantes que entendidos del toreo». Le decimos que el público es el que paga y nos espetó que ya no habla más… Le echamos arrestos a la situación y le decimos que deseamos reanudar la charla que discurría con buen talante.

Después de degustar varias veces nuestro queso manchego y beber un buen trago del vino también de la tierra, potencia su gusto y se presta a reanudar sus palabras con una pregunta: «¿Qué quieren esos aficionados, que me mate un toro?». Al final de la entrevista manifiesta:«Yo vengo a estar bien, no a robar el dinero, aquí y en todas partes, pues me encuentro joven y con facultades, pero así no podemos seguir. Si no me cogen los toros, me cazan los aficionados». El pasado domingo la portada de ABC iba dirigida al diestro que ya es mito del toreo. Ahora rueda una película de su vida, a los 20 años de su retirada y 40 de la entrevista aquí destapada.Y en esas estamos. 

Publicado en La Tribuna de Ciudad Real

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