Es lo que digo yo: Frivolités Taurinas.

Diego San Román en Las Ventas de Madrid.

Por Luis CuestaDe SOL y SOMBRA.

Sentando frente al proyector de mi computadora observaba detenidamente la imagen de un torero de antes, era una de esas fotos en blanco y negro que se quedan atrapadas para siempre en la memoria y que uno les pone colores imaginarios con el tiempo.

Aquel torero era David Silveti y mientras congelaba su imagen, recordaba una respuesta de Paco Ojeda cuando un periodista le preguntó sobre el toreo actual a lo que contestó: “Hoy se torea mejor que antes pero se pisa muy poco la línea de fuego. Si no se hace, el público se aburre”.

Si bien, su respuesta es subjetiva, es también el motivo perfecto para que se tiren a la amargura todos aquellos que no encuentran en el toreo actual las suficientes razones para no dar la batalla por perdida. Y sí, tiene razón el maestro Ojeda ya que aunque se podría pensar que hoy se torea técnicamente mejor que antes, en el escalafón prevalece una estética de uniformidad en la mayoría de los toreros que no gusta a un sector purista y conocedor de la afición -hoy lamentablemente en vías de extinción- y que ante la actual falta de pasión en los ruedos, ha ido abandonando poco a poco las plazas de toros.

Ahora, sobre eso que dicen algunos periodistas y críticos de que hoy se torea mejor que nunca … los que pudimos ver torear a un Manolo Martínez; banderillear a un Manolo Arruza (creo que ahora el tercio de banderillas se ha perdido en los sucedáneos), a un Eloy Cavazos, Curro Rivera, Jesús Solorzano, Antonio Lomelín, Mariano Ramos, David Silveti, Guillermo Capetillo, Armillita Chico y Jorge Gutiérrez…¿cómo vamos a admitir que hoy se toree mejor que antes?…

“Torear bien se hace ahora, hace 20 años y siempre. La figura del toreo de antes podría serlo también ahora” exclamó el Maestro Paco Camino en uno de los famosos mano a mano de la Fundación Cajasol en Sevilla. Y es que el toreo ha perdido desde hace un par de décadas la ruta que lo hizo grande. La afición de antes, la que yo conocí, era más dura. La de hoy tiene matices diferentes. No es que sea mejor ni peor, sino que es distinta. Pero así cómo ha cambiado la afición, también lo hacen los toreros. Por ejemplo, el matador Emilio Muñoz ha explicado recientemente que “los chavales de antes querían ser toreros para ser alguien en la vida, ahora hay que ser rico para empezar a pensar en ser torero”, esto es algo que se dice ahora con mucha regularidad porque antes la mayoría de los que querían ser toreros, lo hacían por necesidad y el toreo era una ventana importante para salir adelante.

Sin embargo hoy en día la mayoría de los toreros tienen pocas necesidades y sin tener esa necesidad, ponerse delante de un toro también tiene mucho mérito, pero ya no existe en ellos esa hambre de triunfó para cada tarde.

“Antes nos respetábamos, pero éramos rivales dentro de la plaza. El toreo no puede ser nunca un circo porque el público no se merece eso” apuntaba “El Viti” cuando intentaba explicar la diferencia entre el toreo de antes y el de ahora. Esta quizás sea la máxima desilusión de muchos aficionados; la falta de pasión y rivalidad en el ruedo.

Pero también existe nerviosismo porque no sale un torero joven que de verdad remueva al escalafón. La década pasada hubo algunas señales de renovación, pero esa generación se ha ido perdiendo poco a poco en el conformismo y en la medianía. Además la actual generación está teniendo que abrirse camino frente a un toro que ya no emociona al público, porque esté ha perdido fiereza y ha ganado en docilidad. Es una realidad que se ha ido perdiendo el equilibrio entre entre la bravura y la nobleza en la mayoría de las ganaderías mexicanas y eso le ha restado emoción e intensidad a un espectáculo, en donde lo peor que puede pasar es que el público se aburra.

La pandemia debería de haber servido a muchos de nuestros toreros para la reflexión, para profundizar en su toreo y analizar el delicado momento que vive la fiesta en México. Pero todo sigue igual. Hemos visto en los recientes festejos que se han transmitido vía streaming un nivel muy bajo en la mayoría de los actuantes, que nos ponen a pensar cómo podría ser la próxima temporada 2021.

Ante este difícil escenario es muy loable que la mayoría de las empresas estén haciendo un gran esfuerzo por dar festejos en estos días aciagos para la fiesta, pero estos esfuerzos en ocasiones se topan con pared cuando se hacen sin ese torero que realmente emocione o despierte un verdadero interés en el público, algo que resulta preocupante porque los aficionados no regresaran el día de mañana tan fácilmente a las plazas de toros, debido a que él “menú” actual está ya muy visto y repetido.

Ahora, sí de verdad se quieren hacer las cosas de una manera diferente, los empresarios tendrán que dejar a un lado la frivolité taurina para hacer una limpia en la selección de sus combinaciones y sentar en la banca a todos aquellos toreros que durante años han recibido cualquier cantidad de oportunidades y enfocarse únicamente en aquellos tres o cuatro nombres que aún tienen la oportunidad de aportar algo positivo al espectáculo. Ahí tienen el ejemplo de lo acontecido recientemente en España durante los festejos de la ‘Gira de Reconstrucción’, en donde no solo se consiguió darle oxígeno al espectáculo, sino que de ellos surgió Juan Ortega la nueva revelación del toreo sevillano. Un torero que él próximo año -si se llegan a celebrar las grandes ferias- será un bálsamo de agua fresca para todas las empresas.

En México también tenemos una carta fuerte de cara a la próxima temporada, su nombre es Diego San Román y en él están puestas las esperanzas de todos aquellos que vemos en su valor, toreo y personalidad las cualidades necesarias para ser un torero de masas -cómo lo es actualmente Roca Rey- y la próxima gran figura del toreo en México.

Hoy más que nunca la tauromaquia en México necesita un giro de 180 grados y que surja un joven que remueva al escalafón antes de que sea demasiado tarde, porque las alarmas nuevamente se han encendido en este 2020 y requieren una solución inmediata.

Es lo que digo yo.

Twitter @LuisCuesta_

1 comentario »

  1. Lo que la fiesta necesita en México, es un toro bravo y con poder y trapío y le aseguro que pone a cada quien en su sitio… pero mientras estemos lidiando los borregos mansos que produce la mayoría de las ganaderías de los amigos de los empresarios, seguirán anunciándose en los carteles a toreros que nada tienen que hacer en este mundo taurino.
    Sigo sosteniendo que el principal culpable de la mansedumbre del toro bravo entre comillas en México, es el propio GANADERO por ser muy mal aficionado y gestor de la bravura, a veces influenciado por la figuras del toreo extranjeras y locales buscando el FAMOSO TORO DESCAFEINADO QUE NO MOLESTE.
    Esto aunado a la poca imaginación de los empresarios al momento de confeccionar carteles de interés para el aficionado tienen a la fiesta brava al borde del precipicio.

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