Saltillo, peripecias de un hierro histórico y un ganadero enamorado.

‘Asturdero’, toro de Saltillo al que se le dio la vuelta al ruedo el 4 de junio de 2018 en Las Ventas. PLAZA1.

José Joaquín Moreno Silva analiza el momento de la fiesta y el protagonismo de sus toros.

Por Antonio Lorca.

“Nunca creí que llegaríamos a la situación actual. Esta pandemia me ha descolocado. De momento, la broma me ha costado 250.000 euros. Y digo más: si la próxima temporada no comienza en Castellón y Valencia, estamos muertos. Veo mucho futuro en los festejos populares; los políticos los cuidan porque son un semillero de votos, nos divertimos todos y comemos con las peñas; pero creo que el mercado taurino se reducirá muchísimo, y solo quedarán varias ganaderías para las figuras y otras cuantas para los aficionados de verdad. El porvenir lo veo muy negro…”.

José Joaquín Moreno Silva (Madrid, 1948), —licenciado en Ciencias Políticas y conocido rejoneador en sus años mozos— es el propietario del hierro de Saltillo, semilla de muchas ganaderías españolas y americanas, referencia del toro encastado, del que huyen las figuras actuales.

El ganadero tiene el porte de un hombre de campo, la piel oscura, las manos estriadas, la voz grave, la mente despejada, y la cabeza, henchida de experiencias y sabiduría. No en vano asegura que es un enamorado de sus fincas (“el paisaje de la película ‘Memorias de África’ —dice— es un jardín sin flores al lado del paraje de Molino Chirrió, un auténtico parque natural en la provincia de Sevilla”), de la agricultura, de sus cabras, de sus vacas mansas, sus cerdos, y, sobre todo, de sus toros de lidia.

Vive en Madrid, pero huye de la ciudad cada día; y todas las semanas coge el Ave y viaja a Palma del Río y Constantina, donde pastan sus reses.

“Con mis toros me pasa como con esa novia que vive lejos y cuentas las horas para volver a su lado; con esa ilusión vivo cada día…”.

A pesar de ello, Moreno Silva sufre en su ánimo y en su bolsillo, como todos los ganaderos, las nefastas consecuencias de la pandemia.

“Más de 200 animales han ido al matadero”, se lamenta; “cuatro corridas de toros, tres novilladas, una decena de toros para las calles y muchos erales han pasado por la plaza de tientas, se han toreado y han sido sacrificados para su consumo”.

“Y el valor de un toro en el matadero ronda entre los 250 y 300 euros (a 0,65 euros el kilo), con lo que es fácil adivinar la ruina económica”, apuntilla.

Explica que ha reservado tres corridas para que se lidien el próximo año como cinqueños: “Las he echado al campo para que se alimenten de hierba y un par de kilos de pienso al día, y no seis, que es la dieta habitual del animal que se prepara para ir a la plaza”.

Reconoce, no obstante, el ganadero que es un hombre con suerte a pesar de que su hierro no lo exijan las figuras del toreo.

José Joaquín Moreno Silva, ganadero de Saltillo. A.L.

“Sé que lidio un toro atípico y que los aficionados que siguen este encaste caben en una furgoneta; es una lucha difícil porque mis toros no saben lo que es una plaza de Madrid para abajo, pero han salido cuatro o cinco buenos en Las Ventas, y el mercado francés ha sido muy importante para mí. Francia me abrió sus puertas, y hace dos años me concedieron el premio a la mejor ganadería del sureste francés. Allí se respeta este tipo de toro. Los aficionados franceses disfrutan con corridas que en Sevilla se llevarían las manos a la cabeza; es otro concepto sobre el toro”.

“El toro de Saltillo es único por la variedad de matices que encierra”, explica el ganadero. “Es un animal encastado que humilla y define mucho al torero que tiene delante porque le exige seguridad firmeza y colocación. Guerrita, Belmonte o Luis Miguel Dominguín no eran tontos, y cuando querían triunfar exigían toros de Saltillo. También es cierto que cuando un encaste no lidia se difumina con el paso del tiempo; por eso, este toro le debe tanto a Victorino Martín, el mejor ganadero de todos los tiempos, que ha mantenido encendida la llama de Saltillo”.

José Joaquín Moreno Silva ha cosechado triunfos importantes en Madrid, y el último protagonista fue el toro Asturdero, al que se le dio la vuelta al ruedo el 4 de junio de 2018; pero también los ha habido malos…

“Muy malos, como Cazarrata (lidiado por Sánchez Vara el 31 de mayo de 2016 en Las Ventas); pero, curiosamente, ha sido uno de los toros que más ha contribuido a mantener la afición. Dio más que quitó. Fue un toro malo, sí, pero la mejor definición es que fue un bravo mal enclasado. No abrió la boca, no pasó de la raya del tercio, no permitió que le clavaran un par de banderillas. Definió lo que quería y lo que no”.

— ¿Ha ganado usted dinero con la ganadería?

— “Simplemente lo he cambiado, sin beneficios ni pérdidas; pero ahora me cuesta. Ya le he dicho: 250.000 euros solo este año. Y la puedo mantener porque no vivo de ella. De lo contrario, sería imposible. Una ganadería solo permanece con afición y bolsillo. Es más: creo que es más importante el dinero que la afición”.

Saltillo cuenta con 150 vacas, lo que supone el mantenimiento de casi 600 animales entre añojos, erales, novillos, utreros, sementales, bueyes, caballos… “Cuento con unas fincas muy buenas y durante siete u ocho meses comen de lo que cría el campo; si la ganadería estuviera en Cuenca no podría mantenerla”.

Moreno Silva pertenece a una familia terrateniente originaria de un pueblo de Soria y asentada en la provincia de Córdoba desde finales del siglo XIX a causa de la trashumancia; su abuelo, Félix Moreno Ardanuy, “el hombre más inteligente que he conocido”, dice su nieto, amplió el patrimonio agrícola y ganadero que aportó la abuela, Enriqueta de la Cova.

Félix Moreno era aficionado a los toros, íntimo amigo de Guerrita, y, por indicación de este compró en 1918 la ganadería del Marqués de Saltillo.

“Mi abuelo quería progresar socialmente, y entendió que ser ganadero de toros bravos era un camino adecuado”, comenta el ganadero. “Pero cometió el único error de su vida: dividir la ganadería”.

Así, esta quedó repartida en cuatro partes: Saltillo, que heredó el hijo Félix Moreno la Cova; Enriqueta de la Cova, que era el hierro familiar, Nine y Serafina Moreno, dos de sus hijas, que lidiaban con el hierro de la estrella de seis puntas, que después compraría Jandilla, y Conde de Antillón para el hijo Javier Moreno.

Publicado en El País

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