Toros y Unesco: lecciones de unas ‘fake news” o cuando cuestiones culturales se resuelven a golpe de ideología.

Por Francois Zumbiehl.

Cuando cuestiones culturales se resuelven a golpe de ideologías y planteamientos políticos, la realidad se tuerce según los imperativos de la propaganda. Es lo que acaba de pasar con la victoria cantada por los grupos animalistas. Se han congratulado por el hecho de que la solicitud de inscripción por la Unesco de la tauromaquia en la lista del patrimonio cultural inmaterial “necesitando una salvaguarda urgente” no haya pasado la primera barrera administrativa, y no haya sido sometida a examen por el comité intergubernamental competente. Y también, según ha publicado EL MUNDO, por la actitud ambigua en este asunto del embajador español ante la Organización internacional. No fue por una razón de fondo sino de forma. La propia Unesco lo ha aclarado.

Tal solicitud se saltó un poco a la torera las reglas del juego: no se había rellenado el formulario correspondiente con los datos y argumentos exigidos; no se había producido un acuerdo previo con las autoridades de un estado miembro para que respaldaran la candidatura, y la situación de peligro inminente y excepcional de extinción en que se encontraría la fiesta de los toros no se sostenía con toda claridad. Por los desastres de la pandemia todas las actividades culturales están en realidad en peligro, y no se puede esperar que la Unesco lo remedie. Por lo tanto, convenía recorrer la otra vía, más ordinaria: la inscripción en la lista representativa del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

La tauromaquia cumple con los cinco criterios marcados en el artículo 2 de la Convención de la Unesco para la salvaguarda de dicho patrimonio. Es un hecho objetivo, fácilmente demostrable. No reconocerlo es incurrir en un acto de censura ideológica, la misma que prohibió en su tiempo las teorías de Galileo. El lema gritado por los animalistas, aprovechándose de las rimas, forma parte también de las fake news, y es un insulto además para todas las víctimas reales y humanas de las torturas a lo largo de la historia. Un “torturador” que asume el riesgo en cada minuto de convertirse en víctima a su vez, y de ser cazado por el “torturado”, eso atropella la razón.

¿Qué lecciones, los que buscamos el reconocimiento de las tradiciones taurinas por la Unesco, podemos sacar de esta situación y de las falsas noticias que ocasiona?

-Que hay que encaminarse en el asunto, con humildad y método, sin pausa pero sin prisa, recorriendo todos los pasos y logrando todos los consensos necesarios, en particular con las autoridades competentes, a nivel nacional e internacional;

-Que la candidatura de la fiesta de los toros al reconocimiento por la Unesco tiene más oportunidades de prosperar si se presenta, de forma consensuada, por el conjunto de los ocho países que comparten esa tradición. Yo que tengo el honor de coordinar un grupo de trabajo internacional a tal efecto, en relación estrecha con las plataformas afines, puedo certificar la gran riqueza de esta reflexión compartida. Y todo hay que decirlo: el contexto actual no pone a España en la mejor posición para encabezar esta dinámica. Aquí, más que en otros países, la fiesta taurina, desgraciadamente, está siendo tomada como rehén por duros enfrentamientos políticos e ideológicos. Buena prueba es que son algunos eurodiputados españoles y la propia dirección general de los derechos de los animales del gobierno de España los que han alimentado las protestas de las asociaciones antitaurinas, si damos fe a las declaraciones de éstas, en la solicitud que acaba de ser descartada.

-Que, considerando la dimensión antropológica del concepto de patrimonio cultural inmaterial, sería contraproducente desvincular la tauromaquia formal del conjunto de las innumerables y muy diversas fiestas populares en torno al toro (más de 2000 en España, y unas tantas en países como México o Perú). Convendría por lo tanto en una candidatura abarcar un conjunto extenso que podría titularse, como el magnífico libro del historiador Álvarez de miranda, Ritos y juegos del toro. La amplitud de estas fiestas, su vigencia en los pueblos, y la participación entusiasta en ellas de niños, jóvenes y ancianos, son el argumento más convincente para lograr el reconocimiento de las tradiciones taurinas como patrimonio cultural inmaterial por la Unesco.

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