Albert Serra: “Voy a hacer la mejor película de toros que se ha hecho jamás”

Por Paco March.

Si la pandemia no lo hubiera impedido, Albert Serra posiblemente estaría ahora en proceso de posproducción de Bora Bora (o cual sea su título definitivo), una historia de amor en la Polinesia francesa. Pero habrá que esperar a la primavera del 2021 para iniciar ese rodaje pospuesto, al tiempo que tiene muy avanzado un nuevo proyecto que, fiel a la marca de la casa, promete controversia: el sufrimiento del torero.

Cuando presentó en el 2016 su penúltima película dijo: “Soy el único que hace cine de autor, bueno y honesto, en España”. ¿Le gusta provocar?

La provocación en sí misma no me gusta, en el sentido de que cómo decía Houebellecq, la provocación es una interpretación de la realidad en beneficio propio. Me centro en el análisis objetivo de lo que me rodea. Lo que dije no es una provocación, sino que es cierto y a los hechos me remito. Mis dos últimas películas que estuvieron en Cannes, La muerte de Luis XIV y Liberté , estaban infrafinanciadas e infravaloradas en España. ¿Por qué? Pues porque no hay esa tradición de cine de autor digamos un poco serio, porque se busca el éxito de una forma convencional. Lo mío es pensar a largo término y, sin querer ser presuntuoso, pensar más en la gloria que en lo que yo pueda obtener.

Fiel a ello, filma Liberté , que se lleva el premio Especial del Jurado en Cannes, y supone un nuevo ejercicio de radicalidad.

A mí lo que me interesa es el tema estético, trabajar el lenguaje del cine, tanto el tratamiento como el contenido, que es cierto que es un poco culturalista, lo que ya le da algo de radicalidad. Cómo continuar haciendo cine, ese lenguaje basado en las imágenes, pero que no sea ni series, ni televisión, sino algo realmente icónico a nivel visual. Las series están pensadas para que las veas en el ordenador o en el móvil. Son periodismo en imágenes, periodismo en el mal sentido, dando datos continuamente. Por eso las series las escriben ocho personas. Yo puedo ver una serie y saber perfectamente si la ha escrito una persona u ocho. No hacen un guion, hacen un análisis del guion, escriben cosas y al mismo tiempo las discuten. Al mismo tiempo que crean, analizan su propia creación, cosa que en el autor no pasa porque, como sucede por ejemplo con los novelistas, se deja llevar por la inspiración. No dramas, no conflictos, no retratos de una sociedad. Imágenes icónicas, esa es mi obsesión y hay gente que trabaja en la misma manera en muchos países del mundo pero que desgraciadamente no tienen el reconocimiento que tendrían en otras épocas.

Un cierto malditismo.

Sí, algo así como que el mundo va en una dirección y tú en otra. Y se trata de que el mundo acabe aceptando tu estética, no adaptándote tu al mundo. Ese es, desde mi punto de vista, el gran valor del arte. Una visión muy infrecuente, porque, para empezar, no tienes que tener problemas económico. Yo no soy rico, al contrario, vengo de una familia pobre, pero no tengo familia que dependa de mí, no tengo esas servidumbres, y eso me da una ligera libertad.

Su nuevo proyecto tiene la tauromaquia y el sufrimiento del torero como leitmotiv.

Está muy avanzado, tengo la financiación. Se va a hacer también en el 2021, si la pandemia y la autoridad lo permiten. Creo que incluso la gente contraria al toreo pueden llegar a entender ese sufrimiento de torero. Una cosa no quita la otra. Aún aceptando que haya sufrimiento en el toro eso no lo hace incompatible con el sufrimiento del torero. La esencia es que lo que da legitimidad a la lidia y a matar al toro es que el torero pone en riesgo su vida. Es el garante noble del enfrentamiento. La posibilidad de morir, aunque sea aceptada, genera un sufrimiento en cualquier persona. La tauromaquia es uno de los últimos residuos de un misterio único en nuestra civilización.

Hace diez años, en un congreso taurino en la Maestranza, apostaba por una regeneración del espectáculo a partir de recuperar un cierto salvajismo.

Esa es la esencia y, paradójicamente, en contra del discurso social y político, así no se extinguiría. Pensado a largo plazo y considerando el toreo como un arte, una tradición, que sirve de contrapeso al mundo actual tiene que serlo de verdad, tanto psicológico, como moral. Y por eso cuanto más riesgo y más compromiso del torero, “la verdad enfática del riesgo” que decía Baudelaire, más valioso es.

Cine y toros, pese a las muchas películas sobre ellos, no tienen una buena relación.

Cierto. Pero ahora tenemos una herramienta increíble que es el digital, no el de rodaje sino el de montaje. Ahí podemos recrear la complejidad de la corrida, también los miedos, pero al mismo tiempo siendo lo más fieles posibles a la realidad y eso es algo que hasta ahora no sucedía. Yo trabajo, como sucede en Liberté, con trescientas o cuatrocientas horas de película. Parto de una premisa: el ojo de la cámara ve cosas que el ojo no ve. Como las películas se ruedan con el ojo de la cámara le doy toda mi confianza. Si pongo un primer plano de su cara diez minutos, cuando analice en el montaje voy a descubrir cosas que yo no habría podido ver jamás en la realidad en directo. El montaje permite hacer visible lo invisible.

Puede que esa revelación del toreo llegue tarde.

Si la tauromaquia, a estas alturas de la historia, aún suscita interés es por lo que la aleja del mundo. Por ver y sentir algo diferente, afrontar la vida con un compromiso tan extraño que es casi incomprensible. Voy a hacer, de lejos, la mejor película de toros que se ha hecho jamás.

Publicado en La Vanguardia

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