Escritores que sienten la tauromaquia.

Hemingway.

Por Joaquín Herrera.

“La emoción constituye una zona del hombre más profunda que la voluntad. Me irrita que se confunda la crueldad. La crueldad es otra cosa: la guerra, el maltrato a las mujeres, el maltrato a los hombres… Jugar a la vida o la muerte en igualdad de condiciones, pelear con un toro es la cara o la cruz, no es crueldad, forma parte de nuestra cultura”.(Antonio Gala)

El Cossío

Es la enciclopedia taurina por antonomasia. Titulada “Los Toros. Tratado técnico e histórico”, fue dirigido en el principio por Don José María de Cossío y publicado en tres volúmenes en 1943. Es la publicación más extensa rigurosa y documentada que existe sobre tauromaquia, amena, centrado sobre todo en las corridas de toros desde sus orígenes. El poeta Miguel Hernández colaboró en ella.

Como dijo Antonio Díaz-Cañabate es «la Biblia del toro» es un análisis serio y un recorrido a través de la historia de la tauromaquia, los personajes, las plazas, los reglamentos de España e Iberoamérica, la técnica y artes del toreo, las ganaderías, los modismos el vocabulario, la cría del toro bravo, la repercusión de la lidia en las artes y las letras, cine, periodismo, escultura, moda etc… Inclusive las crónicas taurinas desde 1763.La historia de España.

El último es El Tomo XII, (la 1. ª Edición de 1997), fue dirigida por José María Sotomayor. Apéndice 1989-1995. Comprende, la fiesta entre dos siglos, el planeta de los toros en 1996: España, Francia, Portugal, México, Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador. Toros célebres, nuevas plazas de toros, inventario biográfico de toreros, informes de escritores y periodistas. La ley y reglamento taurino de 1991-1992 fueron analizados por Eusebio Herrera Torres.

Juan Belmonte, matador de toros es la mejor biografía, sin duda, escrita en España, durante el siglo XX. Escrita por el gran periodista sevillano Manuel Chaves Nogales y publicada por entregas en la revista Estampa en 1934, esta extraordinaria biografía novelada no ha perdido ni un ápice de su belleza y de su fuerza originales. Toda la vida del torero desfila por estas páginas contada por él mismo: su infancia en los barrios sevillanos de la Macarena y Triana, sus sueños adolescentes, aspiraciones, sus triunfos fracasos, la tristeza miseria y humoradas de las capeas en los pueblos de Andalucía (sus aventuras), la idiosincrasia de los círculos taurinos y literarios del Madrid de los años veinte, los grandes viajes a América… Juan Belmonte, matador de toros es el testimonio fuerte, noble y fiel de una época, un verdadero trozo de vida fruto del encuentro entre Belmonte, y uno de los mejores periodistas españoles de todos los tiempos.

Entre los recientes “UN CAMINO. De Botijero a Presidente.” Prólogo de Espartaco. Autor: Don Juan Murillo. Esta libro, entretenido trata de las vivencias y algo más, de un destacado Presidente en la plaza de toros de Sevilla, con el fin de servir como instrumento de apoyo para los aficionados.

“Un botijo entre toallas” de Jose Luis Barrachina Susarte, muestra la perspectiva del mozo de espadas. O “Días de vino, tardes de toros”, del mismo autor, trata de sacar los orígenes comunes del vino y los toros, el modo análogo en que ambos irrumpieron en la vida del ser humano desde el Neolítico, formando parte de nuestro ser, siempre vinculados a las celebraciones, tanto festivas como religiosas, como nexo común en todos los arcos del Mediterráneo hasta nuestros días.

“El toreo es fuente de inspiración de las artes “Dice Mario Vargas Llosa.

Los toros se convierten, son, un auténtico tema literario Alejandro Dumas decía: « ¡Vaya usted a escribir dramas después de esto!».

Si nuestro teatro tuviese el temblor de las fiestas de toros, sería magnífico. Si hubiese sabido transportar esa violencia estética, sería un teatro heroico como La Ilíada… Una corrida de toros es algo muy hermoso». (Ramón María del Valle-Inclán)

Mario Morero “Cantinflas” fue torero y guionista de películas taurinas. Cela decía que : El toreo es un arte misterioso, vivísimo y entrañable.

Hemingway escribió Muerte en la tarde, y consideraba a los toros un arte.

En 1926 se publican conjuntamente The sun also rises (Fiesta) de dicho autor, El torero Caracho de Ramón Gómez de la Serna, recordando a Joselito y su muerte, Los Bestiarios de Henry de Montherlant, novela traducida al castellano por Pedro Salinas, y Virgin Spain del americano Waldo Frank, relato y poema en prosa refiriéndose a Belmonte. Waldo Frank y José Ortega y Gasset se conocieron en persona en Madrid a principios de 1924, durante una estancia de varios meses del estadounidense en España. Entre 1922 y 1923, los dos escritores mantuvieron un amplio un contacto epistolar. Estuvo en Sevilla.

Virgin Spain contó con una gran aceptación por parte de escritores e intelectuales. Unamuno, que mostró abiertamente su entusiasmo por la obra, tradujo al español el capítulo final (un largo diálogo con Miguel de Cervantes )

El arte de Birlibirloque (1930), libro que pertenece tanto a la aforística como al ensayismo, es una apasionada y muy sutil defensa del arte del toreo, al que Bergamín califica como arte birlibirloquesco, personificado en la figura de Joselito el Gallo (Manejo uno prologado por Morante). Libro impar fruto de un tiempo en el que buena parte de la mejor intelectualidad española estuvo y se sintió cerca de lo taurino. Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935) de Federico García Lorca.

Sangre y arena es una novela de Vicente Blasco Ibáñez publicada en 1908 e inspirada en parte en la biografía de Manuel García Cuesta “El Espartero”, muerto por una cogida en la plaza de toros de Madrid en 1894.

Michel Leiris y su Miroir de la tauromachie, ensayo en el que considera el toreo como una ilustración del arte moderno. Otro de sus ensayos, L’Âge d’homme trata de ajustar su obra literaria la ética y verdad que ha aprendido en la fiesta de los toros. A finales de 1945, retoma esta obra en un breve texto, De la Littitterre considerado como una tauromaquia, en el que compara su asunción de riesgos en la descripción autobiográfica de su intimidad con la de un torero en una corrida de toros.

En conclusión:

La comprensión del hecho taurino, no se consigue desde la racionalidad, si no que penetra través de la sensibilidad y de las emociones. El corazón tiene razones que la razón no quiere comprender.

Publicado en El Correo de Andalucía

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