Aquellos que viven del toro.

José Adame, Diego Silveti, Ernesto Javier “El Calita”, José Mauricio y Julio Uribe, aquellos que viven del toro, nos platican cómo ha afectado la pandemia a la fiesta taurina y de sus inmensas ganas de regresar a los ruedos más fuertes que nunca.

Por María del Mar Barrientos – Fotos Einar González.

Hay mucha gente en México que vive del toro. Directa o indirectamente el espectáculo de la tauromaquia da trabajo a miles de personas, quienes a raíz del Covid-19, han tenido que buscar otras alternativas laborales para sobrevivir. Los toreros, ganaderos, empresarios taurinos, mozos de espadas, apoderados, sastres de luces, los que venden comida en las corridas y hasta los restaurantes alrededor de la Monumental Plaza México, se han visto afectados por esta crisis inédita. Muchos de ellos, han dejado sus oficios en “stand by” debido a que la Temporada Grande, que en años anteriores empezaba en noviembre, no tuvo cabida para el pasado 2020.

En este momento, en el que tuvieron tiempo de hacer introspección, valorar su profesión y recapitular cómo está la industria, es cuando CARAS reúne a los taurinos más representativos de México para tener una opinión clara de qué pasará con este espectáculo que alberga año con año a miles de espectadores en la plaza de toros más grande del mundo.

ERNESTO JAVIER “EL CALITA”

«España no dejó que me derrotara. Estuve tentando como si fuera a torear 40 corridas».

El Calita” tiene una visión diferente de cómo se ha vivido la pandemia, ya que en febrero del año pasado se fue a España, pues venía una temporada importante. En ese país se confinaron antes, pero también comenzaron las corridas previamente con la nueva normalidad, a finales del año pasado. «Cuando pasó todo esto, se derrumbaron mis sueños y mis ilusiones. Me afectó mucho», nos comenta sincero.

Su última corrida en México fue el 5 de febrero y prefirió pasar la cuarentena en España porque estuvo tentando en este tiempo. «Tuve la suerte que mi apoderado de allá, José Montes, tiene una ganadería y varias vaquillas por tentar». El ganadero que también es empresario fue el primero en aventurarse a hacer las corridas pospandemia. «Fue en Ávila, y fue extraño porque, el gobierno español exigió un distanciamiento social de metro y medio dentro de la plaza, toda la gente estaba con mascarillas y había mucho miedo. Me impactó mucho esa nueva normalidad», confiesa “El Calita”, quien se considera un privilegiado, porque a pesar de todo, pudo estar toreando en estos tiempos tan difíciles para todos. «España no dejó que me derrotara. Estuve tentando como si fuera a torear 40 corridas», platica.

Fue una preparación muy intensa la que vivió en la ganadería; no sólo física, sino mentalmente. No ha sido tarea fácil cancelar alrededor de 40 corridas; sin embargo, se mantiene fuerte y muy emocionado. Espera regresar más motivado que nunca y que se deje a un lado los intereses creados en la industria para realmente vivir por la fiesta brava. «Lo que pasé este año, artística y espiritualmente, nunca lo había sentido. Quiero que las corridas se reactiven para poder expresarme como artista», comenta el torero, siempre con la esperanza de que todos los involucrados vuelvan con más humildad y mayor afición taurina.

JOSÉ MAURICIO

«Todo este tiempo nos ha servido para darnos cuenta de las cosas buenas y malas que ha habido en la fiesta. Creo que el ego se va a bajar mucho y cuando se reabra todo otra vez vamos a valorar aún más este espectáculo».

El 30 de marzo del 2020 fue la última vez que José Mauricio se vistió de luces. Antes de la pandemia, el torero tuvo un percance en el que perdió el 60 por ciento del músculo de una pierna, por lo que esta inactividad le ha servido para recuperarse al ciento por ciento y continuar con su carrera. «Ahora estamos toreando en el campo, y cada vez estoy recuperando más fuerza, me ha venido bien este tiempo», nos platica.

José Mauricio había tenido una temporada extraordinaria en la que salió en hombros de la Plaza México. Estaba en el mejor momento, cuando de pronto se paró todo con el Covid-19. «Todo pasa por algo y todo sirve. A veces entendemos las cosas hasta después. Luego de las tardes en México, en donde repuntó mi carrera, vamos a estar en un sitio diferente del que nos quedamos», nos cuenta.

Perdió 16 corridas en dos meses por la lesión que tuvo, más los contratos posteriores derivados del confinamiento. Expresó entonces su preocupación por toda la gente relacionada con este espectáculo que ha estado tanto tiempo sin trabajo. «Es una cadena. Los ganaderos, por ejemplo, tienen que seguir pagando a su gente; los transportistas, los que venden boletos, matadores, mozos de espadas, sastres también la han sufrido, porque no pueden ni arreglar ni confeccionar trajes. En esta industria no se dimensiona la cantidad de personas que dependen de esto», afirmó.

Los toreros trabajan por corrida, como los artistas por concierto y viven de cada presentación, por lo que económicamente les ha afectado mucho. Para José Mauricio solo queda el ser pacientes y esperar a que todo resurja de nuevo.

«Todo este tiempo nos ha servido para darnos cuenta de las cosas buenas y malas que ha habido en la fiesta. Creo que el ego se va a bajar mucho y cuando se reabra todo otra vez vamos a valorar aún más este espectáculo», reflexiona José Mauricio.

Regresando a la arena confía en que la gente va a estar más animada que nunca. Con más gusto por la fiesta y será más atesorada. «Volveré a los ruedos con toda la ilusión y los sentimientos a flor de piel para llegar al alma de los aficionados y que se emocionen con mi toreo. Con gran actitud y un deseo inmenso de volver a vestirme de luces».

JOSÉ ADAME

“La tauromaquia es una industria y es un modo de vida. Miles de personas se vieron afectadas porque cada uno de los toreros somos una empresa».

Originario de Aguascalientes, José Guadalupe Adame, mejor conocido como “Joselito”, es el mayor de tres hermanos. Todos ellos son toreros, por lo que a nivel familiar el no poder presentarse durante 10 meses en un ruedo los ha impactado no sólo en el aspecto laboral, sino también en el personal. Su más reciente corrida fue el 19 de febrero 2020, y aunque al principio disfrutó de un momento de pausa, al pasar los meses se cancelaron 10 contratos firmados. «De parte de nuestro equipo lo tomamos como un tema momentáneo, jamás imaginamos que iba a tener tales secuelas», comenta “Joselito”. Durante este tiempo siguió con su rutina física; sin embargo, su alma viajera, característica de un artista, y la libertad que le da el salir a los ruedos, son algo que extraña bastante. «Me causó mucha frustración, porque te sientes amarrado. Los toreros, por lo general, somos muy cohibidos y la manera en la que podemos sacar nuestras emociones es en la plaza», nos confiesa “Joselito” Adame.

El torero habló sobre la dimensión que ha tenido esta pandemia en la industria de los toros y la cantidad de trabajadores que se han visto afectados. «Me da tristeza saber que mucha gente no lo está pasando bien; no sólo en el mundo taurino, sino en todos los sectores. Hay muchas personas que han tenido que tomar otros caminos para ganarse la vida», afirmó. Como buen guadalupano, “Joselito” es un hombre de fe y le gusta pensar positivamente. Confía en que cuando regrese a las corridas, los aficionados a las plazas se reenganchen con la majestuosa fiesta brava.

DIEGO SILVETI

«Mi papá ha sido fuente de inspiración para mí, porque fue torero por 25 años, de los cuales 10 o 12 años se la pasó sin torear por lesiones de rodilla. ¿Qué tanto son 10 meses, entonces?».

La última corrida que se dio en México fue en Teziutlán, Puebla, en marzo de 2019, donde Diego Silveti vestido de luces cortó dos orejas y resultó triunfador. «Para ese entonces, España ya había suspendido Las Fallas de Valencia, y México se declaró en semáforo rojo», recuerda el torero.

Diego lleva 10 meses sin torear en los que ha pasado por varias etapas emocionales. «Primero, la incertidumbre de no saber cuándo se va a reactivar todo; la frustración y la pérdida de la ilusión, porque llega a tu mente la pregunta de: “¿para qué entreno, si no se sabe cuándo voy a volver a torear”», nos comenta Diego.

Sin embargo, el originario de Celaya, Guanajuato, también experimentó varios sentimientos positivos durante esta cuarentena. Se mudó a otra ciudad, disfrutó mucho a su hijo, a su familia y aprovechó el tiempo libre. «Cuando aceptas esta vocación eres consciente de que vas a faltar a muchos compromisos sociales o que no vas a tener descanso», añade.

Como parte del aprendizaje que obtuvo en estos meses de no presentarse en los ruedos, fue el tomarse las situaciones con mucha más calma. «Soy una persona muy espiritual y esto me ha quitado la ansiedad que tenía cuando era más joven de querer que todo pasara muy rápido. Ahora veo las cosas con mayor tranquilidad», nos confiesa Silveti.

Su fuente de inspiración en estos momentos es su papá, quien fue torero durante 25 años. De los cuales estuvo más de una década sin torear por lesiones de rodilla. «¿Qué son entonces 10 meses?», se pregunta Diego, haciendo alusión a la perseverancia que tuvo el afamado David Silveti, mejor conocido como el “Rey David”.

Sobre la afectación que ha tenido la fiesta brava, Diego recalcó: «Nosotros los toreros vivimos como los artistas, por actuación; y lo mismo pasa con toda la gente alrededor de nosotros. En mi caso, hay nueve personas que dependen de mí y es a lo que nos hemos dedicado toda la vida», comparte.

Con una mente muy positiva, Silveti espera regresar a los ruedos con una visión distinta. «Vamos a hacer cada actuación como si fuera la última. Ojalá que Dios me dé la oportunidad de seguir haciendo lo que me gusta, de poder volver a sentir y emocionar», finalizó.

JULIO URIBE, Ganadero de Torreón de Cañas

«Los ganaderos corremos con el mayor riesgo económico en esta industria, ya que tenemos que alimentar a los animales y varias familias dependen de nosotros».

Ser ganadero conlleva, sin duda, una de las mayores afectaciones de la industria de la tauromaquia durante esta pandemia. «No me imaginaba que el mundo entero se iba a detener. Nosotros, los ganaderos, somos los que corremos con el mayor riesgo económico. Muchas familias dependen de nosotros; entre ellas, los vaqueros, veterinarios, nutriólogos, agricultores, etcétera», explica Uribe.

Con Torreón de Cañas trabajan más de 80 familias. «Si multiplicamos eso por más de 250 ganaderías que hay en México, en donde algunos tendrán más o menos trabajadores que otros, nos damos cuenta de que la industria es grandísima».

En cuanto al impacto económico, Julio piensa en los toreros, quienes reciben ingresos por corrida; también en los vendedores de comida de las plazas y de las cuadrillas, los banderilleros, picadores y subalternos. Centrándose específicamente en los ganaderos, habla sobre los ejemplares que tienen en el campo. «Tenemos toros que llegan a su edad ultra y que no pueden seguir, porque vienen las generaciones de abajo ocupando espacios. Cuando un toro cumple ciertos años, ya es muy complicada la lidia», comenta. Por lo que han tenido en sus manos una situación muy difícil.

Julio ha hecho un análisis para reorganizar su sistema operativo, con el objetivo de poder optimizar recursos naturales y enfocarse en los puntos estratégicos, y así resolver los costos fijos. «Lo tomo como un proceso de crecimiento. Ha sido una pausa que estoy seguro de que a todos nos hará mucho más meticulosos y estrictos, tanto en la forma de vida como en la manera de criar a nuestros animales. Creo que en ese ajuste vendrán buenas temporadas de bravura en México», nos afirma Julio Uribe.

Publicado en CARAS

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