Recuerdo: Una generación de jóvenes toreros de San Luis Potosí.

Alternativa de Polo Meléndez en SLP.
Por Tino Portillo. En San Luis hubo una generación de jóvenes que tenía el gusto de torear y dentro de ellos podemos contar a Manolo Herrera, José Esqueda “El Tuco”, Fidel Centeno, Polo Meléndez, entre otros. Hoy nos ocuparemos de Manolo Herrera, quien en la década de los 60, cuando era un jovencito de 14, 15 años, le dio por hacerse torero, como lo fue su padre Francisco Herrera Narro, que venía de Monterrey. Manolo aprovechó que vivía cerca del rastro, que en ese tiempo se encontraba por la calle Constitución, donde ahora está la Unidad Deportiva López Portillo y ahí se metía con sus amigos a echar capa. Para esto contaba con la complicidad de los matanceros del rastro, dentro de los cuales se encontraban los hermanos conocidos como “Los Toros”, además del Güero Valente, los que les daban oportunidad de torear vacas y algunos toros o novillos de casta. Pero Manolo y sus amigos no se conformaban con eso, pues querían ser toreros, de modo que se aventuraban a irse a las ganaderías, donde hubiera tientas y les dieran “las tres”, así como irse a los ranchos, donde se daban festejos, muchos de ellos con toros criollos o toros cebús, pero lo importante era estar en una plaza, así es de que recorrían logares como ranchos cerca de Rioverde, luego por Michoacán, la costa de Jalisco y muchos otros lugares. ¿pasaste hambres?, le preguntamos a Manolo y su respuesta fue “sí, mucha, pero más que nada, lo importante fue que lo disfruté y mucho”. Manolo se enseñó a torear sin tener a un maestro y sin asistir a una escuela taurina, pero recibiendo consejos de los más experimentados como “Coneja” Reyna y otros más, además de ver y de torear mucho, dice que aquí en San Luis llegó a torear alrededor de 400 vacas. La presentación de Manolo Herrera fue el 17 de julio de 1966, en la Plaza Fermín Rivera y alternando con Polo Meléndez, Celedonio Galán y Fidel Centeno, lidiando novillos de la ganadería de Castorena. El resultado de todas esas andanzas fue a un Manolo Herrera con un toreo de clase, sereno, de mucho estilo, que cautivó a los aficionados y por eso fue dos veces el triunfador de la temporada de los Jueves Taurinos, en la Plaza Fermín Rivera. Lo que le faltó a Manolo para hacerse matador de toros, fue un buen padrino o cuando menos, alguien que lo apoderara, pues en ese tiempo él mismo se representaba y buscaba que lo incluyeran en los carteles, muchas veces sin paga, solo por el gusto de estar en una plaza.

Publicado en El SOL DE SAN LUIS

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