Opinión: Memoria aclaratoria.

Paco Ojeda.

Por Jesús Ferro.

El mundo de la tauromaquia está lleno de debates estériles, en los que como siempre, cuando se analizan las formas actuales de la tauromaquia, la referencia al pasado es una constante. Ese antes se toreaba mejor, o más de verdad, o el hoy se torea mejor que nunca.

Estéril debate pues afortunadamente como en todas las actividades, la evolución de la materia prima y de la técnica hacen imposible someter a juicio comparativo la tauromaquia antigua y moderna sobre un mismo plano.

Las hemerotecas están llenas de tratados de ‘Joselito’ y Belmonte como guías del toreo moderno. Pero también con ellos cambió el toro para evolucionar hacia el toreo actual. Cuando analizamos las viejas películas, nos encontramos con un toreo sobre las piernas que evoluciona al toreo de pasos y pases de la revolución belmontina, pero con eso no llegamos a lo que hoy vemos en las plazas.

El eslabón del toreo moderno, ese que hace de las faenas obras armónicas, en las que los muletazos se suceden uno detrás de otro, e influyó determinantemente en la evolución del toreo ligado en redondo, se llama Manuel Jiménez ‘Chicuelo’. La faena que llevó a cabo en Madrid el 24 de mayo de 1928, a ‘Corchaito’, de la ganadería de Graciliano Pérez Tabernero, fue sin lugar a dudas, la que marcó un antes y un después en la historia del toreo. Ahí sí nos reconocemos los aficionados de hoy.

Inmediatamente, y bebiendo esas mismas fuentes, ‘Manolete’ se hace presente y plantea un sistema en el que acorta las distancias. De la expulsión a la reunión, del distanciamiento al ajuste, del pase suelto, uno aquí y otro allí, al acoplamiento que facilita la ligazón y realza la expresividad artística.

Cuando parecía imposible que se pudiera torear más cerca, surge Paco Ojeda, del cual sí que tenemos una opinión vivencial, que en las distancias más cortas logró un toreo ligado, en ochos, de un pitón a otro en el mismo sitio. Su revolución consistió en destruir esos viejos conceptos en relación a los terrenos del toro y del torero.

Y aquí estamos. Cien años hicieron falta.

Publicado en El Diario Vasco

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