“Nos hemos pasado media vida aplazando los problemas del toreo para el invierno siguiente”: Diego Urdiales.

Por Javier Lorenzo.

Dieciocho meses después de aquella tarde de la feria de El Pilar de Zaragoza de 2019 vuelve a estar anunciado en un cartel, en apenas once días: el 14 de marzo, en Ubrique (Cádiz), donde se anuncian las dos primeras corridas de toros del curso. En la segunda hará el paseíllo Diego Urdiales. Allí se fijan los ojos del estreno de una nueva campaña. El estreno en un coso menor pero que abre de nuevo las puertas de la ilusión.

El crédito de Urdiales se mantiene intacto, la pandemia no le ha robado un ápice de torería a quien fue el gran suceso de la última Feria de Salamanca. Y a su refugio del Campo Charro ha vuelto para ultimar una preparación que no ha descuidado. Sigue ganando en poso y eso hace que se siga multiplicando la torería que aprovecha para seguir ahondando en el concepto más puro y clásico del escalafón. Nos dice que llevaba dos meses y medio sin ponerse delante una becerra y reconoce que ahí prefiere administrarse para no caer en la rutina y para darle casi carácter de acontecimiento a cada lance o muletazo. Que todo tenga sentido: “Lo hago así ahora, y lo hacía antes cuando escaseaban más las oportunidades. Tres, cuatro días a lo sumo, y luego descansar para asimilarlo y seguir profundizando en el toreo de salón”. Lo de llevar tanto tiempo ha sido circunstancial: “Si se puede, me gusta asegurar el tiempo. No tenía prisa, seguía con mis entrenamientos”, puntualiza. Los zahones, la gorrilla, los botos impolutos en cada entrega, chaleco sobre una camisa con los puños vueltos. Diego cuida todos los detalles. Nada es fruto de la casualidad. Todo lo que le acompaña le hace diferente.

¿Cambia la rutina, la intensidad e incluso la forma de entrenar en una pandemia?

No tienes la presión y la incertidumbre de cuando volverás. A la vez, vives la esperanza de que va a cambiar y hay que estar preparado. Además, tienes que estar ilusionado por evolucionar y crecer como torero. Eso es lo que me mantiene vivo siempre, con pandemia y sin ella. Eso siempre me ha sacado de cada situación. He vivido muchas pandemias taurinas. He tenido temporadas en las que he estado parado. Ahora por suerte las cosas estaban yendo mejor.

¿Y cree que pudiera darse el caso de que las empresas o aficionados se olviden de lo que sucedió antes del coronavirus?

He pasado por muchas situaciones así. Sinceramente, no me lo planteo. A día de hoy tengo motivos para ilusionarme. Dos tardes en Sevilla, comienzo con la corrida de toros de la Gira, se empiezan a hablar cosas… Al final, sean las tardes que sean, quiero vivirlas con la mayor intensidad.

¿Es de los que piensan que se debe de reactivar cuantos antes?

Sí, y no solo el toreo, pero la situación es complicada. Hay que reactivarlo cuanto antes siempre que se haga con sentido común, con un deber de obligación como prioridad, que es la salud y la vida de las personas.

¿De qué ha servido todo este tiempo? ¿Se puede sacar alguna lectura positiva?

Esto nos ha pillado a todos fuera juego. La lectura es la que cada uno quiera hacer. En mi caso, pienso que tenemos el deber y la obligación de poner el toreo mejor de lo que estaba, y en esa lucha personal sigo. Esa es una obligación del torero, del empresario, de cualquier profesional, del periodistas incluso… de todos. Y para eso hay que tener un compromiso real con la tauromaquia.

¿Y eso cómo se consigue?

Hay momentos en los que hay que decidir y apostar por el toreo antes que por el bien personal de cada uno. Y esas decisiones no son fáciles de tomar. Ahí depende de la responsabilidad de cada uno.

¿En qué puede haber cambiado el toreo después de veinte meses sin entrar en escena?

(Tímida risa a la que sigue un silencio pronunciado). Me gustaría que fuese encauzado por donde acabamos de hablar, por intentar que cada uno tuviese ese compromiso en la Fiesta que haga que esto sea mejor cada día. Que esto se coloque en el sitio que merece en todos los sentidos y tengamos otra vez el respeto que tuvimos en otras épocas en las que figuras y tanta gente del toro se ganaron y nos dejaron. Ojalá que sirva para eso. Eso forma parte del bien común de todos y de la unidad del toreo.

Eso es lo que le falta al toreo, unidad. Y no se ha perdido con la pandemia, se quedó por el camino mucho antes de la irrupción del virus…

Ahora hay un organismo, la Fundación del Toro de Lidia, que está haciendo una labor extraordinaria y que está intentando luchar por el bien de todos. Es un vehículo fundamental que hace que todos los sectores del toreo vayan en conjunto. Todos tenemos intereses particulares, pero hay otros comunes, muchos, que significan el bien de todos. Y ahí es donde hay que hacer hincapié y luchar porque todos estemos convencidos de remar en la misma dirección. Eso es positivo para la Fiesta y, al final, para cada uno personalmente. Todos tenemos una responsabilidad y hay que asumirla. Es la única forma. Un hombre dividido es un hombre perdido.

Nos hemos pasado media vida aplazando los problemas del toreo para el invierno siguiente, y ahora con dos inviernos juntos y casi veinte meses de parón no han sido suficientes para estructurar y solucionar los problemas del sector… ¿Ha sido un tiempo perdido y todo lo que llegue ya lo hará, una vez más, tarde?

Nunca es tarde. Lo que sí es importante es pensar en esa responsabilidad de cada uno de la que antes hablábamos.

¿Cómo se puede explicar a un aficionado que las plazas sigan cerradas sin que el sector apenas haya movido un dedo, mientras otros espectáculos tratan de reinventarse para recuperar la actividad?

Las negociaciones internas se me escapan. Eso vamos siempre a lo mismo, la responsabilidad de cada uno con la Fiesta. Si las dificultades son muy grandes, te impiden tirar para adelante. Otros han tenido la opción de hacerlo y no lo han hecho, allá su conciencia. Cada uno es sabedor de lo que hace. Y también debe de ser consecuente con sus hechos y con sus actos.

¿Imagina cómo y cuándo volveremos a ver una plaza de toros llena?

Tengo esperanza de que sea este año. Ojalá pronto, la vacuna coja ritmo y lleguemos a un porcentaje alto de personas vacunadas. Ya se ha dicho que, al menos, vamos a estar con mascarilla todo el año; pero eso no quiere decir que no podamos estar con una mascarilla al 100% del aforo de una plaza si se ha vacunado ya a un alto porcentaje de gente. Si se respetan las medidas, es más seguro y fácil de controlar un aforo de un 100% en un recinto con todo organizado con mascarilla, que hacerlo en grandes aglomeraciones en la calle sin control ninguno.

¿No da miedo saber cuál será la respuesta del aficionado entonces?

Creo que no. Se puede pensar en lo contrario, que haya más ilusión y ansia de ver toros, pero no cabe duda que entra la incertidumbre y cómo será la situación económica, si la recuperación será más o menos rápida, eso sí.

En todo este tiempo de silencio e inactividad taurina, los antis han seguido trabajando…

¿Trabajando, dices?

Perdón, enfrascados en hacer daño a la tauromaquia.

Eso sí puede ser. Ahora lo tienen más fácil con un Gobierno que todos sabemos cómo actúa.

¿Y qué le da más miedo, los antitaurinos o los taurinos, empresarios, toreros, que manejan a sus anchas el sector sin mostrar el mínimo compromiso del que hablábamos por dejar una tauromaquia mejor de la que se encontraron?

Sin duda, los taurinos. Como he dicho antes, unidos somos capaces de todo, de defender la Fiesta y ponerla en su sitio. Si se pone ahí no habrá nadie que pueda con ella.

Publicado en La Gaceta de Salamanca

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s