¿Cuánto, mucho de lo más, falta pa’ todo? Por Bardo de la Taurina.

Después de muchos libros pa’ dentro, estoy cayendo en cuenta, en lo poco que conoce uno del gran todo del tema taurino, sin que uno sea erudito Ni Dios lo Mande (ni pa’ que  aclaro, si esa es una especie en extinción) ya sabemos que hay quienes se las dan de traer pedigrí pero son piratas ¿O a poco si existirá todavía esas personas en la tauromaquia que eran como un libro abierto del saber por la vía de lo presencial apoyadas en la academia? 

Lo dudo mucho, porque por principio las personas, pa’ haber visto en gran parte y vivido digamos diferentes  épocas de la Plaza México, aunque sea en tertulias o sobremesas deberían de tener mínimo arriba de setenta años, por eso los pretextadores o sabelotodo, que no tienen la respuesta a cualquier pregunta, generalmente contestan;

-Es que hubo épocas- y tienen mucha razón, pero antes de tener esa razón se tiene que tener cuando menos un dedo de conocimiento del tema de lo que se está hablando y si no se vivió, no caer en la descalificación de lo académico, pues sería tanto como menospreciar a quienes escriben sobre el suicido sin haberse suicidado… bueno hay muchos que están suicidados y ahí andan.

Lo cual no tiene nada que ver con el Nahual Sexto de nombre que en forma co-estelar lleva uno de los personajes populares de la novela sobre las horas de los 75 años de algunas personas que han formado parte o girado alrededor de La Plaza México, que  han posado las asentaderas en esos tendidos y que por ello sienten el derecho de ver y entender su propia fiesta, a como se les antoje algunos con autoridad incluso pa’ subirse al pulpito ya sea de adobe o de pet comprimido y no aceptar, ni el más leve aliento diferente al de ellos.

Otros si tienen agallas, carácter y conocimientos pa’ ponerse en los terrenos donde huele a cloroformo y más aún quitarse la máscara que no tiene que ver con las imprescindibles mascarillas Covid-19 y rebatir sobre porque son más luminosas la trigueñas de sol que las paliditas de sombra , en lo que sí creo que estamos de acuerdo es que la Fiesta es de todos, aunque la olla sea de otro y el parné pa’ la carne lo ponga alguien diferente y sí decir que el público por lo que paga y por asistir, tiene derecho a expresarse y formar parte de la Fiesta, eso sí, cada quien haciéndolo a su manera, la que algunas veces puede resultar muy chida y otras de plano ni resultar, porque en esto de las tradiciones es como con los charales con papas y habas, se les puede comer en taco o en hoja de elote.

Por aquí el Nahual que entre sus misterios posee, que a partir de ser humano puede escoger el animal en el que se transforme, aunque hay otros que ya nacen animales y se transforman en los de dos patas.

Por cierto Sexto traía entre sus garras la revista conmemorativa que hicieron pa’ el 50 Aniversario de La Plaza México, que  cuya  temporada la llamaron de oro como a esta se le podría llamar ‘La Inimaginable’, el  caso es que en esa revista todas las fotografías fueron como frijoles puro refrito; Yuri, Sylvester Stallon,  Don King,  Emmanuel, Bibí Gaytán, Rebequita de Alba, ese era el nivel representativo de las barreras de trapos de marca y luego hay ¿quien dude que esto necesariamente tiene que transformarse?, lo cual no es nuevo, pues desde la época más cornadas da el hambre, ya tuvimos una gachí que se transformaba en hombre, se llamaba María.

En mi oficio de artesano de las letras, las que distorsiono en ortografía y reglas gramaticales por la razón de que no las calco, pregunté al azar a varios aficionados; Qué torero para ellos  ¿se puede considerar el mejor de estos 75 años que apenas comienzan? y a ¿Quién  se puede considerar   el torero de La Plaza México?, de inmediato me contestó la pluma más elegante de los medios la de ‘La Fiesta en Paz’ y me decía -Me extraña que preguntes eso. Ha habido varios de ambas vertientes-. ¿Entonces puedo incluir en ellos a Cantinflas?

Por otro lado Don Salvador García Bolio entendedor de tesoros editoriales en las Ligas nacionales y en las Mayores Europeas, afirmó que el mejor de todos lo fue Mariano Ramos,  por cierto decir que su Biblioteca Garbosa por los libros clasificados y por los que tiene digitalizados, alcanza cada mes el millón de visitas a través de su singular ‘Gaceta Taurina’.

Don Fernando Marco Sirvent se amplia y nos dice que Rodolfo Gaona en la antigüedad, y en la México Manolo Martínez tiene su voto.

Francisco Fernández que re-editó las barajas de Ruano Llopis y editó un par de libros taurinos, puso dos nombres; Manolo, Ponce y de los que no vio, pero si a leído está Ordoñez.

Doña Silvita Pérez Domínguez que aparte de ser una embajadora del Arco Iris, es quien fundo junto con su hermano y sus hermanas  el ‘Museo Silverio Pérez’ en Pentecostés el cual ella actualmente lo tiene tan hermoso como un Trincherazo, contestó a la letra;

-Amigo no me preguntes eso. Te acuerdas como era mi papá, bueno yo no le llego ni a los talones pero pretendo seguir su ejemplo.

Todos han sido, son y fueron extraordinarios y cada uno en su momento, estilo y circunstancias hicieron sus mejores faenas. Gracias por considerarme.

De esto es de lo que se trata esta novela de darle voz a quienes les han dado a los toros el aplauso y a los toreros el ¡Óle!

Solicité a quienes tuvieran algo interesante relacionado con la Plaza México y que fuese de interés y no refriteado que nos lo pudieran compartir, todo se fue al spam era una feria de superfluas vanidades, y aquí comprendí mucho a los empresarios tan criticados, pues pensé si los de los anécdotas presunciosas en vez de aportar algo a la Fiesta quieren y tratan de lucirse a la menor oportunidad, ¿Por qué no contratan un escritor, un historiador, un corrector de estilos, un ambientador, un diseñador y se asocian con un distribuidor anexo a un  mercado logo publicista, y se gastan su dinero pa’ auto alabarse.

Me han pedido que no desmitifique a la Fiesta, ante ello no voy a borrar todo el capítulo que dedico a los Animals Lovers, tampoco voy ocultar que mucho de cómo está la fiesta, se debe a las primaveras donde florece la coba y la melcocha.

Y por ahí nos iremos noveleando porque el Toro no lo es todo, más si es parte del todo, que siempre será mejor, que no tener nada.

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