Obispo y Oro: Ubrique es la cita Por Fernando Fernández Román.

Hoy, en Ubrique, se cierra la “Reconstrucción”. La de la fiesta de los toros en España, se entiende. Ubrique es, por tanto, el lugar de referencia taurina por excelencia en este balbuciente comienzo de temporada 2021.

Ubicada donde se recuestan las estribaciones de la sierra de Grazalema, Ubrique es una de las últimas poblaciones de la provincia de Cádiz, de paradero prácticamente desconocido para las gentes del toro… hasta que a finales de los años 80 se comenzó a hablar de un chavea espigado y ambicioso, un adolescente sabelotodo llamado Jesús que, a decir de algunas fuentes dignas de la mayor solvencia, les hacía a los novillos cosas imposibles. Una especie de “mesías”, vamos. “Este viene con la escoba, ya lo verás…”, me susurraban entonces los prolíficos caños de dichas fuentes; y, digan lo que quieran, siempre he pensado que este Jesulín, que proclamaba su procedencia –de Ubrique– en los carteles, ha podido pasar a la historia como uno de los toreros autodidactas más importantes de su generación, la de los años 90; pero, también, uno de los más desaprovechados por su inconsciencia e inmadurez fuera de los ruedos. Sea como fuere, Jesús Janeiro Bazán puede tener bien a gala haber publicitado de forma asombrosamente eficaz a su pueblo de nacencia, hasta convertirlo, de mero refugio de una apreciable marroquinería, en una meca mundial de la piel, a la vez, y sobre todo, por ser el lugar o “el sitio” de Jesulín. Una calle a su nombre ha sido el detalle que la corporación municipal ha tenido para tan ilustre vecino. Bien lo merece.

Conozco Ubrique, he retransmitido desde allí para la televisión y estuve acompañando a Jesulín, en el año 2003, a una consulta con su traumatólogo, durante una clarita que entresacamos de la extensa entrevista que mantuvimos en su finca “Ambiciones”. Aún recuerdo la radiografía con la pletina metálica a lo largo de su espina dorsal y los contrafuerte horizontales, del mismo material, con sus correspondiente tornillería. Era el remedio más eficaz al destrozo de tan frágil y esencial parte de su anatomía, tras sufrir un brutral accidente de automóvil. En estas condiciones, le vi torear en Málaga, donde un toro le propinó una escalofriante voltereta. Conociendo lo que conocía, me pareció imposible que se levantara del suelo, pero se levantó y triunfó.

Ambiciones, precisamente, son las que estamos deseando retomar para regresar a las plazas de toros españolas, en cuantito suelten una miaja el cinturón de seguridad que nos constriñe en nuestros respectivos lugares de confinamiento. El Canal Toros de Movistar Plus, retransmite en directo estas dos corridas primerizas, altamente interesantes. En la Plaza o ante la pantalla, habrá que estar ahí. Ubrique es la cita.

Publicado en República

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