Ocho con Ocho: El Glison Por Luis Ramón Carazo.

Recientemente me enteré que desde hace algún tiempo El Glison, esto es, Jorge de Jesús Gleason, icono del toreo, ahora es coach, después de haber estudiado la carrera de psicología y está en camino de su maestría en la importante tarea que está desplegando desde hace un tiempo; primero en lugares como cárceles y ahora lo hace con organizaciones con y sin fines de lucro.

Jorge escribe en el diario EL Zócalo y recientemente estuvo con el Club Pachuca, que llevaba una racha negativa de victorias y escribió en su columna: “combatir el miedo en todas sus modalidades es mi especialidad” Y va en buen camino; tres victorias seguidas le empiezan a dar sentido a lo que platicó con el plantel de Primera División. Anotó que también lo hizo con el femenino y fuerzas básicas.

Cuando matador, lo denominé torero primitivo y varios me hicieron muecas y les expliqué que lo definía así porque, independientemente de la técnica, él hacia el toreo sustentado en su deseo de confrontarse con el toro y sentir la adrenalina de vencer el miedo, como lo hacían sus predecesores en los siglos dieciocho y diecinueve, como serían Desperdicios y El Africano en España, sin atenerse a una técnica estricta.

Al ver un pase de su creación, le denominé La Glicerina y creo la ejecutó por primera vez en Guadalajara: Primero se pega un derechazo, se tira el ayudado, se pasa la muleta por la espalda y luego una serie de naturales que, para quién no es taurino se ejecutan con la mano izquierda.

El nombre, es por el apodo del torero y también porque si hay el menor error al ejecutarlos, es probable que el torero salga volando por los aires, si el toro no obedece el toque milimétrico de quién lo ejecuta.

Su historia es única, en dónde el protagonista es un trotamundos que lo mismo estuvo en Alaska que en la India, en 1982, le tocó ser de los que acompañaron a Jorge Gutiérrez, en su salida en hombros de Pamplona y ahí entiendo, se inició su deseo por ser torero.

Desde novillero, sus actuaciones que incluían el salto de la garrocha, fueron llenos en muchas plazas de un público que acudía al conjuro de un torero, que exponía más allá de lo que muchos califican como “razonable” Maneras que le permiten ser un hito heterodoxo del toreo, definición de quién lo apoyó por un tiempo, Pepe Alameda.

Payaso de rodeo, jinete, charro, torero a pie y a caballo, domador, empresario, poeta, columnista, además de jugador de futbol americano, ingeniero, psicólogo y coach; son y han sido algunas de las actividades que ha desarrollado.

Sufrió 39 cornadas, tanto en su trayectoria como novillero y como matador de toros y padeció 18 fracturas; consiguió vencer la gangrena después de una grave cornada en la plaza de Tlaxcala, el 7 de noviembre de 1987. Es originario de Saltillo y desde pequeño vivió en la ciudad de México.

Después de recorrer el mundo, a los 24 años, fue cuando inició su andar de torero. Muchos lo señalaron como loco, pero tanto llamó la atención, que los medios se ocuparon de él y debutó en La México en 1986, el 26 de septiembre, con el novillo Piel Roja de La Trasquila, recibió una cornada y su actuación le valió una vuelta al ruedo en reconocimiento a su arrojo. 

Cada que actuaba, provocó como novillero o matador espectaculares entradas, en donde se presentara con su silla y su garrocha.

La alternativa como matador de toros la tomó el 2 de septiembre de 1990 en Monterrey, Nuevo León, con toros de Manuel Macías, padrino Mariano Ramos y testigo Alejandro Silveti.

Como matador alternó en La México con David Silveti y El Zotoluco el 7 de febrero de 1993 y recuerdo el mano a mano con Manuel Díaz El Cordobés el 25 de diciembre de 1995, dónde sufrió una de tantas cornadas de un toro de Cerro Viejo, última actuación de seis, que tuvo en nuestra capital.

Entre muchas anécdotas, está su actuación en Ereván capital de Armenia, fue en 2001 y le llevó a viajar por Rusia.

Todo ese bagaje lo vuelca ahora en su nueva actividad, en la que está teniendo éxito como es el ejemplo reciente de Club Pachuca, los jugadores escucharon a quién les movió el piso, utilizando los valores del toreo aplicados al fútbol y a la vida diaria.

La escuela de la vida que es ser torero, además de la academia, apoyan a quién en sus inquietudes de soñar y vivir, le han llevado por el camino de la aventura. Vale la pena escucharlo, es mucho lo que trae en la alforja de su memoria, uno que, a su modo y manera, por polémico, es un torero importante en la historia.

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