Jaén: Victorino se impone a la terna.

Por D. García Trigueros.

El sino de la tarde corría a favor de Rafael Rubio, el torero murciano al que un toro de Miura partió en dos el verano navarro de San Fermín de 2019. El público remó a favor suyo, se puso de su parte desde el primer minuto, cuando lo sacó a saludar al tercio con una ovación que hizo vibrar el cemento jiennense. 

El gato al agua, sin embargo, se lo llevó el ganadero con dos buenos toros – 3° y 6° – y un quinto de bandera, premiado con la vuelta al ruedo, que superaron las capacidades de quienes se pusieron delante.


Rafaelillo
anduvo dispuesto con su lote contra el que no tuvo más oportunidad que aguantar el tipo. El inválido cuarto no ofreció la menor posibilidad para el lucimiento y la espada en el que abría plaza diluyó la aseada actuación del diestro. Destellos de torería ofreció en el que habría plaza, retazos diluidos en un lienzo a medio pintar. Cuando no hay oponente no se puede hacer más.

Impoluto salió, tal y como llegó, Rubén Pinar del coso de la Alameda de Adolfo Suárez. La equidistante tauromaquia del albaceteño, de alivio y poca hondura, le permitió no mancharse el traje de luces a pesar de tener enfrente un soberbio oponente, y al que no consiguió meter en cintura; dándole, para colmo, un inmerecido pasaporte, a base de fallos con el acero. Caminó el toro hacia el desolladero con las orejas puestas y sin haber dado toda la dimensión que cupiera esperar. Pesó sobre él el rencor de parte del respetable, quién no dudó en recordarle las lindezas que el diestro profirió contra la afición en la última actuación que Pinar tuvo en la provincia. Faena cuesta arriba que a nadie convino. Ni el torero salió satisfecho y menos aún quien pobló el tendido, que sospechó con fundamentos haber visto un toro sin un torero capaz frente a él.

Las expectativas erigidas en torno al torero de la tierra dieron una dimensión distópica de la actuación de Lamelas. Su disposición y arrojo contentaron pero no culminaron con un resultado óptimo. La afición del diestro contentó aa verdadera afición, que aplaudió y jaleó que los dos toros de su lote fueran puestos correctamente al entrar al caballo. El juego de estos ante el picador ya fue otra cosa, aunque la predisposición de David Prados en el sexto, que cumplió y midió el castigo, sirvió para demostrar las ganas que la gente tiene de disfrutar de la suerte de varas. 

Con la muleta, Lamelas no consiguió extraer todo el potencial de su lote; el mejor, a pesar de que el tercero se apagó pronto, con más movilidad que calidad, y un sexto que dio más dimensiones por su lámina que por su juego final. Pañuelos facilones quisieron refrendar un triunfo que no llego a ser tal.

Plaza de toros de Jaén.
Lleno según aforo permitido.

Seis toros de Victorino Martín, desiguales de juego y presentación: descastado, el primero; el segundo, manejable; bueno aunque a menos el tercero; inválido, el cuarto; el quinto, Ordenante, 68, premiado con la vuelta al ruedo; de buen juego el último.


Rafaelillo
(azul y oro): dos pinchazos, estocada que hace guardia y descabello tras aviso (saludos) y estocada baja (oreja).


Rubén Pinar
(nácar y plata):  estocada contraria que hace guardia y tres descabellos (silencio) y cuatro pinchazos y descabello (silencio).


Alberto Lamelas
(Chenel y oro): pinchazo y estocada delantera (oreja) y pinchazo y bajonazo tras aviso (vuelta al ruedo).

Publicado en El Diario de Sevilla 

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