Nuevo golpe a las ilusiones del toreo.

Por Luis Carlos Peris.

Que el Maestranza sólo pueda, hasta nueva orden, acoger a doscientos espectadores es para que la Maestranza se ponga las barbas a remojar. Un palo gordo a las expectativas creadas de cara a ese 18 de abril programado como un paralelo Domingo de Resurrección.

No podemos elevar a definitivas las cuitas que producen las nuevas restricciones, pero de la cautela se pasa al temor fundado. Tengamos fe y no nos dejemos llevar por el desencanto, pero las cosas son como son, están como están y esta terrible pesadilla que ya cumplió un año no lleva camino de acabar. Y ocurre que alargar el tiempo de clausura taurina es de gravísimas consecuencias para un espectáculo acosado por enemigos que surgen desde las trincheras más diversas.

Está claro que la salud es lo que importa, pero tantas privaciones como sufrimos también pueden ser dañinas, extraordinariamente dañinas.


Publicado en El Diario de Sevilla
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