Opinión: Una estocada de metro y medio.

Para los toros, máximo rigor; para los conciertos progres, alegría total.

Por Alberto García.

El toreo está como Rafael de Paula cuando le preguntaron en Las Ventas cómo se encontraba: «Estoy bien, pero en cualquier momento me puedo caer de culo». La ley del metro y medio se está usando para la persecución socavada, un castigo que es más antitaurino por taimado que por animalista. El toreo es una expresión estética extrema, el barroco en directo, y ha servido de bastión español en cualquier confín. No es toda esa sarta de simplezas que enarbolan sus detractores para eliminarlo sin mancharse las manos. El único enemigo que merece respeto es el que te conoce. Y todavía no ha nacido ningún vocero que sepa de verdad de qué está hablando cuando arremete contra la cultura taurina. Por eso su hostilidad siempre es artera, sin arriesgar, nepotista.

Al toreo se le pretende aplicar con máximo rigor la norma del metro y medio de distancia, lo que reduce los aforos a cifras económicamente inviables. Pero en Barcelona se ha permitido un macroconcierto de ‘Love of Lesbian’ con cinco mil personas porque antes se le hizo un test de antígenos a cada espectador. Morante de la Puebla lo dice arrimándose al peligro: «Ni en el Congreso respetan esa distancia». No se trata de evitar contagios, sino de evitar los toros. Lo que hace la clase política actual, tan cesarista y cobarde a la vez, es asfixiar al sector sin que conste ninguna prohibición. Pretende darle una estocada por abajo a la tauromaquia y decir que ha muerto de un infarto.

En la serie ‘Juncal’, Paco Rabal le reprocha a su antiguo apoderado que es un taurino, no un torero. Quizás la tauromaquia está a punto de caerse de culo por la afición que tiene este país a maltratarse, pero si una decisión administrativa impide que comience la temporada en la Maestranza de Sevilla, donde el empresario, Ramón Valencia, ha propuesto hacer la prueba de antígenos como en el concierto de Barcelona, será porque no nos dirigen políticos, sino politicastros. Y si el verdadero misterio del toreo es el sentido de la medida —saber coger las distancias—, hay que reconocerlo: en la lidia a estos gobernantes mansos, un metro y medio es demasiado cerca.

Publicado en ABC Sevilla

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