Opinión: ¿Habrá toros en Sevilla?

Que Salud y Cultura se pongan de acuerdo y se haga una excepciónpara que puedan darse los espectáculos anunciados.

Por Antonio Burgos.

ERA precioso, como escrito por un nazareno del Silencio, el arranque que sobre el Domingo de Resurrección ponía Andrés Amorós en su entrevista a don Santiago de León y Domecq, teniente de hermano mayor de la Real Maestranza de Caballería: «Todos los años, el Domingo de Pascua, en Sevilla, las campanas de la Giralda lanzan al aire su feliz mensaje: Cristo ha resucitado. «Muerte, ¿dónde está tu victoria…» Esa mañana, además, brilla al sol como una joya —lo que es— la plaza de los toros. Ese día, Sevilla es el centro del mundo taurino: por la mañana, el solemne pregón; por la tarde, la corrida más hermosa de toda la temporada: una comunión popular con la belleza. Todos los años, salvo éste…» Este año, Cristo ha resucitado, pero no la fiesta de los toros como media verónica bellísima y estética de la Semana Santa y heraldo de la primavera con la corrida tradicional.

Sin clásica corrida del Domingo de Resurrección con Curro Romero y toros de Torrealta nos hemos quedado hace ya XXI años d.C. (después de Curro), según los carteles de Antonio Esquivias, pero la pregunta es: ¿nos quedaremos también sin Feria taurina? Mira que se anuncian iniciativas municipales para reverdecer el espíritu de los días de Feria en estos días de pandemia sin casetas en el Real de Los Remedios: que si adorno de las calles del centro con farolillos, que si desfiles de trajes de flamenca, que si enganches, que si recintos para bailar sevillanas, que si convertir cada bar en una caseta, o por lo menos en una trastienda… ¿Será por farolillos? Pero a nadie se le ha ocurrido reivindicar en firme y por derecho que haya toros, que las normas de distancia social hagan económicamente posible que se abra la plaza del Baratillo. Todo depende de la Junta. Depende de la Junta que, por segundo año consecutivo, en la colección de carteles de la Maestranza que tanto rechaza la afición haya otro con el anuncio de corridas que no se celebraron nunca. La ocasión, la excepcionalidad del escenario y, ¿por qué no decirlo?, la reactivación económica, ¿no merecen acaso que la Consejería de Salud y la de Cultura se pongan de acuerdo y se haga una excepción con la plaza de Sevilla para que puedan salir las cuentas y darse los espectáculos anunciados, donde están puestas todas las complacencias de la afición con Morante, con Pablo Aguado y con Juan Ortega, aparte de la vuelta de Roca Rey?

No, todo lo que se le ocurre a la consejera de Cultura, Patricia del Pozo, de la que tengo muy buen concepto, es tratar de imitar aquí el concierto de las 5.000 personas en vivo escuchando en directo en Barcelona al conjunto ‘Love of Lesbian’, que anda que el nombrecito se las trae. ¿Importar saltarse los aforos de covid como ensayo de contagios para el rock y no para los toros, y precisamente en Sevilla? El empresario Ramón Valencia ha sido bastante honrado y ha expuesto sus cuentas con toda transparencia: levantar la persiana de la plaza sólo, sin pago del ganado, del pisoplaza de la Maestranza y de los toreros, cuesta 50.000 euros. La imposición del metro y medio sólo permitiría la entrada de 1.362 personas, que pagarían 90.000 euros por las entradas. Una ruina. De la que debe salvarnos la Junta, por el bien de Sevilla. ¿O no?

Publicado en ABC Sevilla

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