Lo de Diego Urdiales es otra cosa.

Su concepción del toreo y su pureza se han reconocido en la feria de mayo en Vistalegre.

Por Carlos Ilián.

Plaza de Vistalegre. Novena corrida. Gran entrada. Toros de Victoriano del Rio (5) muy serios de presencia excepto el sexto; en general broncos y reponiendo, pero le dieron importancia a la tarde. Diego Urdiales (7), de burdeos y azabache. Estocada. Un aviso (saludos). Estocada (una oreja). José María Manzanares (5), de azul marino y oro. Pinchazo y pinchazo hondo. Un aviso (saludos). Estocada caída (silencio). Roca Rey (4), de grana y oro. Bajonazo. Un aviso (ovación) Estocada trasera. Un aviso (saludos).

Toda la vida han existido en el toreo los pegapaseses, muchos se han hecho ricos, y los toreros de calidad, muchos se han retirado pobres. En este apartado, el del toreo bueno de verdad se encuentra Diego Urdiales, que hoy está recogiendo lo que ha sembrado durante años y años de ninguneo, de ir por ahí , manteniendo eso sí una enorme dignidad a la hora de valorar su labor, negándose a las miserias que otros aceptan. Por eso ha preferido renunciar a un contrato a verse menospreciado. Perpo al final su concepción del toreo y su pureza se han reconocido, especialmente en dos plazas claves: Madrid y Bilbao.

En este coliseo de Vistalegre ante un público de copa (hay que ver como estaban las terrazas de Carabanchel en plena pandemia, pero viva la libertad) si, ante este personal de famélico conocimiento de los resortes de la lidia Diego Urdiales impuso su ley y ese mismo público que había ido a ver al torero de moda terminó por entregarse al torero de Arnedo. En su primero Urdiales apechugó con un toro que repetía con genio y derrotaba. Logró templarlo por el pitón derecho y robar algún natural cuando el toro ya se había rajado.

La lección llegaría en el cuarto un burraco muy serio al que tuvo siempre encima. Genio a raudales, sin dejarse por el pitón izquierdo pero que por el derecho al final se entregó al temple exquisito de Urdiales. El reposo, el colocarse siempre sin una sola ventaja, todo dentro de una cátedra del toreo caro. Las trincheras de cartel y un estoconbazo arriba para rematar. Una oreja resultó casi un insulto, pero ya se sabe de lo mal aficionados que presiden en estos tiempos en Madrid.

José María Manzanares se llevó un lote muy desigual aunque apropvechó en redondos el pitón derecho del segundo, con algún apunte al natural en una labor en que en conjunto resultó intermitente. El quinto, casi inválido no le dejó otra opción que terminar cuanto antes. Ayer hemos visto la peor versión desde antes de la pandemia del peruano Roca Rey. Como un novillero nervioso pasó fatigas con el tercero que había brindado a su paisano el nobel Vargas Llosa. En el sexto su labor, iniciada de rodillas en templados muletazos se fue desinflando a medida que el toro punteaba y no terminaba de romper. Labor larga y tediosa. Y es que Roca Rey mide mal el tiempo y se pasa de largo.


El cartel de hoy

Toros de Garcigrande para Morante de la Puebla, El Juli y Juan Ortega.

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