Agitar el escalafón: El toreo necesita rivalidad y atrevimiento.

Por Javier Lorenzo.

Lo que podía ser una tarde más los toreros la convirtieron en relevante. Por el simple hecho de aportarle competencia, rivalidad y pasión. Un torero en efervescencia puso a las figuras en ebullición. Con su toro. El toro de las figuras. Y de repente, espoleado, Morante se lanzó en quites y cogió los palos para banderillear. Y Roca Rey se tiró de rodillas y sintió que alguien podía quitarle el protagonismo esa tarde. Luque abrió la guerra en Aranjuez para darle los argumentos de vibración a la fiesta. El toreo se alimenta de muchas cosas pero, sobre todo, lo hace de la pasión, la incertidumbre y la rivalidad. Y la competencia que no deja indiferente. Al toreo le falta eso tras entrar en los últimos años en una recta sin apenas alteraciones que ha acabado con la paciencia de muchos y perdido la intensidad e interés de la mayoría. Antes del virus, cuando ya nadie se atrevía a inquietar a los mandos establecidos y cuando los poderosos no dejaban sentarse a nadie en su mesa, al toreo le hacían falta protagonistas con actitud y ambición para romper el conformismo. A saltarse los guiones. A competir. A darle dinamismo a la estructura acomodada.

El toreo necesita rivalidad y atrevimiento. Capaces de plantear el asalto al trono. Y ahí, removiendo y tocando el orgullo a las figuras debería brotar el espíritu para competir de verdad. Si hay un torero nuevo, joven o recuperado que pide paso, aquí estoy yo para bajarle los humos y demostrar quién manda. El toreo es arte… y rivalidad. Es emoción y pasión. Y competencia. Todo eso da salud a la Fiesta, genera expectación e ilusiona al aficionado, resignado a la falta de sobresaltos. Toreros con la actitud de Luque en Aranjuez hacen que el espectáculo demuestre su vitalidad. Toreros con ganas de guerra que pongan de nuevo en ebullición al espectáculo y renueven la ilusión. Y que cada uno apriete las tuercas para defender su sitio. En todos los escenarios. Con el toro de primera, segunda o tercera. La pasión es clave en cualquier plaza. Es la que genera la tensión perdida en el toreo, por esa falta de rivalidad y porque, poco a poco, entre todos le han quitado protagonismo y presencia al toro, al que han dejado en segundo plano, para desgracia y condena del espectáculo. Luque protagonizó en Aranjuez su particular motín. Y puso a cavilar a más de uno, en el momento en el que por primera vez, y tras su larga travesía en la que ha ido recuperando el sitio perdido, le invitaron de nuevo a saborear la tarta de los elegidos. Se los comió. Ahora está por ver la continuidad. Si esos carteles que se anuncian en las plazas de su apoderado (Aranjuez lo es, como Zamora, Gijón o Colmenar) tienen continuidad en el resto de empresas. Está por ver si las figuras están dispuestas a plantarle cara a un torero que incomoda o prefieren seguir encerradas en su particular fiesta. Si le van a dar sitio. E incluso si él va a ser capaz de mantener esa intensidad para asentar su asalto a la cumbre.

En esa competencia y rivalidad se asienta alguna de las claves para que el toreo reviva. Se desate y explote de nuevo la pasión. Con todo eso, y con el toro. Así el público empezaría de nuevo a peregrinar y a llenar otra vez los cosos.

Publicado en La Gaceta de Salamanca

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