Valladolid: Es Morante quien marca las horas.

Manzanares.

Deleite de torería del genio de La Puebla en una tarde que se lleva José María Manzanares con una notable faena y otra de enorme compromiso (tres orejas).

Por ZABALA DE LA SERNA – Twitter @zabaladelaserna.

A San Pedro Regalado, patrón de los toreros, la pandemia le cambió el paso. De mayo a junio, un salto. De las seis a las ocho de la tarde, un retraso. El campo alrededor de Valladolid, en apenas un mes, ya se ha agostado. Hace calor de julio avanzado.

El paseíllo de Morante de la Puebla, José María Manzanares y Pablo Aguado atravesó la plaza con sincronización castrense. Matadores, banderilleros, picadores, monosabios y areneros desfilaron como una sola voz. A las 20.14 Morante había borrado todas las huellas con un barrido de verónicas, sembrando lances. Que caían del compás que marcaba el pecho, ese empaque. La catarata de oles desembocó en una media estruendosa. El brío del toro duró eso, y su supuesto poder desapareció. Su clase quedó huérfana. Como si le pesase la vida. Apenas podía con ella en dos verónicas mecidas, en una media abelmontada como un molinete. No volvió el aliento ni en los ayudados por alto de principio de faena, ni en los redondos pulsados. Moribundeaba el cinqueño, tan bien hecho, tan seriecito en su escala, tan frágil y vacío. La última ilusión al natural fue en vano. José Antonio Morante abrevió y sonrió ante la ovación.

Manzanares disfrutó de un toro excelente, digno descendiente de la rama de Soleares de Victoriano del Río. JMM profundizó en aquella embestida gloriosa, insuperable por la mano derecha. Brotaron las series frondosas -de cinco muletazos y el de pecho, siempre soberbio- y profundas. Soleares no se dio ni con el mismo ritmo ni con idéntica hondura al natural. Entre series JMM sale a veces con zancadas NBA. La ronda de despedida, de nuevo a derechas, reventó del todo la plaza de Zorrilla. Como la estocada al gran toro. Rodaron también las orejas.

Aguado dibujó pasajes bonitos -el saludo, un galleo, el quite- con el capote. Pero con la muleta no acabó de entenderse -ni de encontrar los terrenos, ni hallarse a gusto- con un tercero con sus cosas buenas y su cosita picante, ese punto de reposición. La eficacia de la espada igualó todo al alza e incluso valió un trofeo.

A las 21:14 encendieron los focos y Morante prendió unos delantales como si pinzara el capote en tres dedos: pulgar, índice y corazón. Y erigió un monumento a Chicuelo. Un prodigio de chicuelinas, exactas en su barroquismo, lentas en el giro, preñadas de bronces. El prólogo de faena, rodilla en tierra, abrasó por bajo una torería infinita. Un clamor de bellezas. Que siguieron labradas con el eco de otros tiempos. Volví a mirar el reloj -las 21.20- para darme cuenta de que es Morante quien marca las horas. Y allí, sobre el ruedo, había un temblor, luces que titilaban, intermitentes, formando un todo de torerías. El cuerpo entero fundido en el toreo. Sin distinción de izquierda o derecha o aquel pase de pecho que aún dura sobre la bondad rendida de Quitalunas. Tan dócil. Hasta el remate de media estocada y descabello tuvo su porqué. Una oreja no cataloga aquello.

A Manzanares le tocó en desgracia una prenda afilada, el otro cinqueño de la corrida, puro genio y puro nervio. Se desequilibraba por su propia violencia. Estuvo hecho un tío JMM entre tarascadas, y lo despenó con precisión de verdugo. Un trofeo meritísimo. Lo que evitó en su toro, no lo salvó en el último y descompuesto toro: un par de terroríficas volteretas cuando quiso cortar el viaje en banderillas. Pablo Aguado se mostró muy centrado y despejado con el bruto. Que no fue al final tan fiero como se pintó.

FICHA

Plaza de Valladolid. Sábado, 12 de junio de 2021. Casi lleno (al 50% del aforo). Toros de Victoriano del Río y uno de Toros de Cortés, dos cinqueños (1º y 5º); de diferentes hechuras, seriedades y remates; más serios 1º, 5º y 6º; notable el 2º; bondadoso el 4º; infumable el 5º: bruto el 6º; sin poder el 1º; reponedor el 3º

Morante de la Puebla, de mostaza y oro. Dos pinchazos y estocada (saludos). En el cuarto, media estocada y descabello (oreja).

José María Manzanares, de azul marino y oro. Estocada al encuentro (dos orejas). En el quinto, estocada (oreja)

Pablo Aguado, de negro y oro. Estocada rinconera (oreja). En el sexto, media atravesada contraria y dos descabellos (ovación de despedida).

Publicado en El Mundo

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s