Nîmes: Llamada de atención de El Rafi.

El torero francés triunfa con el único toro potable de una insípida corrida de Victoriano del Río.

Por Antonio Lorca.

A la muerte del quinto toro no era fácil imaginar que El Rafi, joven torero francés que tomó al alternativa el pasado día 6 en Arles, saldría a hombros por la Puerta de los Cónsules de la plaza de Nimes. Y no lo era porque la corrida fue un pestiño, pesada, plúmbea y olvidable hasta que salió el sexto de la tarde que, de algún modo, quiso salvar el honor de la divisa con una movilidad de la que carecieron sus hermanos. Fue el único toro que permitió el toreo de capote, y El Rafi, desbordante de ilusión y fortaleza, lo aprovechó para lucirse con unas breves pinceladas a la verónica y por chicuelinas, y, después, con un vistoso quite por ceñidas zapopinas que entusiasmó a sus paisanos.

Brindó al público, que claramente había tomado partido por su torero, quien destacó en las dos primeras tandas con la mano derecha ante un animal que acudió con prontitud y nobleza a la muleta. Bien plantado, seguro y solvente, hilvanó muletazos limpios y vistosos, abrochados con largos de pecho.

Ahí, más o menos, acabó la labor muleteril porque al toro se le cambió el semblante, puso cara de cansancio, y solo un circular y unas manoletinas mantuvieron el ánimo de los nimeños; instantes después, eso sí, llegó lo mejor, y es que El Rafi cobró una buena estocada algo trasera, y el presidente, también nimeño, sacó sin titubeo los dos pañuelos en un gesto de cariño excesivo.

Lo cierto es que al joven torero le apareció una sonrisa de oreja a oreja que mantuvo hasta que alcanzó la furgoneta después de cruzar a hombros la Puerta de los Cónsules.

La actitud expeditiva y pícara que mostró en ese toro le faltó ante su primero, dificultoso el animal, y fastidiado el torero por ráfagas de viento. Su faena fue larga, muy larga, y muy irregular, ante un animal de feo estilo, que solo le permitió mostrar su buena disposición tras confirmar la alternativa de manos de Antonio Ferrera. Aún así paseó una oreja.

Ni el padrino ni Juan Ortega, que también aprovechó su debut en Nimes para confirmar su categoría de matador, tuvieron opciones con una corrida de Victoriano del Río, bien presentada, desigual en el caballo, y desbordante de sosería en todos los tercios; de recorrido muy corto, con la cara a media altura, sin movilidad ni casta.

El primero de Ortega, un toro guapo y astifino, el único bravo ante el picador, se negó a embestir en cuanto vio al sevillano con la muleta en la mano. Había empujado con brío en el caballo en dos serios puyazos, y, quizá, toda su codicia la dejó en el peto. Tampoco mejoró el quinto, y el torero se marchó de Francia con cara de disgusto.

Y Ferrera solo tuvo opciones de sonreír mientras intercambiaba los trastos con sus apadrinados, porque, a pesar de sus intentos y de la solemnidad que quiso imprimir a su toreo, nada fue posible. Su lote, como el de Ortega, infumable de principio a fin.

En fin, que no hay sexto malo, lo que permitió que un nuevo torero francés, El Rafi, sea ya una esperanza para el toreo. Mejor así.

Publicado en El País

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