Madrid en pandemia, como una plaza de la Costa Brava.

Sergio Serrano. Foto Las Ventas.

Plaza de Madrid. Entrada por debajo del aforo permitido.Toros de Victorino Martín (6). Manuel Escribano (6),, de grana y oro.Estocada trasera (saludos). Estocada trasera y desprendida (una oreja). Sergio Serrano (7), de caña y oro. Pinchazo y bajonazo. Un aviso (palmas). Estocada (una oreja). Fortes (4), de azul marino y oro. Pinchazo y estocada caída. Un aviso (silencio). Tres pinchazos y estocada atravesada y caída (silencio).

Por Carlos Ilián.

Después de un año y ocho meses vuelven los toros en serio a Madrid. No se tiene en cuenta el folclórico y propagandístico festival del 2 de mayo. Y este retorno a la primera plaza del mundo ha dejado la sensación de un preocupante efecto de la pandemia en el comportamiento del público. Desde luego lo de ayer en Madrid no tiene nada que ver con la auténtica afición de la capital. Parecía que estábamos en una plaza turística de la Costa Brava. Se ovacionó a los alguacilillos de salida, como ovacionan los japoneses, chinos y coreanos cuando viene a los toros. Se jaleaba cualquier cosa. cualquier trapazo, se pidió y consiguió una oreja por una faena muy por debajo de la importancia del cuarto toro. Ambiente provinciano o pueblerino, como se quiera, En todo caso este público es prestado, no es la afición de Madrid.

Menos mal que la seriedad, ¡vaya pitones!, de la corrida de Victorino y el juego encastado de Galapagueño nos recordaba que esto es Madrid. También el temple del quinto toro, o las fieras oleadas del segundo victorino nos compensaba del comportamiento de los tendidos enmascarados y benévolos.

Además de la muy seria corrida de Victorino la tarde nos dejó la sorpresa de Sergio Serrano un modesto torero manchego que se fajó ante las oleadas del segundo toro, apechugando con los gañafones alevosos del toro. Otra cosa vimos en el quinto, un toro templadísimo que exigía un pulso firme y sereno. Serrano encendió la tarde en los redondos de honda factura y una tanda de naturales de buen muletero. La oreja cortada a lo mejor sabía a poco, pero al fin y al cabo para un torero que llegaba “canino” a Madrid es un gran espaldarazo

Otra oreja, protestada por un sector, la cortó Manuel Escribano a Galapagueño, un toro en la mejor versión de la casta albaserrada. Escribano no tenía delante al inovidable Cobradiezmos de Sevilla, pero esta vez en Madrid se volvía a encontrar con un victorino para superarse. Es verdad que hubo muletazos estimables especialmente por el pitón derecho y algún natural que llegó con fuerza al gente, pero en conjunto la faena no superó la franja del aprobado ante un toro para cuajarlo con sobresaliente

Fortes anduvo templado en los naturales al tercero hasta que el toro desarrolló sentido y mal estilo. El sexto desarborló a Fortes que hasta pasó un mal momento.

Publicado en Marca

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