Polemica: El toro afeitado rompe la ropa, el de puntas perfora la carne.

El escándalo taurino que ABC denunció con ecos mundiales.

Por César Cervera.

En aquellos tiempos donde Ernest Hemingway puso de moda la tauromaquia incluso en EE.UU., ABC levantó una gran polvareda a nivel mundial al denunciar que se estaban mutilando toros para lucimiento de algunos matadores en una práctica exclusiva de España (en Venezuela, Perú o México esta práctica estaba muy perseguida). «La mutilación explica el porqué los matadores se han vuelto tan bravos y los fieros toros tan cobardes», escribió un cronista en ‘Life’ sobre la información del diario madrileño. Uno de los muchos periódicos en todo el mundo que se hicieron eco de la denuncia.

El verbo exacto era desmochar toros, aunque de forma coloquial se decía y se dice ‘afeitar’, y es uno de los debates más recurrentes del mundillo. La acusación de manipular pitones para restarles peligrosidad es algo que ha acompañado a los ganaderos de todos los tiempos y hasta a Manolete. El afeitado consiste en reducir la longitud del pitón del toro cortándolo y luego dándole apariencia de normalidad raspando y lijándolo hasta reconstruirlo con el nuevo tamaño. El torero asume así con más facilidad el esfuerzo de torear y los aficionados creen que se están lidiando toros íntegros, con los pitones intactos.

ABC preguntaba a principios de 1953, en plena posguerra, a toreros y expertos sobre el impacto de esta práctica, calificada por algunos como fraude, que se había generalizado tanto hasta desvirtuar por completo la fiesta. ‘Curro Meloja’, Carlos de Larra, periodista especializado en tauromaquia, era el primer entrevistado:

«–Su opinión sobre el toro desmochado.

–Es un toro de desecho.

–¿Solución?

–Que los veterinarios apliquen el artículo 26 del Reglamento: cuatro años cumplidos y menos de siete, peso, defensas y trapío. Si los toreros se presentan borrachos o cojos, no les dejarían actuar; pues lo mismo con el ganado, visto por veterinarios que no sean miopes. Reconocerlos muertos cuando hay dudas y sancionar en serio.

–Hábleme del peligro del toro desmochado.

–Hombre. A Manolete le mató un toro afeitado. A Carnicerito de México, otro con las astas serradas. Al Litri de novillero, le han cogido 78 veces sin hacerle nada. A Jumilllano le dio una cornada un torito con todas las garantías. Son accidentes, lo que antes eran riesgos. Por eso el silencio es absoluto entre los toreros y sus protectores. Los toreros actuales, salvo dos o tres, tendrían que comenzar de nuevo el oficio, aprender a lidiar. Ninguno sabe lo que debe. Pero como van las cosas, matan la emoción de la fiesta. No deseo la desgracia de nadie, pero no es lícito jugar con trampa. Si me quedo solo en la crítica con este criterio, me voy a casa y no pasa nada. Yo me remito a lo que ocurrió en Madrid el 12 de octubre. Se puede hacer con toros lo que se hace con inválidos. Es cosa de hombres o de niños».

Luis Suárez ‘Magritas’, una leyenda del toreo que banderilló toros desde 1906 hasta 1936, también se mostraba en contra de esta medida:

«—La comodidad del toreo comenzó al terminarse la guerra—dice—. Yo sorteé centenares de toros y nunca supe que se hacía “eso” hasta 1940, que iba con Pepe Luis.

—¿Qué diferencia hay entre uno y otro toro?

—El toro afeitado rompe la ropa, el de puntas perfora la carne. Puede herir si tiene un apoyo contra la barrera, al entrar en un burladero, contra el suelo. En el aire es imposible. Los de puntas a los capotes suelen darles varetazos. Pues lo mismo.

—Personalmente…

—Con toros de puntas yo no podía haber toreado hasta los sesenta y un años, me habría retirado quince antes.

—Ya es bastante.

—Ahora puede ser torero cualquiera. Es tan cómoda la fiesta, que hay cincuenta matadores, y el que destaca se hace rico. Muchísimos muy buenos no ganan dinero por otras causas. El que no entra en un grupo de los elegidos no tiene nada que hacer. Se lidian medios toros y la industria sustituye a la pelea y el arte. Si es por humanidad debe quitarse el picador y lidiarlos embolados. Si quieren corridas de toros, han de ser como antes. Demasiada comodidad y demasiados toreros».

Con cuarenta y cinco años de experiencia como picador, Antonio Marín ‘Farnesio’ consideraba muy fraudulenta esta práctica:

«—Todo es distinto. El toro no engancha en el peto, se duele y se queda debajo. La “niñez” quiere que se acaben los toros en .. las puyas. Los picadores los tienen a su . merced, meten el palo y lo que quieren. El público, afeminado, sólo desea ver torear, con la muleta, de espaldas, de costado, y lo demás.

—¿Los ha picado desmochados?

—Desgraciadamente, no he alcanzado esas gangas. Si tuviera veinte años…

—¿Cómo se podría solucionar el problema?

—Los ganaderos les arreglan por negocio, quieren que sus toros los maten los mejores y sin afeitado no los venden. Que no lo hagan. El público consiente, y si la autoridad no lo impide, saldrán sólo con las orejas. Ahora el toreo es tan fácil que un novillero puede hacerse millonario y un picador ganar cuarenta mil duros al año. Nosotros no llegábamos a las 25.000 pesetas.

—¿No hay peligro?

—Peligro lo hay al vestirse, pero le han perdido el respeto al toro por algo será. No se lidia, se torea. La cornada va en la suerte de cada uno.

—¿Salen los toros agotados?

—¿Y este año?

—Salen medio muertos. Los toreros actuales no saben lo que es un toro.

—Se correrán arregladitos donde se pueda. No es posible que sea de otra manera. De los catorce matadores del grupo especial, si se lidiaran con puntas, no quedaban dos, porque se asustarían los otros. Pero mientras vaya la gente a la plaza…».

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s