Opinión: La encrucijada de la fiesta.

Por Rafael Zaldívar.

A nadie escapa que la tauromaquia no atraviesa un buen momento ni social ni político; los culpables posiblemente estén dentro y por supuesto, fuera del tinglado de la propia fiesta taurina.

En diferentes ocasiones hemos hecho referencia a la oportunidad que se presentaba durante la actual pandemia de cambiar las estructuras y ‘reinventar’ unas relaciones que, como partes de un todo, siguen ancladas en el pasado. Aquello que decíamos en otras ocasiones de ‘poner el reloj en hora’. Por ejemplo, un espectáculo de este tipo no puede soportar unos impuestos y unos cánones por parte de corporaciones y sociedades de propietarios que son ruinosos y, por ende, tienen que repercutir forzosamente en el precio de las entradas.

En cambio, sí urge renovar las viejas plazas y cosos que no pueden con el paso del tiempo. Respetando su historia como bien de interés cultural. De paso, hacer ver a los ‘ignorantes de la cosa’, que la fiesta de los toros no se lucra de las instituciones públicas, al contrario, aporta no pocos dineros a la causa pública. Aquello de las ‘subvenciones’ quedó para otras ‘versiones’ culturales que atraen más volumen de votos.

El verdadero ‘palo’ para la fiesta ha sido descubrir lo de los aforos limitados en los diferentes cosos; durante el primer año razonadamente y en el segundo, ha sobrevenido el ahogo económico. Todo ha quedado supeditado a ciertas cadenas televisivas y gracias. Han sido dos años durísimos en las que han brillado por su ausencia tres plazas claves: La Maestranza sevillana, la Ventas de Madrid y la plaza bilbaína de Vista Alegre. Añádase la emblemática Pamplona. El resto se ha tenido que conformar con el denuedo y el coraje de algunos empresarios, modestos, y de unos espadas y ganaderos que han tenido que ‘aflojar’ en sus emolumentos.

Especialmente los ganaderos que no se habían recuperado de la crisis del 2008 y que muchos se han visto obligados a mandar sus toros al matadero y, otros, a ‘quitarse’ de en medio, víctimas de la debacle que les acechaba. Han sido los mayores perjudicados, sin duda alguna. Y los que aguantan, dan salida a los cinqueños como pueden.

¿Y los toreros? Pues pasaron muchos de ellos de estar abandonados a su suerte (no se les consideraba artistas) a enfrentarse a bovinos en el límite de edad y con características propias muy diferentes a lo que se venía lidiando. En suma: reducción de honorarios y toro más grande y ofensivo. Eso, los que pudieron torear, porque otros con peor suerte –como subalternos, mozos de espadas, cuadras de caballos, novilleros- a esperar tiempos mejores.

En la ¿temporada? pasada el que dio el paso adelante fue Ponce y sorpresivamente en este 2021 ha hecho lo propio Morante de la Puebla, que comanda el escalafón y que atraviesa un momento espléndido. Se ha apuntado a encastes que ni por asomo lo han hecho las llamadas figuras en los últimos decenios. Ahí lo tienen apuntándose a Torrestrellas, Ana Romero, Prieto de la Cal o Miuras en la mismísima feria de San Miguel de Sevilla. El de la Puebla será ‘el gallo del corral’, pero no le van a la zaga las nuevas generaciones de toreros que han eclosionado durante la pandemia: Juan Ortega, Emilio de Justo, Pablo Aguado, Ginés Marín, David de Miranda… a los que se unen la segunda juventud de los Ferrera, Urdiales, Ureña y el sevillano Daniel Luque que está en su mejor momento.

Poco a poco el escalafón se va renovando y los aficionados jóvenes se decantan por la savia nueva que falta le hace a la fiesta. De todas formas, hasta que no vuelva la normalidad de verdad y se empiece a dar toros por la España ¿vaciada? No podemos decir que pinte bien la cosa.

Cada año que pase sin dar festejos en cualquier localidad, habrá una sangría de aficionados y de público que desertará de las plazas. Muestra palpable lo vamos a tener muy cerquita: nuestra plaza de toros que tan buena impresión da por fuera está por dentro arruinada y dejada de la mano de Dios. O eso parece. Muchas promesas para su rehabilitación pero el inmueble está en un estado calamitoso. Las obras no llegan y los aficionados se impacientan con razón. Dos años en blanco y lo que te rondaré morena. El crédito se acaba. Pintan bastos.

Publicado en La Tribuna de Ciudad Real

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